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Diferentes formas de reivindicar

Así se ha vivido la huelga por el Día Internacional de la Mujer

  • Camareras de piso, profesoras de instituto, estudiantes de enfermería, dependientas... Todas celebraron el Día Internacional de la Mujer. Y muchas lo hicieron acudiendo a su trabajo como forma de reivindicar el papel femenino
    Camareras de piso, profesoras de instituto, estudiantes de enfermería, dependientas... Todas celebraron el Día Internacional de la Mujer. Y muchas lo hicieron acudiendo a su trabajo como forma de reivindicar el papel femenino

Tiempo de lectura 8 min.

09 de marzo de 2018. 03:32h

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9/3/2018

► Carmen y Mari: Camareras de piso

««No somos chachas, sino trabajadoras»»

Ellas son las que aguardan en los pasillos de los hoteles a que los clientes salgan de sus habitaciones. Las que tiran con un brazo de carros repletos con sábanas y con otro sujetan el limpiacristales. Un colectivo esencial para el turismo –que el pasado año alcanzó 81 millones de visitantes– y que se ha convertido en uno de los protagonistas inesperados de las reivindicaciones del Día de la Mujer. «No somos chachas, sino trabajadoras», dice Mari Carmen, una de las dos caras visibles que ayer representó a un gremio acongojado por la precariedad.

Diferentes formas de reivindicar

La mayor parte de sus compañeras prefirieron ir a sus respectivos hoteles, limpiar 16 habitaciones en cinco horas y cobrar dos euros –de media– por cada una. «Hay mucho miedo a las represalias». Mari Carmen lleva 35 años sin que le paguen las horas extra y Carmen 22 sin un contrato fijo. «Los hacen por horas, por lo que ninguna quiere arriesgarse a que no la vuelvan a llamar», señala esta última, que espera que las negociaciones con el presidente del Gobierno, Mariano Rajoy, lleguen a buen puerto. «Es necesario, nuestro trabajo ha sido invisible durante mucho tiempo».

O, al menos, así es como se sienten. Como también lo es que tengan que medicarse a diario para soportar los dolores acumulados. «Ya no puedo peinarme, nadar o conducir el coche», señala Carmen, que tiene dos tendones rotos y el síndrome de Quervain –tendinitis– en la muñeca.

A pesar de ello, se muestran fuertes y decididas a cambiar las condiciones. Su principal caballo de batalla es denunciar la externalización que ha supuesto reducciones de hasta el 40% de sus sueldos. Por el momento, Rajoy se ha comprometido a recibirlas en Moncloa y a ampliar el cuadro de enfermedades profesionales. «También lo debería hacer con la jubilación anticipada porque, con 65 años, ¿cómo voy a poder hacer 16 habitaciones diarias?».

► Marta: Profesora de instituto

«He venido a dar clase de Igualdad a mis alumnos»

Marta es profesora de un instituto madrileño y ayer decidió hacer su particular jornada reivindicativa por el Día de la Mujer dando una clase sobre igualdad en la hora de Lengua. Quería explicar a sus alumnos cómo ha evolucionado la situación de la mujer desde los años cuarenta hasta nuestros días. «En la época de vuestras abuelas se consideraba a las mujeres inferiores a los hombres, no tenían más dimensión que la de ser madres, eran sumisión. Esa desigualdad provocaba que no pudieran ser independientes porque, además, estaba mal visto que las mujeres trabajaran». Marta lo explica con un «power point» ante la atenta mirada de los alumnos. «Incluso había mujeres que tenían una opinión muy negativa de ellas mismas, como Pilar Primo de Rivera, que decía: “Las mujeres nunca descubren nada, les falta, desde luego, el talento creador reservado por Dios para las inteligencias varoniles” (la frase se ilustra con una imagen de Marie Curie)...

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Afortunadamente, la situación ha cambiado», concluye. Berta, la profesora de Matemáticas, también ha decidido no explicar hoy las ecuaciones de segundo grado para hablar de Ada Byron, uno de los personajes más interesantes de la historia de la computación. Mientras, en el pasillo, unas alumnas cuelgan unos murales en las paredes con historias de mujeres. Su profesora les ha encargado investigar sobre aventureras y viajeras. Allí puede verse a Brenda Collins, una joven periodista de Kent que recorrió EE UU y Canadá en moto con una máquina de escribir portátil. ¿Y que habéis aprendido de este trabajo? «Que la vida no es tan bonita como parece porque a estas mujeres no las trataban con tanto respeto como a los hombres pero, al final, aquella que lucha con fuerza por sus sueños puede lograrlos», dice una alumna.

Paula y Ana: Estudiantes de Enfermería

«Hacemos paros, pero a los enfermos hay que atenderlos»

Las mujeres que trabajan en Sanidad se han encontrado con un problema a la hora de hacer huelga: «Nosotras tratamos a mujeres con cáncer y no las podemos decir que no las vamos a dar el tratamiento de Radioterapia», explica Pilar, una de las técnicos que, junto a muchas compañeras, salieron a las 11:30 a la puerta del Hospital La Paz de Madrid para mostrar su apoyo a la huelga de mujeres que se convocó ayer en toda España. «Nosotras, por suerte, no notamos la brecha salarial porque tenemos estipulado el mismo sueldo para hombres que para mujeres, pero sabemos que no ocurre así en todas las profesiones», añade. A su lado está María, también técnico de Radioterapia, que insiste en que «la base del cambio está en la enseñanza, en que se eduque en igualdad en casa y en la escuela». María no duda en coger el altavoz para insistir en uno de los lemas de este día de reivindicación: «¡No es no!», repite. En la puerta principal del centro sanitario ondean banderas de Comisiones Obreras y miembros del Movimiento Asambleario de Trabajadoras/es de Sanidad (MATS) reparten lazos morados. «No hemos conseguido una buena movilización porque cada sindicato promulgaba una cosa y, además, los servicios mínimos que han marcado son muy altos», explica Paz, la portavoz.

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A un lado, mientras se hacen una foto, Paula y Ana, estudiantes de Enfermería y que trabajan en quirófano, explican su postura: «Sí que se han dado algunos parones. Hemos tenido que hacer relevos, pero las operaciones han continuado. Hay que atender a los enfermos», insisten.

Aurora y Carmen también se sumaron a la concentración. Trabajan en Extracciones. «No hemos parado porque no es viable. No podemos desatender nuestra labor», dice Carmen. Y es que, como reza el lema de la ONT: «Sangre es vida».

► Elisabeth y María: Dependientas

«Yo reclamo esto todos los días, pero en el trabajo»

Si el éxito de una huelga se mide por su capacidad de paralizar los diferentes sectores económicos, en lo tocante al comercial la de ayer fue un fracaso. Al menos en Madrid. En el centro de la capital, apenas un puñado de locales cerraron para protestar. La mayoría permaneció abierto y a pleno rendimiento. Grandes y pequeños. Y con las dependientas en sus puestos. Algunas, como Elisabeth, que trabaja en una tienda de bisutería en la calle Preciados, convencidas de que la suya es la forma adecuada de reclamar la igualdad. «Yo reivindico todos los días esto, pero en el trabajo», afirma con un tono de gran seguridad. «No he querido hacer huelga porque me gusta trabajar», remacha.

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Elisabeth no es la única que no comulga con el paro de ayer. María, dependienta en un herbolario aledaño a la Gran Vía, comparte los anhelos de las que hicieron huelga pero cree que no lograrán nada con ello, aunque reconozca su impacto. Opta por el pragmatismo. «Prefiero estar a buenas con el jefe que disgustada», dice.

En una tienda de cafés próxima a la Puerta del Sol, sus tres dependientes, dos mujeres y un hombre, trabajan como cualquier otro día. «Es un absurdo plantear un día así y al siguiente volver a las andadas», dice la más veterana. ¿Qué hacer entonces contra la desigualdad? Educar. «Hay que empezar en el colegio. Los niños son el futuro. Nosotros ya tenemos lo que tenemos», dice con resignación.

La economía doméstica también pesa, y mucho, en los que ayer acudieron a su puesto de trabajo. Elisabeth reconoce que algunas conocidas no pararon para no perder un día de paga. «Tengo el dinero contado para vivir. Si no, la hubiera hecho», dice un dependiente de una tienda de videojuegos, que considera «más que justas» las reivindicaciones de las mujeres.

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