Alzheimer

Hallado un interruptor del alzhéimer

Hallado un interruptor del alzhéimer
Hallado un interruptor del alzhéimerlarazon

Científicos estadounidenses descubren el papel decisivo de la proteína «tau»

en el proceso degenerativo neuronal.

La enfermedad de Alzheimer ataca directamente a uno de los pilares de nuestra condición como seres sociales: la memoria. En España lo hace de manera directa en algo más de un millón de personas y afecta a seis millones entre enfermos y familiares. Porque el alzhéimer es un mal grupal que condiciona las vidas de aquejados y allegados, a los que se obliga a tomar decisiones médicas y éticas sobre un paciente que quizá éste no tuvo tiempo de tomar por sí solo cuando estaba sano.

Por eso, uno de los caballos de batalla de la investigación médica es avanzar aún más en el diagnóstico precoz, en la fabricación de herramientas que permitan alertar de la llegada del azote con tiempo suficiente para que las víctimas y su entorno puedan preparar el mejor modo de afrontarlo. La búsqueda de biomarcadores que sirvan de heraldos del deterioro cognitivo cuando aún no se ha producido va en esa dirección y, ahora, acaba de recibir un espectacular impulso.

Después de examinar, post mortem, 3.600 cerebros de personas que sufrieron alzhéimer, un equipo de investigadores de la Clínica Mayo en Jacksonville, Florida, Rochester y Minnesota (Estados Unidos) ha descubierto que la progresión de una variante anómala de la proteína «tau» sirve de pistoletazo de salida para el declive cognitivo y la pérdida de la memoria. El resultado de esta investigación es realmente prometedor porque puede concentrar los esfuerzos diagnósticos en un objetivo. Hasta ahora se habían barajado otras sustancias (como la proteína beta-amiloide) como buenos biomarcadores. La nueva publicación sugiere que la principal culpable de la neurodegeneración progresiva es la «tau».

La historia de la relación de estas dos proteínas con el mal de Alzheimer es larga. De hecho, hace más de un cuarto de siglo que la beta-amiloide es estudiada por los neurólogos. Inicialmente se descubrió que pacientes con mutaciones o cambios significativos en esa proteína parecían más proclives a desarrollar la enfermedad. De manera que durante décadas los modelos de diagnóstico y pronóstico de pacientes estaban basados en el seguimiento de la toxicidad de esta sustancia, que se acumula en el tejido neuronal a medida que envejecemos.

La nueva aproximación al problema se ha basado en el estudio de miles de cerebros donados al Banco de Cerebros Mayo. Mediante análisis exhaustivos, capa por capa, de estos órganos se ha podido analizar la impronta de las proteínas «tau» y amiloide a lo largo de diferentes periodos de desarrollo de la enfermedad. Es como mirar a los anillos del tronco de un árbol para conocer la peripecia vital de la planta.

Los expertos han visto que la «tau» actúa como «las traviesas de una vía de tren» (en palabras de Melissa Murray, responsable del equipo investigador): sirven para estabilizar la vía que utilizan las células cerebrales para transportar nutrientes, mensajes y otras materias primas valiosas para las neuronas. Cambios en la estructura de la proteína «tau» provocan que las vías de comunicación se deterioren sobre todo en el entorno del hipocampo, el centro de control de la memoria.

Las «tau» anormales crecen en una neurona y luego se expanden de célula en célula haciendo que el daño se disemine hasta llegar al córtex, la capa externa del cerebro donde se procesan el pensamiento superior, la capacidad de atención, la planificación y el control de la conducta.

Por su parte, la beta-amiloide empieza a acumularse en el córtex y se expande en dirección contraria hacia el núcleo del hipotálamo. Los investigadores han comparado cerebros de personas fallecidas a diferentes edades, lo que permite tener una fotografía de la evolución de ambas proteínas en sucesivas fases de desarrollo de una enfermedad. Así han detectado que a la hora de explicar la aparición del deterioro cognitivo y de comportamiento propio de la demencia severa, la «tau» está mucho más presente que su compañera amiliode. Esta última, además, tiende a acumularse también en cerebros de personas ancianas que no han desarrollado necesariamente alzhéimer.

De esta manera, los científicos de la Clínica Mayo creen haber dado con un interruptor más específico del mal y proponen que aumente la atención de las estrategias terapéuticas en esta nueva diana.