El aumento de los contagios causará 10.000 muertes de aquí a final de año

España alcanza una media de 161 fallecimientos diarios por Covid y contabiliza ya las 8.000 defunciones durante la segunda ola

La Sagrada Familia ha cerrado al público por las nuevas medidas de movilidad y la falta de un número estable de visitasEnric FontcubertaEFE

El aumento vertiginoso de los contagios en España (53.210 contabilizados el lunes frente a los 37.889 registrados sólo una semana antes) está teniendo durante los últimos días un gran impacto en el número de hospitalizaciones por Covid en todo el país tanto en las camas de agudos como en las de las unidades de cuidados intensivos (UCI), así como en la cifra de fallecimientos.

Desde el inicio de la segunda oleada de la pandemia, que podría situarse en torno al 12 de junio y hasta el lunes, nuestro país roza las 8.000 defunciones de personas que habían dado positivo. En concreto, la cifra es de 7.989. A diferencia de lo que ocurrió en la primera ola, en la que las muertes se produjeron en los primeros dos meses y medio de forma muy abrupta para después ir descendiendo a medida que se prolongaba el confinamiento derivado del estado de alarma, en esta segunda oleada el crecimiento de las defunciones ha sido muy escalonado y paulatino.

Hasta finales de julio no se alcanzaron los 200 fallecimientos, cifra que escaló hasta 884 a comienzos de septiembre. Desde entonces y hasta ahora ha crecido de forma pareja al aumento de las infecciones. En octubre, los decesos ya sumaban 3.705, y a principios de noviembre han subido hasta la ya mencionada cifra de 7.989 del lunes.

El dato de los fallecidos por coronavirus en los últimos 14 días corrobora esta peligrosa tendencia. El 31 de julio la cifra era de 25. El 15 de agosto ascendía a 149 y a finales de ese mes era ya de 448. Según los datos del economista Francesc Pujol, cuyos análisis en redes sociales están siendo seguidos por decenas de sanitarios por su gran fiabilidad, a mediados de septiembre la cuantía se situaba ya en 852, para dispararse pocos días después hasta los 1.171.

En estos momentos, la cifra de fallecidos en los últimos 14 días se ha elevado hasta los 2.765, lo que arroja un peligrosísimo balance de más de 161 muertos cada día. Si la tendencia se mantuviera constante, lo que no parece probable a la vista de la disparada evolución que están experimentando las estadísticas sobre contagios que ofrece el Centro de Coordinación de Alertas y Emergencias Sanitaria del Ministerio de Sanidad, nuestro país contabilizaría cerca de 10.000 muertes adicionales de aquí al 31 de diciembre de este mismo año. En concreto, la cifra se situaría en 9.707 decesos, que sumados a los 7.989 contabilizados hasta ahora arrojaría un saldo en esta segunda ola de 17.696 defunciones.

Se trata de una cifra menor que la registrada durante la primera ola, pero todavía quedarían seis meses hasta la llegada del calor y la supuesta reducción de la carga viral del SARS-CoV-2, Esta tendencia, y la experiencia vivida hace cien años con la gripe española ha llevado a numerosos especialistas a temer que la segunda ola pueda ser mucho más devastadora que la primera.

El temor a que sea incluso mayor está llevando también estos días a los presidentes de algunas comunidades autónomas a demandar un endurecimiento de las medidas de control a nivel nacional que incluyan de nuevo un confinamiento domiciliario como el decretado en España durante la primera ola. Es el caso Asturias, Ceuta y Melilla, aunque también han deslizado la propuesta de esta severa medida Castilla y León y Castilla-La Mancha. El Gobierno ha recogido el guante pero, por ahora, prefiere esperar para comprobar si los cierres perimetrales de autonomías enteras, el toque de queda y los límites a la hostelería y a las reuniones producen el efecto deseado y la curva se suaviza hasta empezar a descender, como ha sucedido en Madrid desde que el Ejecutivo regional puso en marcha cierres selectivos o quirúrgicos por áreas de salud.

La incidencia de los contagios es grave en comunidades como Navarra y Aragón, aunque a ellas se han sumado la propia Castilla y León, La Rioja y Cataluña. Las alarmas también han saltado en Melilla y en Ceuta, en donde la ocupación de las UCIS es alta.