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Durmiendo con un psicópata

  • La pareja siempre se ha mantenido unida, incluso cuando la hermana gemela de Rosario denunció a Abuín por violación
    La pareja siempre se ha mantenido unida, incluso cuando la hermana gemela de Rosario denunció a Abuín por violación

Tiempo de lectura 8 min.

21 de enero de 2018. 01:17h

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21/1/2018

Entre los hobbies favoritos de Ted Bundy, el asesino de la carretera, estaban la pornografía y las mujeres jóvenes de pelo largo y liso con la raya en medio. Sus más de 29 víctimas reunían esas características. A la primera le abrió la cabeza con una barra de hierro mientras dormía. Sin embargo, el resto de féminas seguían viendo en él una desmedida cortesía que les hacía olvidar cada uno de sus crímenes. «¿Qué más da una persona menos sobre la faz de la Tierra?», dijo ante la corte que se encargó de juzgarlo. Esa excesiva frialdad y falta de empatía también fue común en Peter Kurten –el vampiro de Düsseldorf–, John Wayne –el payaso asesino–, Aileen Wournos –la prostituta asesina– y Jeffrey Dahmer –el carnicero de Milwaukee–. A todos ellos, la posibilidad de quedarse solos les perturbó hasta su muerte.

Son psicópatas, pero no en un sentido coloquial. La psicopatía fue uno de las primeras alteraciones psicológicas de las que se tiene constancia. El sujeto que la sufre es una persona sin déficit en las facultades cognitivas, pero con un severo daño en la capacidad afectiva. Es decir, presenta una alteración del carácter o de la conducta social, pero eso no se traduce necesariamente en un comportamiento delictivo. Aunque, en muchos casos, el criminal también actúa como un psicópata. «Si la situación se complica, podría matar. Ellos siempre son los primeros para sí mismos y los únicos que pueden salvarse», explica a LA RAZÓN Isabel Calle, psicóloga clínica. «Si algo les caracteriza es que utilizan a la gente como esclavos para sus fines y caprichos».

José Enrique Abuín, presunto asesino de Diana Quer, podría ser uno de ellos. Desde la desaparición de la joven madrileña en A Pobra do Caramiñal el 22 de agosto de 2016, ha estado utilizando a su mujer, Rosario Rodríguez, a su antojo: primero, obligándole a sostener la misma versión del atropello accidental mientras le acompañaba a robar gasoil; segundo, negándole en varias ocasiones su posible participación en el delito, lo que motivó las sospechas y, por lo tanto, su encubrimiento; y, tercero, su capacidad para manipularla y conseguir que mantenga una mentira durante casi un año y medio. Pasado este tiempo prefirió cambiar la versión tras ser acusada de la muerte de Diana. Sin embargo, ¿qué motiva está conducta sumisa?

En primer lugar, habría que determinar si El Chicle tiene una personalidad que se corresponde con la de un psicópata y, por tanto, con la capacidad de manipular a su mujer. Y, en segundo, qué lleva a ésta a continuar apoyándole y preocuparse por su salud durante su internamiento –«Seguiré a tu lado», le dijo en una llamada a la cárcel–. Sin embargo, para ello sería necesario una exhaustivo análisis que, por el momento, no se ha realizado. En cambio, sí que pueden detectarse ciertos rasgos psicopáticos en su modus operandi y en sus patrones de conducta. «La mente de los psicópatas funciona como la de un depredador. Necesitan dominar a la otra persona en el ámbito sexual, encuentran el placer en el sometimiento», afirma Alicia Martos, psicóloga y analista de comunicación no verbal.

Uno de los rasgos definitorios de esta conducta es la anestesia afectiva y la falta de conciencia moral. «Sólo alguien con este rasgo es capaz de soportar la trascendencia del caso de Diana en los medios y pasar asiduamente por el lugar donde escondió el cadáver», continúa Martos. Tras su desaparición, Abuín publicó en Facebook una imagen en la que aparece con una camiseta en la que dice: «Mi hija será mi pequeño ángel, si la lastimas acabaré con tu vida». Esto demuestra su falta de empatía con los padres de la víctima y la ausencia de miedo o culpa, pues volvió a reincidir con la joven de Boiro. «Consigue a sus presas cazando, buscando situaciones vulnerables, por ejemplo, chicas jóvenes que caminan de noche solas y en lugares aislados».

Los psicópatas, además, sufren una incapacidad para comprender las normas de la sociedad, lo que explicaría la inclinación de Abuín por delinquir: sus antecedentes por agresión sexual y narcotráfico. Por tanto, considerando que El Chicle podría encajar en este perfil y que –según estimaciones– entre un 1 y un 3% de la población mundial presenta síntomas de psicopatía, ¿qué es lo que lleva a alguien a enamorarse de una persona así? «No es difícil enamorarse de ellos. Son atractivos, manipuladores y saben establecer relaciones dependientes e ir consumiendo poco a poco la voluntad de su pareja», añade Martos. Entre los ejemplo más radicales se encuentran los de Hitler y Eva Braun, Iòsif Stalin y Yekaterina Gueladze o Charles Manson y Afton Elaine. Todos ellos, criminales y psicópatas al mismo tiempo.

«Al inicio de una relación con un psicópata, éste se esmera en bombardear amorosamente a su víctima generando un tsunami de neurotransmisores que inunda el cerebro de la víctima, llevándole a una auténtica adicción». Para Iñaki Piñuel, experto en psicópatas integrados y acoso en las relaciones de pareja, el amor puede llevar a encubrir a alguien, pero también el miedo. «Y más concretamente el miedo a que se detecte su propia participación en el crimen». Por eso cree que entre José Enrique y Rosario hay «mucha más sintonía de lo que parece a simple vista. No me sorprendería que ella tuviera un perfil psicológicamente alterado que no ha salido aun en la investigación». De ahí, quizá, la insistencia de la familia Quer en que continúe siendo investigada en el caso.

Sobre el estado psicológico de ella, por el momento, no se conocen demasiado detalles, pero sí ha trascendido la violación de su marido a su hermana gemela y su conformidad con este hecho, dando prioridad a la versión de Abuín. «Podría deberse a procesos de autoengaño o de interés personal, es decir, puede ser que minimice las acciones negativas de su marido a conciencia por seguir cubriendo sus necesidades», cuenta Silvia Rodríguez, psicóloga especialista en dependencia emocional. «Tienen tendencia a idealizar a la pareja, a minimizar sus fallos, errores y defectos, y a maximizar los aspectos positivos.Tienden a una pobre autoestima y un autoconcepto erróneo, confiando más en los demás y asumiendo la culpa de todos los problemas de la pareja».

De tal modo que conforme aumenta el tiempo de relación, más crece el sentimiento de indefensión. «La idea del amor romántico», añade Rodríguez, «ha perjudicado mucho a la forma de relacionarnos en pareja. Asumir que éste es sinónimo de aguantar y de sufrimiento conduce a que muchos piensen que control y celos suponen más amor». Algo que Piñuel encuentra, cada día, en su consulta. «El cerebro femenino suele traicionar a muchas jóvenes que creen encontrar en la falta de empatía de los varones a un genuino macho alfa». «Generalmente, casi nadie suele escapar de las redes de manipulación de un psicópata cuando quiere conseguir enamorar a una víctima». «Su peligro radica en esa tremenda capacidad camaleónica que tienen de hacerse pasar por gente normal. Tras esa máscara de normalidad se oculta un depredador intraespecie», concluye.

«Lloran, pero por egoísmo»

Con frecuencia, en las relaciones con un psicópata se confunde el amor con la pura necesidad de ser queridos. En definitiva, sentir que se preocupan por uno. La persona que se siente insegura y llena de complejos, cuando encuentra pareja, aunque sea rara o extrema, lo prefieren a estar solas. «Su capacidad de compasión siempre hace que consigan justificarlos», explica Isabel Calle. Eso no supone que, en un principio, no hubiera algún sentimiento aproximado, pero alargadas en el tiempo se convierten en relaciones de comodidad y de interés que nada tienen que ver con el amor. El principal hándicap es la incapacidad del psicópata para enamorarse. «Sólo cuidará a su pareja mientras le sea útil. No tiene sentimientos». Por eso, llamó la atención las declaraciones del ex abogado de El Chicle, al ser consultado por el estado de su cliente: «Está bastante deprimido, bastante bajo». «Los psicópatas sí lloran, pero no por los motivos que lloramos los demás. Lo hacen por egoísmo, porque se sienten humillados», señala Silvia Rodríguez.

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