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Adiós a los ataúdes y las cremaciones: llega el "compostaje humano"

Washington será el primer estado que legalizará la utilización de cadáveres humanos para alimentar a plantas y árboles

  • El proceso de transformación de los cadáveres se denomina "cremación con agua" y tarda 30 días en convertir los cuerpos en suelos ricos en nutrientes
    El proceso de transformación de los cadáveres se denomina "cremación con agua" y tarda 30 días en convertir los cuerpos en suelos ricos en nutrientes

Tiempo de lectura 2 min.

22 de abril de 2019. 09:46h

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Paco Rodríguez 22/4/2019

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Transformar los cadáveres en alimento para las plantas. Washington será el primer estado norteamericano que permita el "compostaje humano", un proceso que transforma el cuerpo de un fallecido en alimento para nutrir plantas o árboles y que supone una alternativa menos perjudicial para el medioambiente que los entierros tradicionales o las cremaciones.

La medida, que deberá ser refrendada por el gobernador del estado, el demócrata Jay Inslee, legalizaría el uso de la hidrólisis alcalina y la reducción orgánica natural para cuerpos humanos. El proceso, también conocido como cremación con agua, consiste en descomponer el cuerpo en agua y lejía, algo que ya está permitido en 15 estados, y que el senador Pedersen pretende convertir en ley ya que supondría un ahorro de más de 2.000 dólares respecto a un entierro normal y sería menos dañino para el planeta. El proceso de compostaje dura 30 días y convierte los cuerpos en un suelo rico en nutrientes de forma natural. Según declaro el senador a "The Independent", "es sorprendente que en el año 2019, todavía tengamos solo dos formas de desechar cuerpos, y que se hayan usado durante siglos".

El proyecto fue impulsado en parte por Katrina Spade, una diseñadora y emprendedora de Seattle que en 2014, formó el llamado Proyecto de Muerte Urbana, que le permitió investigar el compostaje de restos humanos, mientras cursaba un máster en arquitectura. Para ello, Spade se puso en contacto con investigadores de las universidades de Western Carolina y Washington State, y más concretamente con Lynne Carpenter-Boggs, profesora de Ciencias del Suelo en Washington State, para encontrar la mejor manera de destruir restos humanos.

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