Cumbre del Papa para rejuvenecer la Iglesia española

Convocó ayer a los cardenales Omella y Osoro dos días antes de su audiencia oficial

A Francisco le gustan las sorpresas. O mejor, dar sorpresas. De ahí la cumbre improvisada que ayer mantuvieron el presidente y el vicepresidente de la Conferencia Episcopal Española, los cardenales Juan José Omella y Carlos Osoro, a petición del Papa. Sobre la mesa, la hoja de ruta para la Iglesia en nuestro país para los próximos años, con la mirada puesta en la labor social ante la crisis del coronavirus, la relación con el Gobierno y el nombramiento de obispos, tal y como ha podido confirmar LA RAZÓN. Se trata de un encuentro inesperado en la Casa de Santa Marta, la residencia privada del Papa, que se convierte en una previa informal a la cita oficial fijada para el próximo sábado, en la que también participará el secretario general del Episcopado, Luis Argüello.

Los arzobispos de Barcelona y Madrid, junto con el obispo auxiliar de Valladolid, habían programado el viaje a Roma con motivo de presentar sus credenciales ante el Obispo de Roma como la nueva cúpula episcopal. Omella y Osoro fueron elegidos en marzo, días antes de la cuarentena global por la pandemia del coronavirus que frenó en seco toda posibilidad de viajar a Roma. Terminado el confinamiento y reactivada la agenda papal, se asignó el sábado 19 de septiembre para esta audiencia de presentación, si bien Jorge Mario Bergoglio mantiene una relación estrecha y permanente con ambos cardenales. O lo que es lo mismo, llamada directa al móvil cuando lo considera oportuno con seguimiento permanente y consulta sobre la actualidad española.

Con la cita cerrada, los cardenales habían adelantado su llegada a Roma, como el resto de obispos del planeta que hacen parada y fonda en el Vaticano para despachar con los diferentes dicasterios –«ministerios», en cristiano–. Cuando el Papa se enteró de que ya habían aterrizado en Italia alteró sus planes y les convocó de urgencia.

Asuntos abiertos

No es habitual que, si ya hay una cita cerrada, el Papa quiera duplicar encuentros salvo que considere que son muchos los flecos abiertos y de gravedad. O que busque compartir algún tema en esta primera vuelta para que ambos disciernan o investiguen de cara a la cita oficial. Descartado queda, eso sí, un «tirón de orejas» a cualquiera de los dos. De hecho, podría haberles recibido a puerta cerrada y sin darlo a conocer. Así lo ha realizado en numerosas ocasiones con ambos cardenales. Sin embargo, en este caso, ayer a las doce del mediodía se visibilizó publicándolo en el Bollettino diario de la Sala de Prensa.

Efecto doble de estética vaticana. Por un lado, certificar que tanto Omella como Osoro son sus purpurados de confianza. Y, por tanto, son ellos quienes deben pilotar cualquier decisión o pronunciamiento de la Iglesia española, tanto de puertas para adentro ante el resto de obispos, como en lo que a la opinión pública se refiere. Con esta doble reunión hace ver que España le preocupa en su contexto social, político y económico, con una atención especial a lucha contra la creciente pobreza y exclusión capitaneada por Cáritas. Además, se pondrá al día de la relación con el Ejecutivo de Coalición PSOE-UP, hoy por hoy, fluida y cordial, en tanto que pasa por la no denuncia de los acuerdos Iglesia-Estado, pero sí contempla en el horizonte puntos de fricción tales como la revisión de las inmatriculaciones, la fiscalidad eclesial, la ley de eutanasia y la reforma educativa con la asignatura de religión de por medio.

Además, Omella y Osoro han viajado hasta Roma justo cuando se presentaba en Madrid el nuevo anteproyecto de ley de Memoria Democrática que planea la resignificación del Valle de los Caídos, con la salida de los benedictinos del monasterio, la creación de un cementerio civil y con una propuesta de diálogo desde La Moncloa para de esta manera garantizar la asistencia religiosa de la basílica y estudiar la viabilidad de una presencia permanente en el recinto distinta a la de los actuales monjes.

Candidatos

Una de las cuestiones que el Papa está siguiendo de cerca es la renovación de obispos en España. El pasado mes de diciembre aterrizó en Madrid el nuevo nuncio de Su Santidad, el filipino Bernardito Auza, esto es, el embajador vaticano llamado a ser ojeador de los susceptibles candidatos a recibir una mitra y pasar la correspondiente terna a Roma para que sea aprobada. Aunque ya se ha hecho algún nombramiento –principalmente traslados–, se busca no solo bajar la media de edad, perfiles que se amolden al modelo de pastor para un «hospital de campaña» que requiere el Papa. Entre este año y el que viene, ateniéndose estrictamente a diócesis vacantes y prelados que cumplen los preceptivos 75 años de jubilación, hasta veinte obispos tendrían que ser elegidos. Todo un relevo generacional que debería otorgar un rostro rejuvenecido y báculo al estilo Bergoglio que se diseña en doble sesión de trabajo en Roma.