Religión

Nuevo ataque contra los católicos: Nicaragua prohíbe las procesiones por “razones de seguridad pública”

La suspensión de las procesiones católicas se convierte en el capítulo más reciente de un último año especialmente convulso para la Iglesia católica de Nicaragua con el Gobierno de Ortega

Los católicos de la ciudad nicaragüense de Masaya celebraron este lunes a San Miguel Arcángel sin sacarlo en procesión a las calles debido a una prohibición policial. Decenas de católicos de Masaya celebraron la “bajada” de San Miguel de Arcángel, ante la presencia de agentes policiales que acudieron al templo para asegurarse de que los feligreses no sacaran una réplica del santo a las calles, según pudo constatar Efe. La Policía Nacional prohibió las procesiones en honor a San Jerónimo, patrono de la ciudad de Masaya, y a San Miguel Arcángel, alegando “razones de seguridad pública”, informó el sábado pasado la Arquidiócesis de Managua.

Masaya, ubicada 28 kilómetros al suroeste de la capital, es un antiguo bastión sandinista que se rebeló contra el Gobierno del presidente Daniel Ortega en abril de 2018 en el marco de unas manifestaciones antigubernamentales que estallaron por unas controvertidas reformas a la seguridad social, y que luego se convirtieron en una exigencia de renuncia del mandatario debido a que respondió a la fuerza.

Durante la eucaristía de este lunes, el jefe de la Policía departamental de Masaya, Juan Valle, acompañado de agentes, ingresó a la iglesia San Miguel Arcángel y conversó con el presbítero Ramón López, a cargo de la parroquia, para recordarle que no podían salir con el santo a las calles. En las afueras de esa parroquia estaban apostados decenas de agentes antidisturbios, a bordo de seis patrullas.

Agentes de la Policía Nacional vigilan la entrada de la iglesia de San Miguel Arcángel
Agentes de la Policía Nacional vigilan la entrada de la iglesia de San Miguel ArcángelSTRAgencia EFE

Esa iglesia es la misma que estuvo administrada, durante las manifestaciones antigubernamentales que estallaron en abril de 2018, por el sacerdote exiliado Edwin Román, sobrino del héroe nicaragüense Augusto C. Sandino, y fuerte crítico del Gobierno de Ortega. Román se encuentra radicado en Miami (EE.UU.), al igual que el obispo auxiliar de Managua, Silvio Báez, después de tener una actuación destacada de ayuda a personas perseguidas tras esas protestas populares contra el Gobierno de Ortega.

Ante la prohibición de las procesiones, la Arquidiócesis de Managua, Masaya y Carazo invitó “a los devotos y promesantes” de San Jerónimo y San Miguel Arcángel, “a tener presente que la fe y devoción son un tesoro que llevamos en el corazón y desde ahí podemos dar el homenaje debido con la fuerza de la herencia ancestral en nuestras comunidades”. Además pidió a San Miguel Arcángel, San Jerónimo y la “bienaventurada virgen María, madre de la Iglesia y reina de la paz, intercedan y escuchen las plegarias, nos alcancen sanidad de todo mal con la medicina de Dios”, según su declaración.

La suspensión de esas procesiones católicas se convierte en el capítulo más reciente de un último año especialmente convulso para la Iglesia católica de Nicaragua con el Gobierno de Ortega, quien ha tildado de “golpistas” y “terroristas” a los jerarcas. Este año, el Gobierno sandinista expulsó del país al nuncio apostólico Waldemar Stanislaw Sommertag y a 18 monjas de la orden Misioneras de la Caridad, fundada por la Madre Teresa de Calcuta. También llevó a prisión al obispo Rolando Álvarez y a siete sacerdotes por diversos motivos, cerró nueve estaciones de radio católicas y eliminó de la programación de la televisión por suscripción a tres canales católicos. La Policía además ingresó por la fuerza y allanado una parroquia, impidiendo a los feligreses recibir la eucaristía dentro del templo y sitiando a otros sacerdotes en sus iglesias, entre otros. Las relaciones entre los sandinistas y la Iglesia católica de Nicaragua han estado marcadas por roces y desconfianzas en los últimos 43 años. La comunidad católica representa un 58,5 % de los 6,6 millones de habitantes de Nicaragua, según el último censo nacional.