Magma a una presión máxima

La actividad sísmica, sobre todo eventos por arriba de un seis en la escala de Richter, pueden producir erupciones

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En nuestro planeta hay dos grandes zonas de volcanes. Una es el anillo de fuego, que abarca las costas del Pacífico de América y Asia y la otra es la dorsal mesoatlántica que divide este océano en dos y cruza justo por el medio de Islandia. Ambas son zonas limítrofes entre placas tectónicas. Pero no siempre los volcanes se encuentran en estas regiones donde convergen dos placas o cerca de ellas. El Cumbre Vieja es un ejemplo.

Una de las teorías más aceptadas acerca de porqué algunos volcanes existen a miles de kilómetros de los límites de las placas tectónicas señala que se levantaron en áreas excepcionalmente calientes fijadas en las profundidades del manto de la Tierra. Estos puntos calientes pueden derretir de forma independiente la placa tectónica sobre ellos, creando magma que erupciona en la parte superior de la placa.

De este modo, en los puntos calientes debajo del océano la actividad tectónica crea un montículo volcánico. Durante millones de años de actividad, el material se va acumulando y se elevan hasta alcanzar el nivel del mar y entonces surge una isla volcánica, como La Palma o las islas Eólicas, cerca de Sicilia.

Aunque las erupciones en algunos volcanes puede producir actividad en otros cercanos, no hay una evidencia definitiva de que una erupción en un volcán pueda desencadenar una erupción en otro que se encuentra a cientos de kilómetros. Sí se sabe que la actividad sísmica, sobre todo eventos por arriba de un seis en la conocida escala de Richter, pueden producir erupciones.

Aún así, los volcanes solamente pueden entrar en erupción por terremotos tectónicos cercanos si se cumplan estas dos condiciones: que haya suficiente magma dentro del sistema volcánico y que la presión sea significativa.