50.000 muertes desde que Sánchez dio por vencido al virus

El número de fallecidos en las tres últimas olas casi dobla al registrado en la primera

El trabajador de una funeraria traslada un féretro en un mortuorio de Gerona
El trabajador de una funeraria traslada un féretro en un mortuorio de GeronaEmilio MorenattiAP

El drástico descenso de los contagios por el confinamiento severo que vivió España hizo pensar a muchos hace ya un año que lo peor de la pandemia había sido superado y que la sangría causada por la Covid-19 se detendría.

Atrás quedaban un encierro domiciliario récord de la población, escenas dantescas en los hospitales y residencias de todo el país y casi 28.300 muertos por coronavirus, un saldo dramático que nadie podía imaginar a comienzos de año, cuando empezaban a trascender los casos provocados por una enfermedad entonces extraña en la lejana China y, algo más tarde, en la ya cercana Italia.

A medida que pasaron las semanas, el optimismo en España fue creciendo. Las infecciones seguían cayendo en picado por la reducción de la movilidad y los contactos sociales, y las cifras de fallecimientos eran casi anecdóticas con respecto a las registradas durante los meses anteriores. Algunos políticos auguraban incluso una rápida vuelta al periodo prepandemia y creían descabellada la idea esbozada entonces por la presidenta de la Comunidad de Madrid, Isabel Díaz Ayuso, de poner en marcha en otoño un hospital de pandemias porque, según decían, el verano terminaría de acabar con el coronavirus, un patógeno estacional.

El propio presidente del Gobierno alentó esta esperanzadora visión de la mayor crisis de salud pública en los últimos cien años al postular, entrado el estío, que España había doblegado la curva. Era ya julio y el frenazo en el número de casos y la proximidad de las elecciones gallegas llevaron a Pedro Sánchez a asegurar que la pandemia se encontraba ya bajo control en nuestro país.

«No bajemos la guardia, pero no nos dejemos atenazar por el miedo. Hay que salir a la calle, hay que disfrutar de la nueva normalidad recuperada, hay que recuperar la economía, hay que disfrutar y ser conscientes de que el Estado hoy está mucho mejor pertrechado para luchar contra el Covid en todos los rebrotes que pueda haber en el país», sentenció en una intervención pública luego muy cuestionada.

Sus pronósticos, al igual que los de todos los que se abonaron a esta campaña de optimismo, fracasaron. Desde el fin de la primera ola, a principios del mes de junio del pasado año, España ha sumado otras 50.000 muertes por coronavirus, casi el doble que en la primera, y el saldo total se aproxima a los 80.000 fallecimientos, de acuerdo con las cifras oficiales del Ministerio de Sanidad. Según los datos sobre exceso de mortalidad del Instituto Nacional de Estadística (INE), las muertes reales superan ampliamente los 100.000.

El Instituto de Salud Carlos III y la Red Nacional de Vigilancia Epidemiológica ayudan a explicar la magnitud de esa bola de nieve que fue creciendo a medida que avanzó el verano hasta deparar otras tres olas más, con un balance conjunto peor que el arrojado por la primera, aunque mucho más espaciado a lo largo del tiempo. La tónica en estos meses ha sido la alta letalidad en los mayores de 80 años, en principio ya truncada con la extensión de la vacunación con los sueros existentes. De las más de 50.000 muertes registradas desde mayo, más de 31.100 corresponden a personas de más de 80 años. En este colectivo, de cada cien infectados 16 han terminado falleciendo, frente a la media del 1,5% en el conjunto de todas las edades.

El segundo grupo más golpeado es el de entre 70 y 79 años. Registra más de 10.100 fallecimientos en el último año y la tasa de letalidad que presenta es de un 5,2%, todavía por encima de la media general. El tercer grupo que más ha sufrido la embestida del virus desde la falsa normalidad proclamada el pasado verano es el que tiene entre 60 y 69 años. Contabiliza alrededor de 4.600 muertes, aunque su tasa de letalidad ya es igual a la del conjunto de la población. En concreto, del 1,5% de cada cien contagiados.

El Instituto de Salud Carlos III revela también que en estas tres últimas olas las autonomías con mayor número de muertes en proporción al numero de infectados son, por este orden, Asturias y Aragón. En la primera la letalidad alcanza el 3,3%, mientras que en la segunda es de un 2,3%, muy por encima del resto de territorios, alguno de los cuales tiene también la población muy envejecida. En Castilla y León, por ejemplo, la letalidad es de un 1,7%, y en Galicia de un 1,6%. A pesar de ser una autonomía con una elevada movilidad y con abundante población en sus núcleos urbanos, Madrid registra una letalidad mucho más baja, del 1%, igualando a Baleares y a Melilla como mejor territorio en este sentido. En Cataluña, la letalidad a partir de la primera ola figura también entre las más bajas, al ser de un 1,4%, según las estadísticas recopiladas por el Instituto de Salud Carlos III. Desde mayo del pasado año, España contabiliza más de 3,2 millones de personas infectadas. De ellas, un 7,3% –casi 239.000– han tenido que ser ingresadas en planta en alguno de los hospitales del Sistema Nacional de Salud (SNS) y un 0,7% –alrededor de 22.700– han pasado por una unidad de cuidados intensivos (UCI) al empeorar su estado de salud de forma muy grave por culpa de la Covid-19.