Celestino Aós, nuevo cardenal español anti abusos

España se consolida como una potencia púrpura en Roma con el misionero, el azote contra la pederastia en Chile

Aós ha desarrollado una intensa labor pastoral como misionero
Aós ha desarrollado una intensa labor pastoral como misioneroPontificia Universidad Católica de ChileLa Razón

Celestino Aós será un cardenal con apariencia de fraile. Ayer, poco después de conocerse que era uno de los nuevos elegidos por Francisco para integrar el Colegio Cardenalicio, mandó un mensaje a través de las redes sociales vestido de capuchino, la orden a la que pertenece. «Paz y bien a todos, este saludo que es la expresión que San Francisco nos enseñó a sus hijos, lo quiero dirigir a todos y cada uno de ustedes al recibir el nombramiento del Santo Padre», dijo. Esa fue toda referencia. Y así, como si no fuera con él, hizo un llamamiento a votar en un ambiente de fraternidad en el referéndum que se celebró ayer en Chile para cambiar la Constitución. El actual arzobispo de Santiago de Chile será, desde el próximo 28 de noviembre, uno de los 13 últimos cardenales creados por el Papa.

Aós es un hombre discreto. Austero, sencillo y cercano en el trato, como busca Bergoglio que sea su Iglesia. Nació en 1945 en Artaiz (Navarra), estudio Filosofía en Zaragoza y Teología en Pamplona y con 23 años fue ordenado sacerdote para los Hermanos Capuchinos menores. Español de nacimiento y formación, su principal labor, sin embargo, la ha realizado en Chile. Allí llegó en 1983, ocupó distintos puestos por todo el país y en ese país permanece desde entonces. En 2014 Francisco lo nombró obispo de la diócesis de Copiapó.

Realizó una intensa labor pastoral sin hacer ruido, desde esa perspectiva misionera que impulsa el Papa hasta que el año pasado saltó al primer plano. El arzobispo Charles Scicluna y el sacerdote español Jordi Bertomeu, enviados a Chile para resolver la grave crisis provocada por los escándalos de abusos sexuales que se habían cronificado en aquel país, se encontraron con él.

El cardenal Ricardo Ezzati y el obispo Juan Barros eran los rostros visibles de un clero que había mirado hacia otro lado cuando se produjeron estos delitos, si bien el problema afectaba ya a todo un país que se había separado de la Iglesia, entre otros motivos por esta cultura del encubrimiento.

Francisco pasó probablemente uno de sus peores momentos del pontificado en Chile, pero decidió agitar la coctelera, mandó allí al tándem Scicluna-Bertomeu y estos descubrieron un aliado en Aós. En marzo del año pasado el Papa lo nombró administrador apostólico de la sede vacante que Ezzati había dejado en Santiago de Chile y en diciembre se convirtió en arzobispo de pleno derecho de la capital chilena. Su labor durante este tiempo ha sido renovar la cúpula de la Iglesia de este país y acabar con la mancha dejada por los abusos.

Manifestó entonces que asumía su misión con «tranquilidad, con alegría en Dios y con fe». «El Papa Francisco, en su visita a Chile, y en la carta que después nos dirigió, nos anima a todos a ponernos en estado de oración, a buscar caminos de verdad y vida», afirmó en un comunicado. Lo cierto es que después de este periodo turbulento, desde Chile han dejado de llegar los ecos de los abusos.

El Papa premia ahora a Celestino Aós por todo ello. A sus 75 años todavía está en edad de elegir al próximo Papa en caso de que se produjera un nuevo cónclave. Será el noveno cardenal elector español y el decimoquinto en general. En sus siete años de pontificado Francisco no ha celebrado nunca un consistorio sin un nuevo purpurado procedente de nuestro país.