Cristofobia

Ningún foco de contagio ha tenido origen en actos de la Iglesia católica

Eduardo Parra Europa Press

Viendo lo que sucede por el mundo con ocasión de la pandemia, puede llegarse a la conclusión de que, «aprovechando que el Pisuerga pasa por Valladolid», se está produciendo un auténtico atropello en relación al ejercicio del derecho fundamental de libertad religiosa y, en particular, de la fe católica.

Al menos de momento, es justo reconocer que en este caso en España no es el poder político quien está llevando a cabo este abuso, salvo graves excepciones. Sin duda contribuye a ello que la jerarquía eclesiástica esté siendo muy escrupulosa en el cumplimiento estricto de las normas dictadas por las autoridades civiles, incluso en exceso en no pocas ocasiones. De hecho, el Obispo Munilla, de San Sebastián, ha declarado expresamente que éstas le habían asegurado que ningún foco de contagio había tenido origen en ceremonias y actos de la Iglesia católica.

En otros países el atropello es descarado, prohibiendo la celebración de misas en Irlanda –donde los sacerdotes pueden ser sancionados con pena de prisión–, México, Perú, Argentina..., llegándose al absurdo límite de Francia, con continuados ataques contra todo tipo de templos católicos y donde, tras el último y terrible atentado yihadista en Niza, la respuesta del alcalde ha sido cerrar las iglesias en la ciudad.

Parece que estamos inmersos en una ola anticatólica, como lo prueban los desmanes en Chile, quemando y saqueando templos, con un odio que solo puede calificarse de satánico. Es un fruto del laicismo radical. Que siempre es cristofóbico.