¿Dejaría de usar su móvil durante un año por 80.000 euros?

Una empresa estadounidense ofrece una «recompensa» a los que se animen a pasar 365 días sin su smartphone. Uno de cada dos usuarios reconoce que sería incapaz de vivir sin estar permanentemente conectado a la red, en especial en Navidad, la época en la que más se usa internet.

Los jóvenes son los que más tiempo pasan frente a las pantallas de los smartphones
Los jóvenes son los que más tiempo pasan frente a las pantallas de los smartphones

Una empresa estadounidense ofrece una «recompensa» a los que se animen a pasar 365 días sin su smartphone. Uno de cada dos usuarios reconoce que sería incapaz de vivir sin estar permanentemente conectado a la red, en especial en Navidad, la época en la que más se usa internet.

Se han instalado en el paisaje de nuestro día a día. Forman parte de la lista de «imprescindibles» que repasamos antes de salir de casa. De hecho, nadie mantiene la esperanza de que no vayan a ser un «comensal» más en las cenas de Navidad que están a la vuelta de la esquina. Tampoco de que miles de pantallas iluminen los pies de la madrileña Puerta del Sol al filo de las Campanadas. Los móviles son un instrumento de ocio y trabajo a partes iguales, tanto que, en muchos casos, sobrepasan la delgada línea que separa la afición de la adicción. Su uso compulsivo ya tiene nombre: nomofobia, un «palabro» al que nuestros oídos ya se han acostumbrado. En España pasamos frente a ellos más de cinco horas al día. Tal es el grado de «enganche» a smartphones, tabletas y ordenadores que no son ni una ni dos las empresas que están buscado voluntarios que quieran dejar de lado las nuevas tecnologías durante un periodo de tiempo determinado para poder estudiar su comportamiento en un contexto impropio de este siglo. La tarea no es nada sencilla, tanto que han tenido que elevar la «recompensa» a una cifra que asusta: 80.000 euros por 365 días sin teléfono. En una primera impresión, es fácil pensar que la mayoría aceptaría sin pensarlo. Pero, ¿son suficientes 80.000 euros por todo un año sin usar la forma de comunicación más extendida en el siglo XXI?

La compañía Vitaminwater que ha lanzado la oferta se remite a un estudio que afirma que una de cada dos personas reconoce que no sería capaz de vivir sin su smartphone. Menos aún en estas fechas: varias investigaciones concluyen que la Navidad es la época del año en la que más usamos los móviles. En concreto, el 63 por ciento de los españoles respalda esta afirmación. Según el Estudio Wiko, uno de cada cuatro encuestados afirma consultarlo, al menos, cada 20 minutos. El 11 por ciento del total subraya que lo hace cada vez que recibe un nuevo mensaje. Otro informe de la compañía Ikea muestra que el 70 por ciento de los españoles lamenta que el uso excesivo de los teléfonos móviles «mata» el espíritu navideño. El 77 por ciento de los entrevistados en el mismo muestreo indica que tiene la sensación de que sus compañeros de mantel están más pendientes del móvil que de interactuar con el resto.

Y ese es, precisamente, uno de los principales problemas que los expertos alertan: por el abuso de las nuevas tecnologías se ha perdido la calidad de las relaciones personales. Por no hablar de la «dejación de las obligaciones y las actividades cotidianas», tal y como señala Jorge Flores, presidente y fundador de la asociación Pantallas Amigas. Algunos casos llegan a tal extremo que los profesionales optan por recetar psicofármacos que ayuden a controlar la adicción, sobre todo cuando se presenta acompañada de cuadros de ansiedad, inestabilidad afectiva y déficit en el control de impulsos, según explica en Área Humana la psiquiatra especialista en Neurociencias, Rocío Perea.

Por edades, los adolescentes son los más vulnerables por encontrarse en una etapa del desarrollo en la que empiezan a gozar de cierta autonomía y, por ello, rechazan los consejos y el control parental. Pero el uso de las nuevas tecnologías cada vez empieza más temprano, a pesar de que antes de los dos años «las pantallas no deberían usarse ni siquiera como una forma de entretenimiento», afirma Jorge Flores. A medida que pasan los años también se amplía el tiempo «permitido» con las nuevas tecnologías. «Entre los dos y los seis años serían como máximo dos horas para dibujos animados o algún programa interactivo», detalla. A partir de ahí, «habría que ver el tipo de uso. Puede ser un tiempo empleado viendo una película en el ordenador y ahí no habría mayor problema».

«Las redes sociales, y en concreto internet, han cambiado la manera en que vivimos y cómo mantenemos el contacto con amigos y familiares, pero es difícil encontrar una evidencia que sostenga que internet nos hace más ricos o productivos en el trabajo», explica Jay Corrigan, el responsable de un estudio publicado ayer en la revista «Plos One», que concluye que, de media, los usuarios demandarían al menos mil dólares para mantenerse un año alejados de Facebook. Eso a pesar de que no sería difícil suplir esta falta con otras redes sociales. Hoy en día, sobrevivir sin internet se paga.

Todo esto ha hecho que aumenten las campañas de sensibilización del uso abusivo de los teléfonos móviles. Asimismo, las aplicaciones que miden que empleamos en los smartphones en general, y en algunas aplicaciones en particular, también ven cómo aumenta su número de adeptos. Y es que, para los expertos en tecnología, precisamente el desconocimiento del tiempo real que pasamos delante de las pantallas es lo que hace aún más peligroso su uso descontrolado. «Debemos tomar conciencia de cuánto tiempo empleamos en ellos y a qué lo destinamos. Por eso es importante medirlo de forma objetiva», añade Flores.

El presidente de Pantallas Amigas anima a la población a hacerse una pregunta: «¿Qué dejas de hacer por destinar demasiado tiempo en las nuevas tecnologías?». Entre tanto, los estudios afirman que en 2019 ya dedicaremos más tiempo a internet que a ver la televisión. A nivel mundial, los usuarios pasaremos unas 170,3 minutos al día viendo la televisión, por los 170,6 que emplearemos en navegar por internet. Se trata de una media global; por continentes, Norteamérica y Europa serán la excepción.