«Hay alumnos en la Universidad que vienen a la revisión de exámenes de la mano de sus padres»

La carta del catedrático Daniel Aranda en LinkedIn, que ya lleva cerca de un millón de lecturas, ha levantado ampollas entre la clase educativa

Daniel Arias Aranda, catedrático de Organización de Empresas de la Universidad de Granada
Daniel Arias Aranda, catedrático de Organización de Empresas de la Universidad de Granada

El pasado 30 de diciembre, este profesor de la Universidad de Granada y catedrático de Organización de Empresas publicó en LinkedIn un artículo bajo el título «Querido universitario de grado: te estamos engañando», que ya han leído cerca de un millón de personas. Le dio un tirón de orejas con muchas ganas al «desdén» estudiantil y, de paso, hizo una enmienda a la totalidad del sistema educativo. Según sus palabras, trató de levantar una bandera roja para alertar de lo que está pasando y ver «si había alguien al otro lado». Todo indica que, al menos sus alumnos actuales, ni están ni se los espera.

La que ha liado con su carta...

Pus sí, la verdad. Cuando lo publiqué pensé que lo iban a leer diez o doce personas y ha tenido una difusión increíble. Si se abre un debate, estoy satisfecho. Yo quería plasmar mi experiencia en los últimos diez años, la gran bajada de nivel y proponer soluciones.

¿Y sus alumnos, qué le han dicho? No salen muy bien parados.

Los de este año, nada. No han contestado. Solo uno me ha preguntado esta mañana que cuándo era el examen. Ya está.

Vaya, se confirman sus peores sospechas. Ni siquiera esto los ha despertado.

Nada. Y eso que muchos de ellos ya están aprobados por parciales. Tampoco me ha sorprendido.

¿Cuál es el peor mal de la Universidad actual en su opinión?

Uno de los más importantes es la falta de flexibilidad. Cuando tienes 18 años no sabes lo que quieres hacer y en países como EE UU hay distintas pasarelas para poder cambiar de carrera, cosa que aquí es muy complicado. Por eso mucha gente acaba frustrada: la titulación no es lo que esperaba y el cambio es casi imposible.

Si tenemos los políticos que nos merecemos, ¿no pasa lo mismo con los alumnos?

Sí, pero la culpa no es del alumno. Él es víctima del sistema. No es una lucha entre profesores y alumnos. Aquí tenemos un sistema educativo que se rige por unas leyes que no paran de cambiar. Salimos a ley y media por Legislatura, hay una confusión enorme. La mayoría del apoyo al artículo ha venido de profesores de Secundaria.

Dice que hace años que no recomienda a ningún alumno para un trabajo.

Es que no quiero perder los amigos que tengo en empresas. El problema no es el conocimiento sino la actitud, el desdén. Claro que sigue habiendo gente buena, pero si antes había un 30% que destacaba ahora lo hace menos del 10%. Y eso en una promoción buena. No es porque tengan menos capacidad o sean menos listos, el problema están en la falta de una habilidad blanda que se llama motivación, resiliencia y capacidad de trabajo y compromiso. Ahí está el núcleo del asunto.

¿Qué parte de responsabilidad atribuye a las pantallas?

El daño que están haciendo las tecnologías de la Información mal utilizadas es enorme. Y no soy un ludita, también las uso, pero cuando tienes a los alumnos que te abren el portátil en clase, cosa que yo no exijo, lo que estás viendo es la marca del dispositivo. No sabes lo que están haciendo.

Quizá habría que prohibir el móvil. Tampoco se permite fumar.

Ellos son mayores de edad y no existe una ley que lo prohíba, como sí sucede con el tabaco. Lo que yo hago es recomendar que usen lápiz y papel porque eso favorece que hagan suyo el conocimiento. Con un procesador de texto el conocimiento es lineal. Además, tampoco es que se oigan los teclados como si estuvieran tomando apuntes como locos...

Es una cuestión de responsabilidad y de respeto hacia sí mismos. Tú estás recibiendo una educación y te estás formando porque en un futuro quieres, supuestamente, tener una buena carrera profesional. Si lo que haces es comprar en Zara estás perdiendo el tiempo. Mejor quédate en tu casa. Yo no exijo presencialidad.

¿Y por qué van?

Cuando digo que no tienen que venir, normalmente el 70% se marcha. No se van todos a los que no les interesa. Salen de casa y vienen a clase un poco por inercia o porque hace frío en la calle y aprovechan el wifi gratis para ver series. De todas formas, este año ha sido especialmente malo. También es verdad que ha sido la primera promoción tras la pandemia porque el año pasado aún estábamos a medias. Pero ha habido momentos desesperantes. Y es que yo procuro tratarlos como directivos de una empresa, no como estudiantes, y a veces tengo separar a alumnos porque no paran de hablar...

Directivos que, según dice, van en leggins o chándal.

Ha habido un escrito de la delegación de estudiantes de mi Facultad diciendo que no tengo derecho a decir cómo tienen que vestir y que eso es clasista. Cuando hacen la presentación de un caso de empresa yo no les valoro el contenido, porque sé que lo copian, pero sí evalúo su capacidad de comunicar. Les digo que no pueden ir a una entrevista de trabajo vestidos de Rosalía o de Omar Montes. Aparecen allí con el chándal y las cadenas colgando, o enseñando el ombligo. Les da todo igual. Con las manos en los bolsillos, agachados, leyendo del móvil una frase que es la misma de la transparencia... Cosas muy básicas. Otra cosa nueva de este año que me ha dejado alucinado es que cuando un grupo termina de exponer se marcha de la clase en lugar de escuchar al siguiente.

Parecen diputados.

Ja, ja, sí. Igual soy un carca, pero me parece una falta de respeto.

¿Qué es eso del contrato-programa?

La Universidad de Granada tiene un contrato-programa con los departamentos y de él depende la financiación. Hay distintos ítems que se valoran, entre ellos la capacidad de internacionalización, la tasa de éxito académico... Cada año te mandan una comparativa entre tu nota media y la del resto.

¿Eso significa que se ve obligado a aprobar a un cupo determinado?

No hay un cupo, es informativo, pero si estás por debajo de la media te van a dar un toquecito.

Dice que la solución está en los alumnos, pero ¿el buen profesor no es el que sabe motivar?

Si le digo que yo he utilizado todas las metodologías docentes posibles no me quedo corto. Ahora se pueden hacer verdaderas virguerías, pero necesitas un mínimo de interés. Con la dictadura de las redes sociales no se puede competir. Es muy frustrante.

¿No es mejor aparentar más exigencia o nivel?

Para usted y para mí, quizá. Lo que la Universidad quiere es tasa de éxito académico.

También da un máster internacional. ¿Qué diferencias ve?

El nivel de inglés de los españoles comparado con el de los extranjeros es pésimo. He dado clases a chicos de la India, por ejemplo, que son verdaderas esponjas. Daba clases de tres horas y no paraba de responder preguntas. Este tipo de alumnos de países donde lo tienen muy complicado tienen unas ganas tremendas.

Quizá aquí es todo tan fácil que no lo valoramos.

Justo. Es que no aprecian estar en una institución universitaria. No digo que vengan de traje y corbata, como se exige en algunas escuelas de negocio, aunque tampoco pasaría nada. Los profesores también lo haríamos y entre todos elevaríamos un poco el nivel.

También se han metido con usted por una cita de Gregorio Peces-Barba.

Él hablaba de elite intelectual y la Universidad es el nivel máximo educativo que existe. Quien tiene que llegar es la elite intelectual, ni la económica ni la social. Por eso se hace una Selectividad, que es una selección. Y me llaman clasista y dicen que discrimino. Hay una falta enorme de expresión y de vocabulario, utilizan lo que en inglés se llaman “verbos débiles”: estar, hacer... No van más allá.

¿Qué le han dicho sus superiores?

El decano ha escrito una breve reseña en “El Ideal” en la que afirma que tenemos un problema de sobreprotección paternal y confirma que hay alumnos que vienen con sus padres de la mano a la revisión de exámenes.

¿Y los que están interesados en su clase cómo lo hacen?

Esto, normalmente, funciona así. El primer día de clase hay cinco o seis chavales que se sientan en primera fila y que al principio preguntan, plantean algún debate... Y cuando lo hacen se produce un rumor desde el fondo de la clase que va creciendo. A la quinta o sexta vez ya no preguntan.