La Nochebuena del plato vacío llega hoy al Congreso

El padre Ángel visibilizará la ayuda de la Iglesia a los 11 millones de pobres con el reparto de una cena a 2.600 personas

El padre Ángel a las puertas del Congreso, donde repartirá esta noche 2.600 cenas
El padre Ángel a las puertas del Congreso, donde repartirá esta noche 2.600 cenasJesús G. FeriaLa Razon

No tiene duda. Se vacunará en cuanto pueda. «Rotundamente sí. Me va a tocar de los primeros por edad». No en vano es grupo de riesgo. Tiene 83 años, aunque su agilidad, equilibrio interior y buen humor hacen que de su sonrisa, sin decirlo, se desprenda aquel «Estoy hecho un chaval» de Paco Martínez Soria. Es lo que le llevará a pasar esta Nochebuena a la intemperie. A las puertas del Congreso, repartiendo más de 2.600 cenas a quienes no tienen nada que llevarse a la boca en la Navidad del coronavirus. Su conciencia no se lo perdonaría. Su corazón, tampoco.

«Algo falla en nuestra sociedad cuando la pobreza aumenta, las colas del hambre crecen y el paro se va a disparar… Pero afortunadamente también se multiplica la solidaridad. La sociedad se ha volcado. Lo veo cada día con la ayuda que nos llega a San Antón, desde la empresa que nos trae toneladas de comida en un camión a la señora que nos regala un paquete de arroz», sentencia el padre Ángel García, presidente y fundador de Mensajeros de la Paz, mientras ultima los detalles del dispositivo que montarán hoy en la Cámara Baja, de la mano de la Fundación LaLiga.

Por primera vez no podrá organizar una cena como tal por la emergencia sanitaria, pero eso no les ha frenado. Para ello, no solo se echarán a la calle los voluntarios de la ong, sino también un numeroso grupo de voluntarios del Congreso. Políticos incluidos. «No me atrevo a decir nombres, pero me han confirmado que vendrán prácticamente de todos los partidos. Es verdad que la iniciativa se ha aprobado casi por unanimidad en la Mesa, aunque sé que a alguno no le hace gracia que los pobres pisen este suelo», comenta el sacerdote enfundado en mascarilla, con su bufanda roja, siempre con su llavero en mano y con una nariz de payaso que asoma por el bolsillo del abrigo.

Pero las cuentas no salen. 2.600 menús para los once millones de pobres que tiene España, un millón más que antes de la pandemia, según cálculos de Intermon Oxfam. Y es que el «kit» que prepara Mensajeros de la Paz no es ni mucho menos el único que se ofrecerá mañana en nuestro país. En los fogones de la Iglesia, lo mismo hoy que en Nochevieja, se cocinan menús para dar dignidad a los últimos, sea de la mano de Cáritas, de la Comunidad de Sant’Egidio, de las hermandades y cofradías de Semana Santa, de las parroquias, conventos… Y así un suma y sigue de entidades para quienes están padeciendo los efectos de una crisis económica que se pone cada vez más cuesta arriba.

Espacios para la acogida en los que algunos solo rebuscan IBIS exentos o inmatriculaciones en cuarentena. Eso sí, no se deja tumbar por el pesimismo. «Hay mucho agorero por ahí. Es verdad que estamos mal, pero no vamos a estar peor de lo que ya hemos pasado. Vendrán dificultades económicas y aumentará el paro, pero realmente lo duro son los muertos que hemos dejado atrás, peor que una guerra…», reflexiona este cura asturiano que nació en plena contienda y de la que ha aprendido lecciones que no olvida: «Uno no puede tener dos abrigos si sabe que el de al lado pasa frío».

A las puertas del Parlamento, no dejaría sin cenar a ni uno solo de cuantos ocupan sus escaños ni les mandaría al infierno. «Ni para que se calienten en pleno invierno», apostilla, a pesar del descontento generalizado de la opinión pública: «Hay que decirles la verdad: con su crispación y desunión no están dando ejemplo. Pero no sé si un tirón de orejas es lo mejor. Con los niños a veces funcionan mejor los mimos y el cariño, y yo creo que en esta ocasión toca ir por la vía del refuerzo positivo. ¡Qué mayor castigo se les pueda dar que salir de aquí enfadados y con la bilis en sus palabras!».

Sus razones tendrán

Está curado de espanto. El callo está más que hecho, cuando alguien le pone el punto de mira por considerarle un exhibicionista eclesial o por hacerle carantoñas a un partido más que a otro. «Quien me ataca, sus razones tendrá. A mí me toca responder siendo tolerante y acogiendo las críticas. Nunca he maldecido a nadie ni lo voy a hacer». Sabe el peaje que conlleva estar bajo los flashes. «Cuando le conté al Papa Francisco que me criticaban, me dijo con una sonrisa: ‘Si yo te contase, Ángel…’. Si doy un paso al frente es para dar visibilidad a los que no la tienen».

Especialmente a la bautizada «nueva pobreza vergonzante», esa que antes del estado de alarma de marzo formaba parte de una clase media raspadilla y hoy es víctima, como poco, de un ERE o de un ERTE. «Estamos empeñados en devolverles la dignidad. Conmigo lo están consiguiendo», explica Linda, que tendría que estar jubilada, pero su exigua pensión y un alquiler, le obligaban a estar al pie del cañón en el sector turístico hasta que el confinamiento borró todos sus ingresos. «Mensajeros es hoy mi familia y sin ellos, hoy no cenaría», explica.