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Cómo saber si eres padre en cinco días por 160 euros

Los precios de las pruebas de ADN se han reducido a más del 50%, mientras que las solicitudes han aumentado un 20% en el último año. Bien sea para uso privado, bien para uso legal, se trata de un mercado en expansión.

Los precios de las pruebas de ADN se han reducido a más del 50%, mientras que las solicitudes han aumentado un 20% en el último año. Bien sea para uso privado, bien para uso legal, se trata de un mercado en expansión.

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¿Test de paternidad «premium» o «súper»? Usted elige. Si opta por el «premium», la cantidad a desembolsar serán 159 euros, precio que incluye el análisis de las muestras estándar de un padre y un hijo/a, así como el estudio de 18 regiones de ADN, garantizándole una «precisión mínima» del 99,99%. Eso sí, por 70 euros más tendrá acceso al test «súper», lo que mejora notablemente el servicio: ya no serán 18 las regiones de ADN analizadas, sino 23; y la precisión mínima sube dos «nueves» más, hasta alcanzar el 99,9999%. Este anuncio, perteneciente a una clínica madrileña, denota que el mercado de los test de paternidad «low cost» se ha convertido precisamente en éso, en un mercado cuyo nicho crece año tras año y en el que las empresas compiten por ofrecer la mejor calidad-precio. Porque demanda hay: las peticiones de padres que quieren saber si realmente su hijo es su hijo se han incrementado en torno a un 20% sólo en este último año.

¿Por qué este aumento? «Es una prueba que ahora es bastante asequible y está bastante normalizada. Investigar el ADN ya es algo normal, y no se tiene tanto miedo a enfrentarse a los resultados. Es algo más cotidiano. No creo que se trate de que ahora somos más desconfiados», afirma a este diario la doctora Mercedes Alemañ, directora de Cefegen, laboratorio de análisis clínicos especializado en pruebas de paternidad. Y es que los precios de estos tests se han reducido por lo menos la mitad: de costar entre 400 y 500 euros se ha pasado entre los 200 y 300... o incluso, como ya hemos visto, menos.

En el caso de Cefegen, los precios dependen de si la prueba es para uso privado –«son más frecuentes», dice Alemañ– o para uso legal: 200 euros en el primer caso, 300 en el segundo, coste que incluye los análisis de las muestras del progenitor y del hijo o hija. En ambos, el procedimiento analítico es idéntico: el solicitante se tiene que someter a la misma prueba; bien en su casa tras recibir el «kit», bien en persona en el laboratorio, deberá introducir un bastoncillo en la cara interna de la mejilla y remitirla al centro. Tan simple como eso. «De esta forma, se extraen las células de descamación del epitelio bucal», explica Alemañ. «El ADN está en nuestras células. Y frotando con un algodón seco, se extrae una cantidad suficiente para realizar este tipo de pruebas», añade. Posteriormente, el laboratorio compara los polimorfismos genéticos de las dos muestras, es decir, regiones del ADN de gran variabilidad que se distribuyen por todo el genoma, y que nos otorgan un perfil genético. La fiabilidad del resultado es del 99,99%. El plazo de entrega oscila entre los cinco y los siete días laborables, y se pueden obtener en mano o a través del correo electrónico. ¿Y cuál suele ser el resultado de los análisis? «La gran mayoría son positivos: efectivamente, el solicitante es el padre. En cuanto a los resultados negativos, oscilan entre un 15% y un 18%.

En lo que respecta a las pruebas para uso privado, pueden ser completamente anónimas si el solicitante así lo desea, de forma que su nombre no figura en base de datos alguna. En cuanto a las pruebas de uso legal, que suelen ser de padres que se encuentran inmersos en un proceso de divorcio –algunos acuden por consejo de su abogado, pues la no paternidad puede suponer para ellos una mejora de las condiciones–, el procedimiento cambia: deben constar todos sus documentos, el libro de familia... y el menor debe ir acompañado de un representante legal. De hecho, si alguien acude a uno de estos centros sólo con el fin de salir de dudas, no es necesario que el menor esté presente. «Si no quiere que el niño sepa que va a ser objeto de una prueba, puede coger una muestra a través de un chicle, por ejemplo», dice Alemañ.

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Internet se ha llenado de ofertas, a cual más asequible, de tests de paternidad. ¿Cómo saber si en alguna se nos está dando gato por liebre? «Lo fiable», dice Alemañ, «es que el laboratorio tenga una autorización sanitaria y que pase los controles de la Sociedad Internacional de Genética Forense». Del mismo modo, los kits deben contener reactivos validados por esta misma sociedad, «no reactivos caseros», porque puede darse el caso de que el laboratorio utilice un kit propio que, después, carece de validez.

No en vano, desde estos centros no se cansan en señalar la importancia de que el test cumpla con todos los trámites legales si se va a presentar como prueba de un juicio. Y es que se ha dado el caso de que una prueba, con resultado negativo, ha carecido de validez en un proceso al considerarse que era de uso privado.

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Dicho esto, el cliente no tiene por que ser necesariamente un padre con niños pequeños. «No hay un perfil. Hay muchos. Nos encontramos con personas mayores, que han dudado durante toda su vida que sus hijos eran suyos y, antes de morir, quieren saber la verdad. Nos encontramos también con adolescentes que van a ser padres y que ven que va a cambiar su vida, o gente que tuvo a su hijo con 16 años, dejó de trabajar y que, un tiempo después, quieren comprobarlo... Las personas tienen dudas por muchos motivos», afirma la doctora. Incluso han recibido la consulta de madres que dudaban sobre quién era realmente el padre de su hijo.

Pocos, por no decir ninguno, se echa para atrás en el último minuto, ni protagoniza ese momento tan cinematográfico –o televisivo– de romper el sobre con los resultados ante el miedo de que el hijo o hija que han amado toda su vida no sea finalmente sangre de su sangre. Es más, «los cinco días de espera se les hacen eternos. Y muchos dicen: “Salga lo que salga, es mi hijo y lo quiero”».