Inhábiles para consensuar

Escribo este artículo antes de la comparecencia de Ayuso y, a la espera del inevitable castigo a los madrileños, repaso sin remedio nuestro desesperante escenario. Atrapados por un bicho que no sabemos cómo domesticar, asistimos confusos a las estrategias de los políticos para arrobarse los escasos éxitos de una gestión imposible de celebrar y adjudicarle al contrario los fracasos. Desde aquel primer instante en el que la sorpresa nos robó el criterio y nuestros dirigentes nos pidieron que hiciéramos piña con nuestros compatriotas –fueran del mismo credo o de otro–, han pasado muchas cosas.

Entre otras, que ellos, nuestros representantes, se han seguido peleando, insultando y ninguneando, mientras el virus iba ocupando espacio en toda España, pero más aún en Madrid, con más gente, más barrios distintos y mas complicación en su mandato, por el enfrentamiento del propio gobierno regional y la falta de diálogo con el central. Entiendo que ninguno es tan canalla como para anticipar sus intereses a los de un pueblo desconcertado por la situación, asustado por la incertidumbre y abrumado por lo que ha de venir.

Pero es inevitable creer que algunas consignas los incapacitan para olvidar sus diferencias de pensamiento y actuar juntos, como nos demandaron que hiciéramos. Sus rencillas nos han colocado en esta crónica de una tragedia anunciada, sin otra solución que esas nuevas medidas restrictivas. Y en tanto nos planteamos cómo es posible que estemos tan indefensos ante lo que todos sabíamos que iba a llegar, hay otra pregunta ineludible: ¿en esta situación de crisis podemos aceptar políticos inhábiles para consensuar?