El drama de Sonia: muere por cáncer a los 48 años sin lograr una cita presencial con su médico

La familia denuncia una deficiente atención en Primaria, que se realizó siempre por teléfono. La primera llamada fue el 17 de abril

Sonia Sainz-Maza tenía 48 años cuando el pasado 13 de agosto fallecía a consecuencia de un cáncer de colón tras tres meses siendo atendida telefónicamente por su médico de cabecera.

Su hermana Lydia ha denunciado ahora los hechos en ‘El Correo de Burgos’, y ha explicado que cuando a su hermana el médico le dio una cita ya era demasiado tarde. “Mi hermana se moría al otro lado del teléfono y Sanidad nunca le tendió la ayuda que necesitaba”.

La primera llamada que hace Sonia a su médico fue el 17 de abril, en medio de la primera oleada de coronavirus. Sentía un fuerte dolor en la pierna izquierda a la altura de la ingle y había perdido cinco kilos en pocas semanas.

Las llamadas telefónicas se sucedieron porque el dolor iba en aumento, seguía adelgazando y se encontraba muy cansada,

Pero el doctor rehusó verla presencialmente. “Su médico pudo verla en unas cuantas ocasiones, por distintos motivos, pero no consideró oportuno explorarla: nunca la tocó, nunca le mandó tumbarse en la camilla”, lamenta Lydia.

No fue hasta julio cuando, ingresada ya en el hospital, le diagnosticaron un cáncer de colon. El tumor estaba en una fase avanzada y fue demasiado tarde para ella.

El 13 de agosto, esta mujer de 48 años, vecina de la localidad burgalesa de Espinosa de los Monteros, fallecía en la cama del centro hospitalario y ahora su familia denuncia la deficiente atención que recibió en Primaria. “Pasó tres meses siendo atendida telefónicamente”, se queja su hermana.

“El médico no considero oportuno explorarla. Ni siquiera se planteó hacerle una analítica pese a que ella narraba sin cesar sus fatigas”, describe Lydia Sainz-Maza en declaraciones al diario.

Los familiares acusan a la Consejería de Sanidad de haberse olvidado de que existen otras enfermedades graves y reclaman que no todos los pacientes ni todas las dolencias pueden atenderse telefónicamente.

“Por teléfono no se ve el sufrimiento. Por teléfono es difícil percatarse de que una persona se está consumiendo”, clama Lydia.