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El ADN de la momia que pudo cambiar la historia

Después de décadas de batalla legal, las pruebas genéticas concluyen que pertenece a los nativos americanos.

  • El estudio apunta que hubo dos olas migratorias hace 14.000 y 11.000 años
    El estudio apunta que hubo dos olas migratorias hace 14.000 y 11.000 años

Tiempo de lectura 4 min.

09 de noviembre de 2018. 00:06h

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Jorge Alcalde.  9/11/2018

El esqueleto tiene 10.600 años de antigüedad, pasa por ser la momia natural más antigua jamás encontrada y es objeto de un viejo debate legal. Se llama la Momia de la Cueva del Espíritu, fue hallada en los años 40 en Nevada y acaba de secuenciarse su ADN. Con este avance puede que se salde definitivamente la polémica que la ha acompañado.

La revista «Science» publicó ayer el genoma de esta reliquia humana como parte de un amplio estudio internacional que trata de secuenciar los genes de un grupo de momias controvertidas halladas a lo largo del continente americano, desde Alaska a las latitudes más septentrionales de América del Sur. Además de esta momia ahora presentada, se estudian los orígenes de los llamados Esqueletos de Lovelock, los restos de Lagoa Santa, una momia Inca y los huesos más antiguos hallados en Patagonia. Los más antiguos hallados son los de la Cueva del Espíritu. Los segundos restos momificados humanos más añosos son las momias de Trail Creek, en Alaska, de 9.000 años.

Los científicos, analizando los genes de mas de 15 enterramientos, han logrado trazar los movimientos migratorios de los primeros seres humanos que migraron a través de América y han descubierto que recorrieron de norte a sur el continente a una velocidad asombrosa. Además, han seguido el grado de interacción entre las diferentes familias migradoras.

Como primer resultado, el equipo de genetistas ha podido determinar con certeza que la momia de la Cueva del Espíritu corresponde a un nativo americano y han podido desterrar la idea de que antes de la presencia de los primeros nativos americanos existió otro grupo: el llamado Paleoamericano.

Pero se han detectado algunas otras sorpresas. Por ejemplo, se han encontrado rastros de genes de pueblos australasíaticos (del suroeste de Oceanía) en las momias de Lagoa Santa, en Brasil, lo que demuestra que existió un gran trasiego genético a través de grupos que se movieron de norte a sur, y viceversa.

Ambas momias –la de Nevada y la de Brasil– han sido objeto de encendidas discusiones científicas a lo largo de la historia. Basándose en la craniometría, los especialistas las habían identificado como paleoamericanas ya que, en apariencia, la morfología de sus cráneos era diferente a la de los actuales nativos americanos. Pero el nuevo trabajo demuestra sin género de dudas que estas dos momias están más relacionadas genéticamente con los americanos contemporáneos que con cualquier otro grupo secuenciado.

La historia de ambos restos humanos es realmente interesante. El cadáver de Lagoa Santa fue encontrado en el siglo XIX por el explorador danés Peter Lund. Ya él mismo estableció que se trataba de un grupo humano que no tenía que ver con los actuales americanos, lo que aventó las teorías sobre ancestrales pobladores del continente.

La momia de Nevada fue encontrada en 1940 en una pequeña hendidura en la roca. Su filiación no fue bien comprendida en un primer momento. Al principio se pensó que aquel hombre de unos 40 años había habitado la zona hace dos milenios. Pero los estudios de textiles y de fibras del cabello realizados en 1990 retrasaron su datación a nada menos que hace 10.600 años. Ninguna otra momia preservada de forma natural es más antigua.

Este dato provocó cierto revuelo político. Los miembros de la tribu Paiute-Shoshone que viven en Nevada reclamaron la afiliación del esqueleto como uno de los suyos y exigieron su repatriación (ya que estaba expuesta en un museo) bajo las leyes de Protección de Tumbas Nativas Americanas que garantizan en Estados Unidos el respeto a las tradiciones mortuorias de las culturas aborígenes. Pero la petición fue denegada ya que, debido a su antigüedad, se pensaba que el cuerpo perteneció a un grupo previo a los propios asentamientos nativos. La pelea legal entre antropólogos y representantes de la comunidad india fue encarnizada. Tras 20 años de lucha, ambas partes decidieron dejar el veredicto en manos de la genética.

Con permiso de los representantes Shoshone, un equipo de genetistas extrajo ADN de algunos huesos y descubrió que, efectivamente, el cuerpo comparte genes con los actuales nativos. Ahora, los restos pueden descansar tras ser enterrados bajo ritual Shoshone. La publicación del genoma en «Science» cierra el círculo de una difícil lucha legal y científica.

Pero su importancia va más allá del mero hecho de haber servido para cerrar esta batalla entre nativos y gobierno. Científicamente, el genoma de la momia de Nevada es fundamental para entender cómo se desplazaron los grupos pobladores de la América ancestral. Se ha demostrado que los primeros emigrantes partieron de Alaska y fueron separándose en pequeños grupos aislados que viajaron poco a poco hasta llegar a Patagonia. Pero ese viaje fue realmente rápido. En muy pocas generaciones los pobladores habían llegado a Brasil, como demuestra la similitud genética entre las momias de Nevada y la de Lagoa Santa. El ser humano de aquella época tenía una habilidad muy desarrollada para viajar.

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