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Artabán, el cuarto Rey Mago que acabó en la cárcel

¿Eran andaluces Melchor, Gaspar y Baltasar? Su historia está plagada de interrogantes: ni eran tres ni se llamaban así

  • Artabán, el cuarto Rey Mago que acabó en la cárcel
Madrid.

Tiempo de lectura 4 min.

05 de enero de 2019. 16:51h

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Pedro del Corral.  Madrid. 5/1/2019

Una mano se alzará entre la multitud. Un grito de ilusión tomará la calle. Y miles de niños pedirán al mismo son su mayor deseo. La magia de esperar a los Reyes Magos se repite cada año alentada por los adultos de la casa. Cuanto más pequeños sean, más brillarán sus ojos. Los primeros años todo encaja: hay que esforzarse para no recibir el tan detestado carbón, esperar a sus Majestades de Oriente en la cabalgata y acostarse temprano con los nervios agarrados en el estómago. Eso sí, sin olvidar dejar un vaso de leche y algo de turrón como recompensa al esfuerzo que Melchor. Gaspar y Baltasar realizarán para llegar a sus casas. En unas horas volverá a ocurrir y, aunque pueda parecer egoísta, cualquier padre anhelaría parar el tiempo y estirar esa inocencia para siempre. Sobre todo, por esas mariposas que se despiertan días antes por culpa de los tres hombres que se guiaron por una estrella para llegar hasta el portal de Belén. Pero, ¿quiénes fueron realmente estos hombres sabios? ¿De dónde procedían? ¿Eran solo tres? ¿Qué fue de ellos?

El único evangelio de la Biblia que les menciona es el de Mateo (2: 1-2), aunque sin hacer referencia a los nombres, el número o el origen: «Unos magos que venían del Oriente se presentaron en Jerusalén, diciendo: ''¿Dónde está el Rey de los judíos que ha nacido? Pues vimos su estrella de Oriente y hemos venido a adorarlo''».

«Todo lo que sabemos en principio de tales personajes orientales lo tenemos en este pasaje. Los detalles en torno a los magos son aclaraciones posteriores, puramente imaginativas, de los evangelios apócrifos y otros escritos. Cada uno sirve para explicar mejor los datos comprimidos que ofrece la narración primigenia de Mateo», explica el catedrático emérito de Filología Griega de la Universidad Complutense de Madrid, Antonio Piñero. Según su investigación, recogida en «Aproximación al Jesús histórico», el concepto de «mago» no aparece desarrollado en este texto bíblico, pues su autor debió creer que sus lectores lo entendían a la perfección. En tiempos de Cristo, este vocablo tenía dos significados: por un lado, persona que practicaba la magia y estudiaba las ciencias ocultas; y, por otro, hombres respetables y expertos en astronomía. «Por la descripción que realiza Mateo, hay que incluirles en esta última acepción».

Hubo que esperar al siglo V para encontrar las primeras referencias. Concretamente, el Papa San León fue el que determinó que eran tres en referencia a los regalos que llevaron al Niño –oro, incienso y mirra–, aunque esta cifra nunca ha estado exenta de polémica. «Los evangelios apócrifos hablan de entre cuatro y varios centenares», apunta el profesor de Historia Medieval de la Universidad de Florencia, Franco Cardini. De hecho, una de las teorías más extendidas cuenta que el cuarto «mago», Artabán, no llegó a Judea por haber desviado su camino para curar a un moribundo. Al entrar en la ciudad, fue encarcelado durante 30 años en el palacio de Jerusalén. «Sus nombres son también una interpretación posterior. Se dice que Gaspar deriva de Gundufar, un gobernante indio de la zona de Gandhara», añade. Sus primeras referencias históricas se remonta a un texto del mismo siglo, el «Excepta latina bárbari», en en que se les denomina como Melichior, Gathaspa y Bithisarea. También aparecen en un mosaico del siglo VI, localizado en la iglesia de San Apolinar Nuevo en Rávena (Italia).

Una de las cuestiones más controvertidas tiene que ver con su origen. Es cierto que Mateo les relaciona con Oriente, pero ¿de qué parte? El texto no lo concreta.

Como «sabios», lo habitual era que procediesen de Persia, Babilonia o Arabia. «De todas ellas, la última es la que los escritores cristianos propusieron: Justino Mártir, hacia el 160, en su ''Diálogo con Trifón'' 78.1, discutiendo con un rabino judío sobre la verdad del cristianismo y el judaísmo, escribía: ''Unos magos de Arabia llegaron hasta Herodes...''», sostiene Piñero. Sin embargo, la más rocambolesca de las posibilidades es aquella que sitúa a sus Majestades en Andalucía. Así lo escribió el Papa Benedicto XVI en «La infancia de Jesús», donde señaló Tartessos –una zona que se ubicaría entre Huelva, Cádiz y Sevilla– como su punto de partida.

Entonces, ¿se puede decir que los Reyes Magos eran andaluces? Para Cardini, no. «Esa Tartessos andaluza está relacionada con un área de colonización fenicia. Sin embargo, al que hace referencia la Biblia corresponde a aquel territorio denominado por los griegos como Tabriz, en el actual Azerbaiyán iraní». Lo que está claro es que sean de donde fueren, lo importante es que cada año llegan para seguir alimentando la ilusión de los más pequeños.

Artabán, el cuarto Rey Mago que acabó en la cárcel
¿Qué fue de ellos?

Después de ser bautizados y convertirse al cristianismo, Melchor, Gaspar y Baltasar murieron en la ciudad persa de Sava, donde Marco Polo se topó con sus restos. En su libro de viajes relató las tradiciones locales que les rindieron homenaje, así como el sitio en el que encontró sus tumbas: «Están enterrados en tres magníficos sepulcros [...]. Sus cuerpos están intactos, con sus barbas y sus cabellos». La ciudad que entonces visitaba el mercader veneciano hoy se llama Saveh y se encuentra en Irán. Ya no quedan vestigios de este «mausoleo», pues, en el año 300, la madre de Constantino, Elena, se dedicó a rescatar reliquias religiosas en todo el mundo. Entre ellas, la de los tres sabios. Se las llevó hasta Constantinopla, donde el clero de Milán se hizo con ellas en el siglo IX. En 1164, tras el saqueo que lideró Federico Barbarroja, fueron entregadas al Arzobispo de Colonia, quien las guardó en el relicario en el que actualmente reposan sus cráneos en tres cajas de terciopelo y los huesos en pañuelos de seda.

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