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Alicia Pérez-Porro: «Queremos que las niñas crean que pueden ser lo que desean ser»

Es una de las tres españolas miembro del primer equipo de científicas que trabaja globalmente en las políticas contra el cambio climático.

  • Alicia Pérez-Porro: «Queremos que las niñas crean que pueden ser lo que desean ser»

Tiempo de lectura 4 min.

04 de marzo de 2018. 00:54h

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4/3/2018

Si una empieza a revisar las injusticias cometidas con las mujeres científicas a lo largo de la historia, no para. Ahí está Jocelyn Bell, la astrofísica a quien no dieron el Nobel por ser mujer y estudiante pese a detectar un nuevo tipo de estrellas (pulsares); Katherine Johnson, Dorothy Vaughan y Mary Jackson, las afroamericanas de la NASA que jugaron un papel crucial en los inicios del programa espacial en los años 60, desconocidas hasta el estreno de la película «Figuras ocultas»; o Rosalind Franklin, que fue clave en el descubrimiento de la estructura del ADN, pero no reconocida por sus colegas hasta años después. Y son solo un puñado de ejemplos entre los incontables que llegan hasta nuestra historia reciente. Ese es el motivo por el que ha nacido el programa Homeward Bound, donde participan científicas de todo el mundo entre las que se encuentran tres españolas y una francesa afincada en Córdoba: Alicia Pérez-Porro, bióloga marina y especialista en esponjas marinas; Ana Payo Payo, oceanógrafa y licenciada en Ciencias Ambientales; Uxua López, ingeniera de telecomunicaciones y experta en energías renovables, y Ale-
xandra Dubini, investigadora y devota de las algas verdes.

Todas ellas se encuentran ahora en la Antártida, a donde viajaron el 12 de febrero y donde permanecerán hasta el 15 de marzo. Con Alicia Pérez-Porro charlé antes de que se embarcara en Usuhaia junto a sus colegas para que me explicara con exactitud el objetivo de dicho programa. «Lo que pretende es crear una red mundial de mil científicas que trabajen globalmente y lideren políticas y proyectos que ofrezcan soluciones más efectivas para enfrentar el cambio climático, transformar la sociedad y disminuir el efecto de nuestras actividades sobre el planeta. Para conseguirlo, cada año selecciona alrededor de cien mujeres de todo el mundo, vinculadas a la ciencia y a la tecnología, que reciben una formación, durante un año, que culmina con su participación en una expedición por la Antártida».

De ahí saldrá esa red mundial de científicas que durante los próximos diez años trabajarán unidas para combatir el cambio climático e impulsar prácticas que aseguren un mundo más sostenible. Buenísima idea. Pero, ¿y los científicos? También los habrá interesados en lo mismo. «Los hay, sobre todo en los puestos más altos. Este proyecto está enfocado en formar a mujeres en liderazgo, precisamente por la poca representación que tenemos en puestos de alto nivel en academia, industria y en la toma de decisiones políticas. Uno de los objetivos prioritarios es lograr que la mujer sea incluida en la toma de decisiones que afectan a nuestro planeta; debemos empoderarnos para poder enfrentarnos a un mundo dominado por figuras masculinas».

Y, más allá de la siempre deseada igualdad, ¿en qué beneficiará la presencia femenina en la lucha contra el cambio climático? «Hay estudios que demuestran que cuando las mujeres nos involucramos en procesos de toma de decisiones estas tienen mayor garantía de éxito y sus efectos son más notables a largo plazo». asegura Ana. Aun así, los hombres también podrían haber cabido en la expedición, aunque por una vez no mandaran, digo yo. «Que la expedición esté formada solo por mujeres tiene un valor simbólico. Queremos hacer creer a las niñas y mujeres que pueden ser lo que desean ser y a los niños y hombres que es normal ver a mujeres tanto en el ámbito científico y el tecnológico como en puestos de liderazgo».

Unos campos donde la discriminación femenina es mayor, si cabe, que en todos los demás... «Cuando pensamos en una persona científica tendemos a imaginar un hombre y eso siempre implica un trabajo añadido a las mujeres para obtener reconocimiento. Según una encuesta europea de 2015, el 63 por ciento de los españoles opina que las mujeres no sirven para ser científicas de alto nivel...».

Techos de cristal

Pues eso, la falta de reconocimiento internacional, y el que solo el 20 por ciento de las posiciones estratégicas en laboratorios, universidades y centros de investigación están ocupados por mujeres obliga a la reflexión. «Tiene mucho que ver con los estereotipos que conducen a que a las niñas no se les empuje a decantarse por intereses tecnológicos. Además, están las dificultades de compaginar una carrera tan exigente como la de investigadora y de romper los techos de cristal y acceder a puestos de liderazgo, y los sesgos que hacen que las mujeres reciban menos financiación para proyectos».

Ya era hora de que alguien pensara que el talento y el liderazgo de las mujeres también son imprescindibles en la lucha contra el cambio climático; ¿a quién se le ocurrió? «A dos australianas, Fabian Dattner, del ámbito del liderazgo, y a Jess Melbourne-Thomas, ecóloga marina antártica». Fueron las primeras de una red que cada vez cuenta con más expertas participantes dispuestas a cambiar el mundo bajo un lema común: la naturaleza necesita a sus hijas».

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