Médicos del Mundo denuncia desabastecimiento y escasez de fármacos en países desarrollados

Una campaña revela las prácticas abusivas de ciertas industrias farmacéuticas

La hidroxicloroquina es uno de los medicamentos más demandados para combatir el coronavirus
La hidroxicloroquina es uno de los medicamentos más demandados para combatir el coronavirusla ra

La campaña “No es sano”, promovida por Médicos del Mundo, en la que han participado la Organización de Consumidores de Usuarios (OCU) y otras entidades de prestigio, pone de manifiesto las prácticas abusivas de ciertas industrias farmacéuticas que provoca la discontinuidad del suministro de fármacos esenciales en el Sistema Nacional de Salud, como la hidroxicloroquina, vital para el tratamiento del lupus eritematoso y otras enfermedades autoinmunes (debido a que han empezado a utilizarse frente al coronavirus en el ámbito hospitalario), antibióticos, medicamentos frente al cáncer o anestésicos, son algunos de los más comunes.

Según admiten en informes recientes la Agencia Europea del Medicamento (EMA) y el Parlamento Europeo, esta situación se ha visto acelerada por el Covid-19. Los estudios revelan que los fármacos con precios más bajos o que suponen menor rentabilidad para la empresa son las que se ven más afectadas por problemas de suministro.

“En este sentido”, como subraya el estudio, “es habitual que esos laboratorios realicen retiradas voluntarias de fármacos como parte de sus estrategias de mercado menos rentables, a fin de presionar a las autoridades en la negociación de entradas en el mercado de productos con mayor interés comercial”. Los pacientes son los más afectados por la ansiedad, depresión e incertidumbre que les crea ante el temor de si van a tener que cambiar de tratamiento con menos eficacia y más efectos secundarios, o si van a tener que van a estar una temporada sin medicación.

Estos hechos confirman sin duda el empeoramiento de la salud del enfermo y un incremento en la comorbilidad o aparición de complicaciones u otras patologías, además de implicar una sobrecarga sobre los profesionales de la salud y un supuesto aumento del gasto farmacéutico para el Sistema Nacional de Salud por la necesidad de suministrar alternativas, a menudo a mayor precio.