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Después del zika, la fiebre amarilla

La Organización Mundial de la Salud considera que España es el sexto país de Europa con más riesgo de transmisión del virus. El organismo se reúne hoy para analizar el nuevo brote de fiebre amarilla

  • Después del zika, la fiebre amarilla

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19 de mayo de 2016. 00:33h

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20/5/2016

«Existe riesgo de que el virus Zika se extienda este verano en la región europea y varía de un país a otro», afirmó ayer Zsuzsanna Jakab, directora regional de la Organización Mundial de la Salud (OMS) para Europa. Y es que, con la llegada del buen tiempo, uno de los vectores que transmiten el virus es el mosquito tigre, que está presente en toda la zona mediterránea. Es por ello por lo que, de los 54 países que se han analizado, la OMS ha determinado que en 18 de ellos existe un «riesgo moderado» de que se den casos autóctonos. España se situaría entre ellos. Es más, ocupa el puesto número seis de los 54. Sólo están por delante Francia, Italia, Malta, Croacia e Israel. «Lo que más hemos tenido en cuenta para realizar esta evaluación son las probabilidades de transmisión y la capacidad de detección y contención de cada país», explica a LA RAZÓN Joao Pires, médico consultor de la OMS-Europa.

«No podemos disponer de estimaciones porque, aunque sepamos dónde están estos mosquitos no tiene por qué afectar a toda la población», añade el experto.

«Atendiendo a los criterios utilizados por la OMS, la capacidad de contención en España sería ‘‘muy buena’’, lo que nos permite pensar que en caso de identificarse algún caso autóctono, se podría contener la transmisión», explica a este diario Fernando Simón, director del Centro de Alertas y Emergencias Sanitarias del Ministerio de Sanidad. Pero los casos, es muy probable, que puedan aparecer a medida que se instale el buen tiempo. «Dada la alta incidencia de la enfermedad en zonas endémicas con estrecha relación con España y la susceptibilidad a la infección de toda la población, al no haber estado en contacto previo con este virus, este riesgo de transmisión autóctona existe. El riesgo casi desaparece durante el periodo invernal, pero aumenta en verano, cuando las condiciones climáticas son favorables», sostiene Juan González del Castillo, responsable del grupo de enfermedades infecciosas de Semes (Sociedad Española de Medicina de Urgencias y Emergencias).

Nuestro país entraría dentro del grupo con riesgo moderado, que no alto, porque el vector presente en la Península no es el principal transmisor (lo es el Aedes aegypti) porque no convive dentro de las casas y «pica menos veces», recalca Pires. Aún así, desde la OMS mandan un mensaje único: «Pedimos a los países con más riesgo de transmisión que refuercen sus protocolos y que den prioridad a las actividades que impidan un gran brote de Zika», añadió la directora regional que abarca a los 54 países con una población de casi 900 millones. «El riesgo es, en su mayoría, en el sur de Europa y especialmente alrededor de la costa mediterránea», afirma Paul Hunter, profesor de Salud Pública de la Universidad East Anglia, experto que colabora con la OMS. Añade que «aunque el Zika empezara a extenderse en Europa es poco probable que el brote continúe pasado el invierno».

El Zika se ha convertido en la principal preocupación de los gobiernos occidentales. Pero ésta no es la única enfermedad que transmite el mosquito Aedes, sino que la expansión de este insecto por numerosos países puede favorecer muchos otros virus, como el de la fiebre amarilla. Hoy, por primera vez, se reúne el Comité de Emergencia de la OMS para evaluar este nuevo riesgo. Como alertan dos expertos en Salud Pública, Daniel Lucey y Lawrence Gostinsay, de la Universidad de Gerorgetown, el escaso suministro de vacunas contra este virus puede convertir la enfermedad en la nueva emergencia de salud global, como ya lo es el zika, desde febrero.

El problema radica en que, hasta el momento, la expansión de la fiebre amarilla estaba muy controlada y los países de América latina y África con casos endémicos estaban acotados y controlados. No obstante, hace sólo unos meses el virus ha empezado a contagiar a personas de países donde antes no se había dado, como es el caso de Angola. De acuerdo con los datos de la OMS, en enero de este año el Institut Pasteur de Dakar confirmó el brote en este país. El último dato, del pasado 11 de mayo, eleva la cifra de casos a 2.267, de los que casi 300 fallecieron. Y es que, a pesar de la campaña de vacunación, la circulación del virus por el país se mantiene. El motivo por el que este nuevo brote pueda convertirse en una emergencia internacional es que otras zonas alejadas de Angola recogen casos importados: en Congo se han dado 39 casos, en Kenia, 2 y en China, 11. Este último es el que más preocupa a los expertos porque, hasta el momento, la fiebre amarilla no había llegado a Asia. Al igual que ocurre en nuestro país, aunque el principal transmisor de la enfermedad, el Aedes, no esté presente, sí que existen vectores secundarios como el Haemogogus.

Manuel Linares, del Grupo de Enfermedades Infecciosas de Semergen (Sociedad Española de Médicos de Atención Primaria) y presidente de la Fundación IO, asegura que «se están barajando varias posibilidades porque el mayor riesgo al que nos enfrentamos es a la expansión del virus en Asia».

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