Los religiosos estrenan guía antiabusos de uso «inmediato» contra las agresiones

La plataforma que aglutina a 48.500 consagrados tratará «de forma individualizada» a las víctimas

Miembros de la comunidad española en Londres asisten a una misa en la iglesia católica de St James, en el centro de Londres
Miembros de la comunidad española en Londres asisten a una misa en la iglesia católica de St James, en el centro de Londres

Los religiosos españoles han dado luz verde a un ambicioso protocolo propio para acabar con los abusos sexuales en la Iglesia. La Conferencia Española de Religiosos (CONFER) publicó ayer lo que ha definido como una «guía práctica» de 60 páginas en la que se recoge la que ya es su «política marco de protección y actuación» ante las agresiones a menores y adultos vulnerables, de aplicación tanto para los propios consagrados, como para los trabajadores y voluntarios ligados a sus obras.

Para ello, la Conferencia Española de Religiosos ha contado con el asesoramiento de Holistic, el servicio especializado de la Universidad Pontificia Comillas en detección y prevención de abusos. La relevancia de este paso hacia adelante, junto con la auditoría externa encargada por los obispos para radiografiar esta lacra, radica en que CONFER es la plataforma que aglutina a las 48.500 monjas y curas que tradicionalmente se denominaban «de vida activa», pertenecientes a unas 400 congregaciones y órdenes que entregan a diario su vida en colegios, hospitales, residencias de mayores, comedores sociales, centros de reinserción, hogares para migrantes y casas de discapacitados.

Tal y como reza el manual, acabar con los abusos se ha convertido en «un imperativo de derechos humanos que obliga a proteger a los niños y personas vulnerables frente a la violencia», además de «un mandato legislativo internacional, estatal y canónico».

Ajustada a leyes civiles y canónicas

El texto aterriza hasta tal punto en la realidad que recoge paso a paso cómo actuar cuando se detecta un caso para denunciarlo de forma «inmediata, ajustada a las leyes civiles y canónicas, y tratando de forma individualizada tanto a quien denuncia y a su familia, como al denunciado y a su entorno». Además de ahondar en todo el proceso judicial, en la necesidad de poner en el centro a las víctimas y priorizar la justicia restaurativa, también se detiene de forma detallada en los planes de prevención remitiéndose a la «tolerancia cero» marcada desde Roma por el Papa Francisco.

Prueba de esta concreción y practicidad es que se incluyen dos anexos. El primero es una plantilla «de responsabilidad personal» para que firmen los empleados y colaboradores en la que se comprometen a seguir el protocolo establecido por la entidad y participar de la formación antiabusos correspondiente. El otro anexo vendría a ser un manual de «buen trato» que prohíbe desde «insultos, motes y sobrenombres» hasta «las relaciones personales con un menor o adulto vulnerable, justificadas en una supuesta amistad personal». De la misma manera, se vetan «los contactos físicos inapropiados, es decir, que invadan la intimidad de los menores y adultos vulnerables o faltan al respeto debido a su propio cuerpo» y se condena toda «conducta erótica, exhibicionista o sexualmente provocadora y contraria al pudor o que implique contacto físico íntimo, besarse o desnudarse».

La guía de CONFER aborda la cuestión más espinosa en la batalla contra la pederastia: cómo posicionarse ante los depredadores, teniendo en cuenta que en la mayoría de los casos pueden ser religiosos o personal de sus centros. Así, se dan indicaciones a los superiores sobre cómo apartarles de sus funciones durante el proceso, pero también de un posible proceso de rehabilitación posterior. «Se le ofrecerá apoyo adecuado para su rehabilitación psicológica y espiritual con el propósito de su reintegración social», se puede leer en el documento, que contempla que «en el caso de las falsas denuncias, se hará todo lo posible para rehabilitar la reputación de los acusados injustamente».