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Bofetada a un hijo: ¿debe usted ir a prisión?

Este tipo de sentencias «tienen un efecto perverso porque los niños se ven como intocables», advierten los expertos, si bien matizan: «Hay que desterrarla como método educativo».

  • Bofetada a un hijo: ¿debe usted ir a prisión?

Tiempo de lectura 4 min.

15 de marzo de 2019. 03:50h

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Elena Genillo.  15/3/2019

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Si el lanzamiento de zapatilla hubiera sido deporte olímpico –cosas más raras se han visto, los E-Sports quieren ser disciplina en los Juegos de Tokio 2020– las que ahora son abuelas habrían creado un equipo merecedor del oro. Bromas aparte, la sociedad, afortunadamente, ha evolucionado y ya no se asume como normal el castigo físico como correctivo a un mal comportamiento de los niños. Ahora bien, ¿puede considerarse como tal un par de bofetadas a un hijo que se negaba a ducharse por activa y pasiva?

Para la Audiencia de Pontevedra esta acción merece nada menos que dos años de cárcel, porque lo considera un delito de maltrato en el ámbito de la violencia doméstica. Los hechos se remontan a mayo del año pasado, cuando el chico de 10 años se oponía rotundamente a meterse en la ducha. La pataleta la resolvió la madre propinándole dos bofetones que le causaron un eritema, o lo que es lo mismo, un enrojecimiento de la piel. Ahora la Justicia ha condenado a la mujer a dos años de prisión, pero como carece de antecedentes se le va a conmutar por trabajos comunitarios. La sentencia no queda ahí, puesto que también establece una orden de alejamiento a más de 200 metros del menor durante seis meses.

¿Evolución pedagógica o merma de la autoridad de los padres? Para Javier Urra, primer Defensor del menor de la Comunidad de Madrid, «este tipo de sentencias llaman mucho la atención porque los jueces son gente normal y con mucho criterio». Para este psicólogo el problema está en la ley: «El artículo 154 del Código Civil lo que dice es que los padres podrán corregir a los hijos de manera razonable y moderada, y eso crea muchas interpretaciones». Por eso, apuesta por matizarla para «que los magistrados no se vean obligados a tomar decisiones que perturben su criterio jurídico, cuidadano e, incluso, el de padre». No obstante, Urra aclara que «pegar a un hijo no es educativo, pero tampoco se puede considerar maltrato un par de bofetadas».

Entonces ¿es una ley positiva? Para el ex Defensor del menor lo es en el sentido evolutivo, «porque provenimos de una sociedad en la que el hombre podía pegar a la mujer por temas de honor avalado por el Código Penal y ahora eso es impensable». Pero también «puede ser perversa», ya que hace que «los niños se vean como intocables y acaben amenazando a los padres con denuncias».

Para los que se vean en tesituras parecidas a la de esta madre de Pontevedra, recomienda preguntarse cuál es mi límite, cómo me impongo. «Pues con una sanción del tipo: o te duchas o no sales, o no te dejo la tablet o no vamos a tal fiesta. Pero hay que desterrar la bofetada como sistema educativo». Si bien aclara que «eso de ninguna manera es maltrato», tal y como ha establecido la Audiencia de Pontevedra.

Por su parte, el abogado penalista Raúl Ochoa se muestra mucho más rotundo: «Penalizar estas conductas es un despropósito». En primer lugar, argumenta, porque se desconoce el contexto en el que se produjeron los hechos, «cómo fue la discusión, si hubo faltas de respeto por parte del niño». Y también, dice, porque se hace una interpretación demasiado rigurosa del concepto de maltrato: «Para que exista tiene que haber un dolo, una intención específica de causar un daño, y lo que hizo esta madre fue, simplemente, un acto de corrección».

Para este penalista, más que matizar la ley, lo necesario es «interpretar correctamente los conceptos» y no utilizar «el derecho penal para este tipo de situaciones, ya que solo hay que aplicarlo para castigar conductas que crean alarma social».

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