Más de 400 explotaciones agrarias arrasadas

La lava ha dejado sin suministro de riego a casi toda la isla, sólo quedan los estanques

Dos agricultores llenos de ceniza recogen las piñas de plátanos con la `podona´, una especie de hoz, antes de que la lava del volcán de Cumbre Vieja llegue a las plantaciones
Dos agricultores llenos de ceniza recogen las piñas de plátanos con la `podona´, una especie de hoz, antes de que la lava del volcán de Cumbre Vieja llegue a las plantacionesKike Rincón Europa Press

La economía de la isla de La Palma depende en su totalidad del sector primario y prácticamente de la prevalencia de la agricultura y del plátano como producto principal.

La erupción del volcán de Cumbre Vieja ha sacudido a un sector ya de por sí debilitado en los últimos años y que sobrevive a duras penas a la entrada de bananas de mercados exteriores, incendios forestales, la incidencia de la calima o la actual pandemia.

Uno de los agricultores que desarrollaba su labor en la zona afectada es Fran Garlaz, responsable de la Ecofinca «Platanológico» en Puerto Naos en el municipio de Los Llanos de Aridane. Hace ocho años puso en marcha un proyecto que combina la explotación agrícola con la divulgación, enfocada al turismo como principal receptor.

Habla apurado ya que está justo cerrando las puertas de su finca, apurando el poco tiempo que las autoridades le han concedido para que atienda a sus animales. Las características de la finca permiten una supervivencia de los mismos en libertad de unos dos meses sin que reciban atención.

Su vida gira en torno a «Platanológico», un esfuerzo personal para demostrar que «otra agricultura» es posible, Fran deja la preocupación a un lado para contarnos con pasión lo que representa su ecofinca: «Funcionamos como un bosque comestible, con una correcta gestión del suelo y la biodiversidad, luego, una parte importante de las necesidades de las plantas son cubiertas con abonos, compost y preparados que obtenemos en la propia finca. También traemos pinillo (hojas de pino), estiércoles de vacas, monte picado como cama de animales. Creamos un ecosistema que reduce la huella de carbono, favorece la biodiversidad y mejora el planeta».

Justo en este momento la conversación se ve interrumpida por una nueva explosión de una de las bocas del volcán que se escucha con total nitidez y resulta sobrecogedora. Ya repuesto del susto, Garlaz continúa la conversación ilustrándonos sobre el estado actual de la explotación agrícola, la cual está completamente cubierta por cenizas a las que describe como «una arena basáltica, fina de playa que cruje cuando la pisas y que destella levemente con los cambios de luz».

Ante la cuestión sobre cómo está afectando la erupción al sector, recordando que son más de cuatrocientas las explotaciones agrícolas devastadas por la fuerza destructiva de la lava, la respuesta es clara: «Son varios los factores que se juntan. La platanera, como se llama la planta tropical que produce el fruto, necesita unos 20 litros de agua diarios, sin agua su subsistencia se limita a unas escasas dos semanas, la falta de riego entre tres semana y un mes supone la perdida de dos cosechas completas, y un coste millonario para la maltrecha economía palmera».

Ahora mismo el volcán ha dejado sin suministro de riego prácticamente a la totalidad de la isla ya que ha cortado el paso del agua desde el norte al sur, haciendo que dependan de las reservas existentes en estanques a los que no ha afectado el camino devastador de las coladas volcánicas.

Garlaz se muestra muy preocupado y pide que por favor se preste más atención a los agricultores a los que califica de «los auténticos parias», un colectivo en La Palma con una media de edad de 65 años, a los que «el mercado con los intermediarios a la cabeza les obliga a trabajar de sol a sol para lograr pérdidas». Un colectivo al que se refiere como «fundamental para el desarrollo de la economía local y para permitir lograr las tres funciones que nos permiten subsistir como seres humanos: respirar, comer y beber».

También quiere recalcar el «agradecimiento a la impagable labor de todos los que están trabajando y realizando un esfuerzo organizativo sin precedentes en medio de esta tragedia, que en el caso del sector agrícola es una auténtica catástrofe». Y comenta que «lo único que echa de menos en este momento y en eso coinciden varios compañeros es una llamada de interés de parte de la Asociación de Productores, Asprocan». Aunque entristecido por la situación, asegura que «siempre intento ver el lado positivo de cada acontecimiento» y remite a una cita que guía su día a día: «Encontraremos un camino y si no lo crearemos. Lo dijo el gran Alejandro Magno y creo que encierra mucha verdad».