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Cuando sea mayor le cuidará un robot

Japón apostará por la robótica en el cuidado de la tercera edad debido a su envejecimiento poblacional y al déficit de profesionales del sector. España podría afrontar una situación similar.

  • Cuando sea mayor le cuidará un robot
Madrid.

Tiempo de lectura 4 min.

07 de febrero de 2018. 23:56h

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J.V. Echagüe Madrid. 7/2/2018

Japón se «robotiza». Su envejecimiento poblacional, con un 27% de sus habitantes mayor de 65 años, ha llegado a un punto en el que no va a haber cuidadores «humanos» para todos: el déficit de trabajadores en este sector previsto para 2025 es de 370.000. Así, según ha adelantado el rotativo británico «The Guardian», el Gobierno nipón va a aumentar la producción de «robots cuidadores». Y en los próximos años, podrían llegar a cuidar al 80% de sus ancianos. Es una novedad, pero estaba cantada: no hace mucho, ya anunciaron subvenciones para robots «low cost», que se alquilarían a un 10% de su precio de mercado.

El envejecimiento no es sólo un problema japonés. La UE ha tomado nota. Dentro de su programa horizonte 2020 se han destinado 185 millones de euros destinados a investigaciones de robótica para paliar las necesidades físicas y mentales de la tercera edad. Y es que la situación de Japón va camino de replicarse en nuestro continente. Según la Organización Nacional del Trabajo, el ratio mínimo de cuidadores que se precisan es de 4,2 por cada 100 ancianos. ¿Cuál es actualmente en España? Sólo 2,9. Hay países en peor situación. En Francia, por ejemplo apenas llega a 1,1.

Sí, también en nuestro país tenemos déficit de cuidadores. Según datos facilitados por Sanidad, Servicios Sociales e Igualdad, los afiliados al sector de servicios sociales son 413.266. Mientras, el número de prestaciones para cuidados en el entorno familiar es de 385.476. Con todo, la Asociación de Directores y Gerentes de Servicios Sociales añaden a estas cifras que «hay 310.000 personas dependientes en lista de espera», afirma a LA RAZÓN José Manuel Ramírez, director de la asociación. Así, esto obligaría a contar con «100.000 cuidadores profesionales más» –como auxiliares de clínicas geriátricas, auxiliares en los hogares, etc– y «100.000 cuidadores más no profesionales», es decir, familiares –el 94% mujeres– que reciben una prestación de 270 euros de media.

¿Contaremos con robots que cuiden de nosotros en el futuro? Parece probable, teniendo en cuenta que España, con una de las esperanzas de vida más longevas del mundo, albergará un 34,6% de población mayor de 65 años en 2066. Pero la respuesta tiene matices. «El nombre de ''robot cuidador'' es confuso. Es preferible hablar de ayudas a personas mayores con robots. Son un complemento, una ayuda técnica al cuidador o terapeuta humano. Si no, se da la impresión de que es un robot el que sustituye al cuidador tradicional. Y eso es algo que hoy día no es ni posible ni deseable», afirma a este diario Miguel Ángel Salichs, catedrático de Ingeniería de Sistemas y Automática en el Robotics Lab de la Universidad Carlos III de Madrid.

Sí, los robots que ayudarán a nuestros mayores ya son inminentes. En lo que respecta al plano físico, la mayor apuesta a día de hoy son los exoesqueletos, que permiten superar las limitaciones de movilidad. «Muchos de ellos son prototipos. Necesitamos que sean más ligeros, con baterías que no se agoten en poco tiempo», afirma Salichs. Sin embargo, igual de importantes son las limitaciones no físicas: la soledad, la falta de compañía, la estimulación cognitiva... o la detección de posibles problemas de toda persona mayor que vive sola. Es lo que se llama la «robótica social». De hecho, el laboratorio de la Carlos III lo probó con el llamado proyecto MOnarCH: la utilización de robots que interactuaban y jugaban con niños pacientes de cáncer repercutía positivamente en sus terapias. Tecnologías de vanguardia, como la del aprendizaje automático de máquinas o el reconocimiento facial y de voz prometen avances.

Eso sí, que nadie espere «replicantes» sacados de «Blade Runner». O de esos robots humanoides, la mayoría procedentes de países asiáticos. «Estamos muy lejos de los robots de las películas. Muchos de esos son prototipos de laboratorio, no desarrollados aún para ser productos comerciales», asegura Salichs. No hay que olvidar, además, que los robots de apariencia humana no son aconsejables. Así lo indican algunos estudios. «Si los robots fueran exactamente iguales a los humanos, los aceptaríamos. El problema está en si se limitan a ser parecidos, pero no iguales. Esa diferencia es la que genera un rechazo».

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