Religión

Un pontificado a examen

Diez estocadas para una década del papa Francisco

Lejos de ser un Papa de transición, desde el 13 de marzo de 2013 Jorge Mario Bergoglio comenzó a reformar la Iglesia bajo una premisa provocadora: «La fidelidad es cambio»

Aquella tarde llovía a cántaros en la Plaza de San Pedro. Ya era de noche cuando en la logia central se vislumbró el devenir del Papa que tomaba el relevo de Benedicto XVI. Su nombre se escuchó en latín. A pocos les sonaba Jorge Mario Bergoglio, el cardenal arzobispo de Buenos Aires. Entre los paraguas se divisó al nuevo Obispo de Roma inclinándose, no solo para recibir la bendición de Dios, sino también de los fieles presentes. Un gesto al que le siguió su sueño posterior de una Iglesia «pobre para los pobres». Francisco se mojó en todos los sentidos inaugurando así un pontificado de espíritu emprendedor que se podría recogerse en, al menos diez reformas que explican su atractivo para los de fuera y las resistencias de no pocos nostálgicos preconciliares en las sacristías.

1. CURIA. En la reuniones previas al cónclave, los cardenales demandaron reestructurar el engranaje de la Santa Sede que pecaba de elefantiasis y carrerismo. Bajo la máxima del «verdadero poder es el servicio» ha reorganizado todos los departamentos, ha sustituido los puestos de «por vida» en altos cargos por contratos por cinco años... Todo eso lo ha compilado en la constitución «Praedicate Evangelium» que aprobó el año pasado.

2. ECONOMÍA. Francisco recogió un Vaticano, no solo en bancarrota, sino con corruptelas financieras. El calibre de estos cambios es tal que, por ejemplo, el IOR –la Banca Vaticana– ha dejado de ser el refugio fiscal y los pagos en cualquier ente romano se realizan con tarjeta para evitar los sobres. Entre otras medidas, se han vetado los contratos de obras a dedo y se ha establecido lo más parecido a un concurso público.

3. LOS ABUSOS. En febrero de 2019 convocó una cumbre inédita con los presidentes de todas las Conferencias Episcopales del mundo exclusivamente para aplicar la llamada «tolerancia cero» contra esta lacra, no hablando solo de pecado sino de delito, poniendo a las víctimas en el centro, reformulando el derecho canónico para no dar tregua alguna a los depredadores.

4. VATICANO II. Los teólogos ven a Francisco como sucesor de Pablo VI en su impronta a la hora de aplicar el Concilio. Ejemplo es el cerco a la misa tridentina. Frente a lo que tacha de «tradicionalismo ideológico», Bergoglio apuesta por una renovación desde la tradición: «La fidelidad es cambio».

5. AGENDA SOCIAL. En la agenda del pontífice argentina se han convertido en prioritaria la Doctrina Social, esto es, «la defensa de la vida y de todas las vidas», del aborto a la eutanasia, pero con una atención prioritaria a los más pobres: migrantes y refugiados, víctimas de la trata...

6. DIVORCIADOS. Está abonando cambios desde su apuesta por los grupos discriminados en la Iglesia. Una sola nota al pie en la exhortación «Amoris laetitia» abrió la puerta a la comunión a los divorciados vueltos a casar.

7. HOMOSEXUALES. «¿Quién soy yo para juzgar?». Esta pregunta que lanzó a los pocos meses de llegar a Roma se ha convertido en el eje de una nueva era en la acogida al colectivo LGTBI. No ha cambiado una sola línea del catecismo, pero ha eliminado toda condena y referencia patológica.

8. ECOLOGÍA INTEGRAL. «Laudato si» es la primera encíclica de un Papa que llama a los católicos a comprometerse con el medio ambiente, con «la Casa Común y quienes la habitan». Es reflejo de su deseo de conectar a la Iglesia con los problemas de la gente y no «pontificar» en abstracto.

9. SINODALIDAD. Bajo esta palabra se esconden las bases de la Iglesia del futuro. Ha puesto en marcha un Sínodo sin precedentes con el ánimo de que se deje de identificar a la institución solo con cardenales, obispos, sacerdotes y religiosos, para que los cristianos de a pie tengan voz y sean corresponsables en acción y decisión.

10. ALEGRÍA. Su encíclica programática «Evangelii Gaudium» no solo era una hoja de ruta, sino reflejo del carácter cercano y alegre de un pontífice, que ha querido dejar de lado la imagen de una Iglesia inquisidora en la que se reserva el derecho de admisión por el «hospital de campaña».