El Papa declara a los migrantes «patrimonio de la humanidad»

Francisco cierra su viaje a Malta sentenciando que urge «auxiliar» a los extranjeros y no detenerse en «discusiones»

El Papa con uno de los emigrantes en Malta
El Papa con uno de los emigrantes en Malta FOTO: VATICAN MEDIA HANDOUT EFE

En este viaje exprés de fin de semana a Malta no ha habido una sola alocución del Papa en la que no haya situado a los migrantes en un primer plano, más allá de las reflexiones sobre la realidad social y política del archipiélago y de las referencias a la guerra de Ucrania.

Como colofón, el último acto de su peregrinación tuvo lugar ayer por la tarde, en compañía de jóvenes que han huido de la guerra, la violencia y la pobreza. Con ellos se encontró en el Laboratorio de la Paz Juan XXIII, una ONG fundada en 1971 por el franciscano Dionysius Mintoff. Sus amplias instalaciones se encuentran en Hal Far, un antiguo aeropuerto, escenario de muy intensos combates durante la Segunda Guerra Mundial. Ahora es un centro de acogida de emigrantes provenientes sobre todo de países africanos, pero también de Bangladesh, Pakistán e Irán.

Ante ellos, Bergoglio explicó que «el naufragio es una experiencia que gran cantidad de hombres, mujeres y niños han vivido durante estos años en el Mediterráneo. Y lamentablemente para muchos de ellos ha sido trágica». A partir de ahí, alertó del «naufragio de la civilización, que amenaza a todos nosotros». «¿Cómo salvarnos de ese naufragio?», se preguntó el pontífice: «Comportándonos con humanidad, mirando a las personas no como números sino como lo que son, es decir, rostros, historias, sencillamente hermanos y hermanas”.

Francisco también formuló su «sueño» particular. «Considero muy importante que en el mundo de hoy los migrantes se conviertan en testigos de los valores humanos esenciales para una vida digna y fraterna». Y completó: «Hagan emerger esa riqueza que llevan dentro, un patrimonio de humanidad muy valioso y ponerla a disposición de la comunidad en la que han sido acogidos y en los ambientes donde se integran».

Sus referencias al naufragio no eran casuales. El Papa comenzó la mañana en la Gruta de San Pablo en Rabat, el apóstol rescatado del mar. Ante la imagen barroca del santo, leyó una oración, actualizando la ayuda de los malteses de hace dos milenios: «Dejaron sus ocupaciones porque no era tiempo para las discusiones, los análisis y los cálculos». «Era el momento de prestar auxilio», subrayó. El Santo Padre pidió a Dios por quienes llegan en patera: «Ayúdanos a reconocer desde lejos las necesidades de cuantos luchan entre las olas del mar, golpeados contra las rocas de una costa desconocida».

Tras esta cita, Francisco se dio un baño de multitudes en la plaza de los Graneros de Floriana, en una misa a la que asistieron más de de 20.000 personas presentes. En su homilía arremetió contra los que «se erigen como paladines de Dios y no se dan cuenta de que están pisoteando a sus hermano».

Sin contacto con Putin desde diciembre

Si en el último mes de guerra en Ucrania, el Papa ha hablado en dos ocasiones con el presidente Zelenski, no ha tenido comunicación directa alguna con el líder ruso Vladímir Putin. Así lo desveló en el vuelo de regreso a Roma. Su último contacto fue a través de las felicitaciones de Navidad. El Papa reiteró los esfuerzos diplomáticos vaticanos para acabar con el conflicto, mostrando «prudencia y reserva» sobre estas gestiones y un posible viaje a la región.