MENÚ
domingo 13 octubre 2019
15:23
Actualizado

Los efectos secundarios de la meditación

Una investigación de la Universidad de Brown revela que, a nivel perceptual, se puede experimentar hipersensibilidad a la luz y al sonido. En el área somática se han encontrado casos de insomnio o movimientos involuntarios de los músculos.

  • Los efectos secundarios de la meditación

Tiempo de lectura 4 min.

25 de mayo de 2017. 01:39h

Comentada
26/5/2017

Meditar está de moda. Cada vez más personas en todo el mundo practican este ejercicio de relajación que hunde sus raíces en algunos saberes orientales milenarios y que ahora puede aprenderse en gimnasios, spas o centros wellness a unas cuantas decenas de euros al mes.

Aunque sus orígenes no tienen nada que ver con la medicina, hoy hay muchos defensores que la proponen como terapia idónea para algunos males tales como dolores leves, depresión, estrés, ansiedad o ciertas adicciones.

Buena parte de los que meditan relatan las virtudes de esta técnica. Pero también es creciente el número de usuarios que empiezan a manifestar algunos efectos secundarios que no han sido bien recogidos tradicionalmente por la literatura clínica.

Al menos eso es lo que se desprende de una investigación publicada ayer por «Plos One» y dirigida por Willoughby Britton, psiquiatra de la Universidad de Brown. «Muchos efectos de la meditación en nuestro cuerpo son sobradamente conocidos», dice el informe. Por ejemplo, se sabe que aumenta el grado de respuesta a las emociones y a los pensamientos, que aumenta el estado de calma y la sensación de bienestar. «Pero no se han estudiado lo suficiente (continúa) todas los posibles experiencias derivadas de esta práctica, cómo se producen, cómo afectan al individuo a largo plazo y cuáles no son tan positivas como parece». De hecho, no existen estudios globales que relacionen los efectos de meditar con factores personales como la edad, las enfermedades, el estado de ánimo o las peculiaridades físicas de cada individuo.

El estudio ahora publicado ha querido poner el foco, sobre todo, en los efectos menos agradables de la meditación, porque son precisamente los que menos se han estudiado.

En realidad, no pretende identificar epidemiológicamente si estos efectos son más o menos comunes, pero sí determinar que existen y tratar de reconocerlos o de interpretarlos.

Aunque han pasado inadvertidos para la ciencia, estos efectos menos deseables son de un amplio espectro y van desde la incapacidad para relajarse durante la meditación hasta ciertos dolores o sensaciones desagradables.

Los monjes tibetanos ya eran conscientes de que durante un acto de meditación no todo sale bien siempre. Conocen como nyams a la experiencias espirituales que se producen durante el acto. Y saben que no todas son sencillas de sobrellevar.

Por ejemplo, las experiencias llamadas maky son más molestas y obstaculizan la correcta meditación.

Para saber más sobre este tema, los autores del estudio han entrevistado a 100 profesores de meditación y otros tantos alumnos en las tres grandes tradiciones del ejercicio: Theravada, Zen y Tibetana.

Además, se utilizaron los sistemas de valoración que la FDA (la agencia americana del medicamento) usa para catalogar a los fármacos, de manera que se pudiera establecer una contabilidad objetiva de los riesgos y beneficios del acto de meditar.

De ese modo, se llegó a establecer un catálogo de 59 experiencias diferentes que se generan al meditar. Se dividieron en siete categorías: congnitivas, perceptivas, afectivas, somáticas, volitivas (que llevan a la acción o motivan una respuesta), autoconscientes y sociales.

En todas las categorías se han detectado efectos positivos y negativos. Pero los autores han querido resaltar los segundos. Por ejemplo, a nivel perceptual algunos individuos aseguran experimentar hipersensibilidad a la luz y al sonido. En el área somática se han encontrado casos de insomnio o ciertos movimientos involuntarios de los músculos.

Otros efectos secundarios pueden ser el aumento de la sensación de miedo, la ansiedad, el pánico o, justo lo contrario, la falta de emociones de este tipo.

Algunas emociones fueron catalogadas como muy positivas, como la sensación de contacto y unidad con el prójimo. Pero incluso estas en ocasiones se tornaron indeseadas. Cuando se experimentan con demasiada viveza se vuelven desagradables y difíciles de controlar.

El estudio establece que es necesario seguir investigando en la infinidad de factores que pueden repercutir en que la experiencia meditadora sea positiva o produzca una serie de efectos secundarios desagradables y, en ocasiones, preocupantes. Si la técnica sigue en auge, habrá que vigilar cómo nos afecta.

Últimas noticias