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Buena suerte, Don Draper

Jon Hamm se ha convertido en una estrella gracias al personaje del torturado y carismático Don Draper
Jon Hamm se ha convertido en una estrella gracias al personaje del torturado y carismático Don Draperlarazon

«Mad Men» se despide con la emisión, a partir del lunes, de los siete últimos episodios en Canal +.

El 19 de julio de 2007, en un mes poco dado a grandes debuts en la pequeña pantalla, la cadena AMC decidió estrenar una serie en la que todo el mundo fumaba, bebían a cualquier hora y los prejuicios estaban a la orden del día. La acción, esa que atrae tanta audiencia, no tenía cabida en esta producción, en la que la emoción llegaba en forma de campaña publicitaria. Ocho años y más de una decena de premios después, «Mad Men» regresa por última vez. Y para despedirse sólo contará con siete episodios, el primero de los cuales se estrenará en Estados Unidos esta noche, y a partir de mañana estarán disponibles para los clientes de Canal + en versión original subtitulada.

La costumbre de la cadena de dividir en dos la última entrega de sus series, ya lo hizo con «Breaking Bad», sitúa a los espectadores ante un panorama poco frecuente. No se estrena una nueva temporada, sino que continúa con la narración que quedó interrumpida hace casi un año. Tras siete temporadas, la creación de Matthew Weiner se ha consolidado entre las grandes producciones televisivas de este siglo, gracias a su historia, sus grandes personajes y su poderoso y cuidado estilo. Y sabedor de la expectación que rodea a la serie y del poder que ostenta, al ser el padre de «Mad Men», Weiner no ha permitido dar a conocer el más mínimo detalle sobre lo que aguarda a los espectadores en el desenlace de la historia de Don Draper. Y de Peggy Olson, por qué no decirlo. Porque aunque el personaje de Jon Hamm es el icono, literal y figuradamente, de la serie, tan importante como su oscura historia ha sido el recorrido de la joven a la que vimos por primera vez siendo una temerosa secretaria y hoy es, a veces, una respetada publicista.

De lo que sí se preocupó Matthew Weiner, el creador nacido en Baltimore, fue de dejar las expectativas por todo lo alto con el final de la primera mitad de la temporada. Tras la muerte de Bert Cooper la empresa se enfrenta a un importante reto en el peor de los momentos: Don Draper en la cuerda floja, los clientes perdiendo la confianza y con los problemas propios de la última transformación de lo empresa, que amenazan la estabilidad de la misma. Así que Roger Sterling decide ponerse a los mandos y tomar una decisión desagradable, pero que contribuirá a la estabilidad de los intereses de todos los socios.

Sin embargo, ellos libran sus propias batallas, Ted Chaough contra su propio ser, Jim Cutler tratando de aferrarse a su puesto y Harry Crane logrando ser uno de ellos en el peor de los momentos. Por su parte, Pete Campbell y Don Draper afrontan, por separado, la realidad de sus lamentables relaciones personales y unen sus fuerzas alrededor de los deseos de Peggy por atrapar a un nuevo cliente para la agencia, Burger Chef. Este trío, en el que la joven intepretada por Elizabeth Moss se alza con la voz cantante cuando llega la hora de convencer a los clientes, hace unas temporadas habría parecido más que improbable. Pero Pete ha optado por alinearse con el talento de Don, mientras que éste comparte con Peggy el desasosiego de su vacío existencial más allá de las paredes de la agencia, y ella trata de ver en Pete sólo el pobre diablo que es.

El baile de Don y Peggy en el penúltimo episodio, moviéndose al son de la mítica voz de Frank Sinatra entonando «My Way», fue la pipa de la paz en esta relación a medio camino entre mentor y alumna y padre e hija. De la admiración pasaron al odio, –es lo que tienen los desengaños laborales–, pero ambos fueron capaces de convivir cuando los destinos de sus agencias lo hicieron necesario. Y a partir de ahí los paralelismos en sus vidas les sitúan uno frente al otro, sabedores de que a pesar de las diferencias, sólo ellos pueden entenderse.

Por delante quedan siete episodios en los que deberán afrontar las consecuencias de sus decisiones y rendirse, quizá, ante lo que les depare el destino. Ante la falta de noticias sobre acontecimientos más concretos, y sabiendo del gusto de Weiner por la Historia, no sería extraño que el asesinato de Sharon Tate, la celebración del Festival de Woodstock o las manifestaciones contra la guerra de Vietnam jugasen un papel relevante en los próximos capítulos. Porque Weiner ha sido muy cuidadoso a la hora de situar a sus personajes frente a momentos históricos de los 60, como el asesinato de Kennedy o la llegada del hombre a la Luna, situaciones en las que sus vidas personales sufrieron grandes transformaciones.

Atravesar la pequeña pantalla

Más allá del antihéroe y la historia que deja tras de sí, de los Emmys que las estanterías de la AMC acogieron con el orgullo de saber que era la primera serie de cable en conseguirlo, o de la satisfacción personal de Weiner, «Mad Men» ha logrado lo que muy pocas, atravesar la pequeña pantalla. Porque gracias al viaje a los 60 que semana tras semana nos ofrecía Weiner, la moda, el mobiliario, la música o las películas de la época se han incorporado a nuestras vidas, que se parecen a las de los personajes más de lo que pensamos.

Firmas de moda como Banana Republic han dedicado colecciones a recuperar el estilo del momento, hoteles como el Roosevelt de Nueva York han celebrado fiestas temáticas en las que los sesenta renacían en coloridos vestidos y canciones de los Beatles e incluso empresas cristaleras, como la prestigiosa Waterford de Irlanda, han dedicado una colección de vasos a la serie, sabedores de su importancia en la historia vital de Don. Todo con tal de tener algo que ver con esa serie en la que lo único que pasa es la vida de unos seres atrapados en mentiras, que viven de seducir con palabras al espectador más interesado. La vida misma.