La montería española: única en el mundo y parte de la cultura rural española

Aunque como toda actividad ha ido cambiando y se ha ido modernizando, mantiene un halo de esa caza antigua

La Junta Nacional de Homologación de Trofeos de Caza exhibe los récords absolutos de caza en España.
La Junta Nacional de Homologación de Trofeos de Caza exhibe los récords absolutos de caza en España. FOTO: Sergio Gómez

Cada año, al llegar el otoño se abre la veda de caza general y se celebran las primeras monterías. Las caracolas de los rehaleros resuenan en el monte y las primeras lluvias mojan un campo que tras un largo verano se prepara para acoger a los cazadores.

La montería española es única en el mundo y forma parte de la cultura rural española. Aunque como toda actividad ha ido cambiando y se ha ido modernizando, mantiene un halo de esa caza antigua haciendo que los cazadores actuales al igual que los de antaño sientan una gran admiración por este tipo de caza que reserva siempre sorpresas y emociones.

Pensemos que allá por la Edad Media y hasta la aparición de las armas de fuego en el siglo XVII, las monterías eran muy distintas de las actuales. Por aquel entonces los cazadores ayudados de sus sabuesos atraillados se internaban en el monte con el fin de encontrar los rastros que osos y jabalíes habían dejado tras sus paseos nocturnos. Una vez que los perros daban con un rastro lo seguían, a veces durante largas distancias, hasta encontrar el lugar del encame. Llegados a este punto los monteros se retiraban para reunirse con sus compañeros y decidir qué encame de los encontrados abordar. Una vez elegido, los cazadores se apostaban en pasos estratégicos creando un cerco alrededor del encame. Lebreles y alanos rompían en el encame y perseguían al animal hasta darle alcance y reteniéndolo esperando la llegada de los cazadores a caballo que lo lanceaban o de los propios cazadores apostados. En esta caza el caballo cobraba una gran importancia como medio para perseguir a las fieras. Se trataba de una caza auténtica en tanto en cuanto los cazadores debían tener un excelente conocimiento del monte, del comportamiento de los animales a cazar y disponer de unos canes bien entrenados. Se trataba de una caza puramente selectiva, deportiva y solo apta para valientes. Enfrentarse cuerpo a cuerpo a un oso o un jabalí blandiendo solo una lanza demostraba la gallardía de aquellos hombres. Otro tipo de armas como como los arcos o las ballestas eran reservadas para dar caza a rececho a los cérvidos.

Posteriormente y con la llegada de las armas de fuego, la montería mantuvo su esencia, pero librándola de la crueldad de aquellos enfrentamientos tan salvajes. Fue el emperador Carlos V quién permitiendo el uso de las armas en la caza propició el cambio hacia la montería actual que conocemos. Los caballos ya no galopan por el monte tras los jabalíes y ni siquiera cargan sobre su grupa al cazador hasta su puesto. Ahora, los vehículos todoterreno inundan las monterías en largas caravanas a través de los caminos rurales.

Es en la esencia, en la ética de la caza, y en el arte de perseguir al animal donde debe cobijarse la montería española. Es tradición, es historia, es cultura, es legado y como tal debemos cuidar de ella.

En Andalucía recientemente se han declarado a las rehalas y a las monterías como Bien de Interés Cultural proclamando que ambas son actividades de interés etnológico con incidencia social, cultural, económica y medioambiental. La declaración de Bien de Interés Cultural destaca también la relación de la práctica cinegética con el medioambiente, su conservación y mantenimiento y sus valores etnográficos y de trasmisión de valores sociales y culturales.

La montería actual se suele desarrollar con la reunión de todo el personal en torno a un contundente desayuno en la finca donde se va a llevar a cabo la cacería. Tras las viandas y unas cuantas anécdotas entre cazadores, el organizador de la montería procede al sorteo de los puestos. Los cazadores se disponen en distintos puntos formando líneas llamadas armadas a las que bordean la mancha a batir en su perímetro y traviesas si los cazadores disponen la línea dentro de ese perímetro.

Los postores son los encargados de llevar a los puestos a los cazadores, encargándose un postor por armada o traviesa comúnmente. Una vez que todos los tiradores están situados, es el turno de las rehalas. Los perros son soltados y escudriñan el monte levantando a las piezas de caza de sus encames y dirigiéndolas hacia las líneas de cazadores armados. Esta simple pero organizada forma de caza es la montería y cuenta con muchos adeptos.

El cazador debe siempre recordar:

Guardar silencio. El silencio es fundamental para tener éxito en cualquier modalidad de caza. Desde el momento en que el cazador se interna en el campo debe guardar silencio. Los animlaes tienen muy desarrollado el oído y cualquier ruido puede hacer que el cazador se quede sin disfrutar de un lance.

No tirar basura. Es inaceptable que un cazador ensucie y contamine el medio en que disfruta. Hoy en día no hay excusa en dejar el campo tal y como estaba antes de su paso.

Respetar la entrada de los animales. En el puesto hay que dejar cumplir a la res y dispararla por cuyo puesto haga el paso. Disparar a la res de un puesto vecino antes de que haya cumplido e iniciar un tiroteo a larga distancia no es digno de un cazador. Del mismo modo debe respetarse la ley de la primera sangre y otorgar la pieza de caza a quien primero la hirió.

Espera al final de la montería para moverte. Cada año se producen accidentes fatales durante el desarrollo de jornadas de caza. En una montería son muchas las personas que se encuentran en el monte y deben extremarse las medidas de seguridad. Moverse antes de que acabe la montería no sólo es una falta de educación y de sentido común si no un peligro para la propia vida del cazador. Del mismo modo, jamás debe dispararse sin tener completamente identificado el blanco sobre el que se dispara.

Y por último, respetar le ley. La ley en la caza es para cumplirla a rajatabla.