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Ana Julia Quezada: «Sé que soy la principal sospechosa»

Finalmente fue ella la que se colocó bajo el foco de la sospecha. El «casual» hallazgo de la camiseta hizo que saltasen todas las alarmas

  • Ana Julia Quezada durante una de las ruedas de prensa sobre la desaparición de Gabriel Cruz
    Ana Julia Quezada durante una de las ruedas de prensa sobre la desaparición de Gabriel Cruz / EFE

Tiempo de lectura 4 min.

12 de marzo de 2018. 23:45h

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Nacho Abad 12/3/2018

«Sé que soy la principal sospechosa». Así recibió Ana Julia a los investigadores de la Guardia Civil la primera vez que hablaron con ella seriamente. La excusa les escamó. Ocurrió en los albores de las pesquisas y aunque rumiaron el dato, no había nada en firme que apuntara hacia ella. Sin embargo, poco a poco, la frase fue cogiendo peso. La familia con el paso de las horas fue abriéndose y contando detalles íntimos. Que si Gabriel y ella discutían mucho, que si el pequeño no la quería ni ver, que si le chillaba, que si había deseado que no regresase nunca una vez que Ana Julia viajó a su tierra, República Dominicana. “A mi me han metido los perros en el coche y no han encontrado nada”, comentó ella a una periodista de Antena 3 fuera de cámara. No mentía. Los agentes de la UCO pidieron a sus compañeros de la unidad canina que revisaran por encima los vehículos de algunas personas sin resultado.

Finalmente fue ella la que se colocó bajo el foco de la sospecha. El “casual” hallazgo de la camiseta hizo que saltasen todas las alarmas. Ocurrió el pasado sábado 3 de marzo. La propia Ana Julia encontró la prenda interior de Gabriel. “Se me cae la casa encima “, comentó Ángel, el padre del pequeño, “y Ana Julia me anima a salir y que me de el aire para despejarme. Salimos a dar un paseo por una zona donde solemos sacar al perro y ella encontró la camiseta. No estaba a la vista. Me dijo que cuando la vio, porque en ese momento yo estaba a unos metros de ella, que se había acercado a olerla sin tocarla y que supo por el olfato que era de Gabriel”.

Los agentes de la UCO y de la Policía Judicial de Guardia Civil de Almería se llevaron las manos a la cabeza. Al examinar la camiseta se encontraron que estaba llena de barro, pero no de una forma natural. Era como si alguien hubiese hecho una pelota con la prenda y la hubiese frotado contra el barro. Al extenderla se observaban las franjas blancas y marrones muy diferenciadas. Era imposible que Gabriel se hubiera caído al suelo y se hubiese ensuciado, ergo, alguien la había puesto ahí adrede. Además, la hallaron extendida sobre unos juntos, sin estar atrapada, y seca. Cualquier persona con un razonamiento lógico se hubiese preguntado. Si ha llovido tanto, ¿cómo es posible que la prenda esté seca? Y con el viento que ha hecho, ¿cómo no se ha volado a kilómetros de distancia? Las respuestas olían a gato encerrado, pero cuando los investigadores averiguaron que esa zona había sido batida en varias ocasiones, no sólo una, e incluso, una de ellas con perros de voluntarios supieron que Ana Julia estaba detrás de la desaparición de Gabriel. Se formularon entonces dos posibles teorías. La primera: la mujer se apiadado de la familia y de su pareja Ángel, padre del niño, y está marcando la zona donde ha dejado al pequeño para que lo encontremos. La segunda: nos está alejando todo lo que puede del sitio donde le tiene escondido.

La obsesión y única prioridad de los agentes de la UCO era encontrar a Gabriel con vida, podía estar secuestrado, así que se orquestó la siguiente estrategia: peinar al milímetro la zona del hallazgo de la camiseta, ordenar a un equipo especial de seguimientos de la UCO, llamado GOVA (Grupo Operativo de Vigilancia y Apoyo), que se desplazase desde Madrid para vigilar a Ana Julia las 24 horas del día sin que se diese cuenta, pero al mismo tiempo ir metiéndole presión para que no se sintiera cómoda y por último sugerir a los padres que repitieran siempre el mismo mensaje, pedir a la persona que tuviese retenido al pequeño que lo soltase, apelar a su buen corazón y prometer que ellos no denunciarían. Es decir, dejar una puerta abierta a Ana Julia, una salida por si el pequeño todavía estaba vivo.

Este domingo, la sutil vigilancia de los agentes del GOVA, espoleada por un comentario que dejaron caer en su presencia como si tal cosa, “pensamos ir a registrar la finca pronto”, provocó la detención de la principal sospechosa y el hallazgo de Gabriel sin vida, tristemente. Los guardias observaron como Ana Julia entraba en la finca de Rodalquilar donde estaba arreglando una casa para vivir con Ángel. Escondieron los coches y corrieron silenciosamente campo a través. Se tumbaron sobre un montículo elevado para no ser detectados e hicieron fotos y grabaron un video en el que se veía con la sospechosa sacaba algo, del tamaño del niño, del suelo, lo envolvía en una manta y lo introducía en el maletero. Mientras que hacían todo esto avisaron a sus compañeros de la UCO de los movimientos. La secuencia acabó en Vícar. Justo a la entrada de su garaje, le cortaron el paso. Abrieron el maletero, y allí estaba Gabriel, sin vida. Ella gritó que era inocente, e incluso explicó que había estado ese mañana en la playa con el perro, tirándole un palo para que corriese detrás de él. Los agentes asqueados le ordenaron que se callase. Sabían que mentía, una vez más.

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