China retorna dos años al pasado y revive la pandemia

No sólo Shangái, otras 30 ciudades se encuentran aisladas por la covid en un régimen policial que también amenaza a la propia Pekín. Sus vacunas han mostrado servir para muy poco

Personas con equipo de protección caminan por las calles de Shangái
Personas con equipo de protección caminan por las calles de Shangái FOTO: ALEX PLAVEVSKI EFE

Un ejército de 500 gansos junto a unos 400 perros guardianes de raza mixta patrullan a las órdenes de la policía fronteriza de China, en un esfuerzo por impedir que el coronavirus entre en el gigante asiático de manos de la inmigración ilegal. Este feroz escuadrón forma un tándem que contribuye de forma eficaz a mantener a raya la política china de «cero covid», cuyo objetivo es eliminar el virus lo antes posible de dentro del país.

Mientras Occidente se reconcilia con la pandemia y recupera poco a poco su ritmo en materia socioeconómica con la reapertura de sus fronteras, China mantiene un conflictivo debate sobre su política «dinámica de cero Covid» o convivir con este. Esta batalla encarnizada no sólo está suscitando revueltas internas puntuales, sino que además plantea la cuestión de cuáles son los costes reales de la aplicación de las estrictas e inflexibles políticas del encierro.

El modelo de China es único. El afán de mantener el virus a raya ha sido posible hasta ahora porque el país está muy controlado y reglamentado. Este control es factible gracias a una exhaustiva vigilancia por medio de alta tecnología de rastreo digital de contactos, a los códigos sanitarios personales, a la omnipresente monitorización por circuito cerrado de televisión y a una extensa red humana de ejecutores formada por cuadros del partido y miembros del comité de barrio.

Incluso cuando no está bloqueada, China se rige por una aplicación para teléfonos inteligentes cuyo color –verde, ámbar o rojo– es un pasaporte para entrar en lugares públicos como restaurantes y tiendas. Los que no tienen esa aplicación pueden tener dificultades para moverse.

No obstante, el consenso parece ser que el país no relajará sus tácticas de prevención hasta 2023 debido a un acontecimiento político clave que tendrá lugar en octubre. En el 20º Congreso del Partido Comunista de este año, que se celebra cada lustro, se espera que Xi Jinping anuncie su tercer mandato. Hasta que termine, todo el sistema está más orientado que de costumbre a mantener la estabilidad y a evitar una posible vergüenza para el partido.

Dado que China eliminó los límites de los mandatos presidenciales de su Constitución, otorgando a su presidente el privilegio de permanecer en el cargo indefinidamente, de ser reelegido, Xi confirmaría su condición de líder más poderoso desde la muerte de Mao Zedong hace más de 40 años.

La realidad es que en toda la China continental en la actualidad hay cerca de 30 ciudades confinadas con casi 170 millones de personas afectadas. A pesar del encierro, los contagios aumentan exponencialmente, y mientras en Shangai, una ciudad de 26 millones de habitantes, algunos permanecen desde hace más de un mes bajo llave indefinidamente para evitar una mayor propagación, Pekín se prepara por si tiene que seguir el ejemplo de sus vecinos.

Más de mil millones de personas –el 85% de la población– han sido vacunadas dos veces. Pero el despliegue se ha basado enteramente en las vacunas chinas, que han tenido un pobre rendimiento en el mundo real. Un estudio estima que el 95% de los infectados en la ciudad de Tianjin estaban completamente vacunados. Otro descubrió que, con la Sinovac de fabricación casera, «ninguno de los receptores tenía anticuerpos neutralizantes detectables contra las variantes de Ómicron». Con tan poca inmunidad, tanto de la infección como de las vacunas, China puede ser ahora más vulnerable a las oleadas de covid que cualquier otro país del mundo.

Por su parte, los chinos se muestran aterrorizados por el virus y además una mayoría de ancianos son reacios a vacunarse. En parte es una cuestión cultural: como sociedad, siempre ha estado obsesionada con la salud.

Mientras tanto, el resto del planeta observa con inquietud todo lo que allí sucede. Según un informe de «China Philanthropist», se ha separado a numerosos niños positivos de sus padres sin previo aviso ni información detallada sobre su régimen de cuarentena. Algunos menores de tres años quedaron aislados de los cuidados parentales esenciales, mientras que los progenitores recibieron muy pocas actualizaciones sobre el tratamiento de sus hijos en los centros de cuarentena.

Este asunto se resolvió tras la exposición mediática, permitiendo ahora que uno de los padres permanezca en cuarentena con su hijo bajo la condición de dar negativo en las pruebas, pero otra cuestión está pendiente: las mascotas. Según un artículo de «WeChat» ahora censurado, un perro corgi fue apaleado hasta la muerte por el personal de prevención mientras perseguía el coche en el que su dueño dio positivo. El vídeo gráfico, que circuló por las redes a pesar de la estricta censura de Internet, muestra cómo varios hombres asestan tres fuertes golpes con una pala, seguidos del gemido y la respiración del perro desvanecida en un charco de sangre.

Por otra parte, los residentes encerrados han aprendido de la experiencia de sobrevivir en este aislamiento sin más ayuda que la autosuficiencia. Aquellos que viven en urbanizaciones hacen compras en grupo para conseguir comestibles y artículos de primera necesidad, ya que sólo un número limitado de negocios puede operar en el bloqueo y no se aceptan pedidos individuales.

Mientras tanto, un artículo de «Xinhua News», uno de los más destacados medios de comunicación afines al Estado, ha estado animando a los habitantes confinados al asegurar que «debían resurgir de las cenizas del brote y construir un nuevo Shanghai».

China, que lucha contra su peor carga desde que estalló la pandemia hace más de dos años, está tratando de vencer a Ómicron con su habitual eficacia. Hace unas semanas estableció un nuevo récord mundial al realizar pruebas a 25 millones de personas en Shanghái en un solo día. Ahora, ha repetido la hazaña de las pruebas a 21 millones de habitantes de Pekín en 48-72 horas, para fulminar lo que el gobierno llama el «complejo y sigiloso» virus. «Combatir con rapidez» es la clave del control, afirma el «Global Times».

No obstante, con el cierre de la fábrica del mundo, la preocupación de las industrias globales es que se produzcan efectos negativos, desde los fabricantes de automóviles y drones hasta los de ordenadores portátiles y fertilizantes.

Varias zonas de Shanghái, la capital financiera de China, llevan más de un mes bajo un férreo bloqueo, lo que ha agravado las interrupciones de la cadena de suministro en todo el mundo. Y ahora parece que Pekín podría ir en la misma dirección. Para tratar de salvar la situación, el gobierno de Shanghái ha elaborado una lista de 666 fábricas que deben abrirse rápidamente. Entre ellas hay empresas de tecnología, suministros médicos y componentes de automóviles. Algunas de estas, como Tesla, ya han reanudado parcialmente su trabajo, a pesar de que la ciudad está sometida a un estricto bloqueo. Se dice que alrededor del 50% del personal clave de las fábricas ha regresado a ellas, aunque el gobierno reivindica que la asistencia es mayor.

China también se mueve para apuntalar su economía. En el último mes, el yuan ya ha caído bruscamente frente al dólar y el banco central ha recortado su ratio de reservas para que los bancos puedan tener menos divisas y así fortalecer la moneda.

Las próximas semanas revelarán si el país puede capear esta cruel tormenta y tener tiempo de prepararse para la siguiente.