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El gen machista del reguetón

Este género musical se ha convertido en la seña de identidad de la generación postmillennial que según el CIS presenta mayores dosis de misoginia que la de sus progenitores

  • Varios jóvenes posan para LA RAZÓN en una céntrica calle de Madrid mientras bailan reguetón
    Varios jóvenes posan para LA RAZÓN en una céntrica calle de Madrid mientras bailan reguetón / Alberto R. Roldán

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11 de marzo de 2018. 00:43h

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Ángel N. Lorasque,  Ángel Nieto.  11/3/2018

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Carlos es un estudiante ejemplar y, a punto de terminar el segundo trimestre, soprendería que alguna de sus calificaciones bajara del notable. A sus 15 años habla con una precisión que muchos adultos envidiarían. Mientras piensa en su futuro profesional en el que la medicina ocupa, de momento, un lugar privilegiado, se centra en otra de sus pasiones: la música. Acude semanalmente al conservatorio–la trompeta es su gran aliada–, y también hace sus pinitos como Dj. Una gran mesa de mezclas hace las delicias de sus amigos cuando acuden a su casa el fin de semana e incluso ya ha demostrado su valía en alguna sesión «light» (sólo para menores de edad). Allí todos los jóvenes le piden lo mismo: reguetón. «A mí me interesa más otro tipo de música, pero toda la gente de mi generación quiere reguetón, trap y esas cosas. Es un estilo musical cuyo ritmo es pegadizo, muy bailable y las letras son sencillas y se repiten con facilidad. El problema es el contenido que se transmite de manera subliminal. Es machista, trata a las mujeres como objetos, pero aún así la gente lo baila. Creo que muchos no son conscientes de lo que realmente dicen estas canciones, transmiten unos valores que no son buenos», asegura el adolescente segoviano. Y es que este genero musical se ha convertido en el ADN de una generación que, según el CIS (Centro de Investigaciones Sociológicas), es más machista que sus progenitores o abuelos. Los datos asustan. Uno de cada tres jóvenes entre 15 y 29 años, es decir, el 33%, considera aceptable controlar los horarios de sus parejas e, incluso, impedir que mantengan el contacto con su familia o amigos. También ven «inevitable» no permitirles que trabajen o estudien, así como indicarles lo que pueden hacer o no. Claro está que esta conducta no se debe a un sólo factor, pero entre los valores en los que se basa el proceso de madurez la música juega un papel, al menos, condicionante. Si a eso se suman las imágenes de videoclips de dichas canciones, el cóctel es explosivo.

«La pelirroja chichando es la más que se moja, le encojona que me llame y no lo coja. Peleamos y me bota la ropa y tengo que llamar a cotorra pa’ que la recoja. Tengo una chiquitita nalgona con el pelo corto Me dice papi vente adentro, si me preña», dice una de las canciones de Maluma que suma más de 800 millones de reproducciones en Youtube. «Son letras horribles, da vergüenza, pero no puedo dejar de escucharlas porque es pegadiza», dice Carolina Velasco, de 17 años.

–Y aún así, ¿la bailas?

–Bueno bailar no mucho porque se me da fatal, pero cuando voy a algún bar pues es lo que suena y qué voy a hacer ¿irme? Además, creo que las chicas somos las que más escuchamos y bailamos reguetón. Sé que cuando tenga 40 años me arrepentiré, porque los hombres serán más machistas y nosotras tendremos parte de culpa por haber permitido esto.

El pasado jueves, millones de mujeres, entre ellas muchas jóvenes salieron a las calles para exigir igualdad. Fue un éxito, una manifestación feminista histórica y España se convirtió entonces en el ejemplo de lucha para combatir la desigualdad de género. Las chicas del 8-M gritaron basta. Es la hora de acabar con el machismo y con los micromachismos que impregnan cada uno de los rincones de nuestro día a día y que se esconden en recovecos que ni si quiera ellas son, en muchas ocasiones, conscientes, como ocurre con el reguetón. «La música es un factor de socialización más, es complejo, pero al final dejan un sentimiento en la persona que a la larga tendrá un efecto negativo y ahí esta la responsabilidad de quiénes hacen estos productos y también del control parental en esta materia», apunta la profesora Meloni.

Los expertos alertan de las consecuencias que tiene este tipo de ocio, muy alejado de la inocencia característica de la adolescencia y que premia unos valores muy poco igualitarios. «Este tipo de música es tóxica porque transmite una imagen de la masculinidad y la feminidad muy preocupante y alterada. Se presenta a mujeres cosificadas sexualmente, hipersexualizadas y a hombre como machos alfa, dominadores», asegura Carolina Meloni, profesora de Ética y Pensamiento Político de la Universidad Europea especializada en pensamiento de género. Según ella, no se puede decir que haya un efecto directamente proporcional entre escuchar reguetón y ser machista, «es más bien, que esta música es la teoría y la práctica. Si se escucha siempre y sólo este género se tiene una visión del mundo muy reduccionista, así como de las relaciones interpersonales», añade. Es más, Meloni afirma que se establecen unos mecanismos entre coetáneos que fomentan la desigualdad.

Los estudios del CIS añaden más leña al fuego al asegurar que los adolescentes son mucho menos críticos con las actitudes machistas frente a generaciones más adultas. Por ejemplo, el 32% de las chicas menores de 30 años no ponen freno a estas conductas. Es más, las toleran. Cuatro puntos por encima (29%) de las féminas españolas en general. El 34% de los chicos menores de 30 años también las ve aceptables, frente al 38% de la totalidad de hombres españoles.

–¿Os controlan los chicos de vuestra edad?

– No todos, pero sí. Tengo casos muy cercanos de amigas cuyas parejas les dicen lo que ponerse o le cogen la contraseña del móvil y controla sus conversaciones. Además ahora se ha puesto muy de moda eso de decir: ''Tú eres mía''. Que puede sonar inocente pero yo creo que lleva dentro bastante machismo.

Así de tajante se muestra Paula, de 15 años, que hace autocrítica y se considera a sí misma machista por tolerar determinados comportamientos. «Una mujer siempre quiere tener un buen físico y que se fijen en nosotras, pero no queremos que sólo nos quieran por eso. Somos mucho más», añade.

También Carolina relata como una amiga suya se vio obligada a borrar su cuenta de Instagram porque «su chico tenía celos». Sofía, que es amiga de Paula y cursa 4º de E.S.O., confiesa que no se siente demasiado cómoda con ciertas actitudes de los chicos en las discotecas donde el reguetón se convierte en el padrenuestro nocturno. «Son dominantes, se nos restriegan para pedirnos cosas, nos gritan guapa....Se creen Maluma», dice. Ella les pone freno, pero no todas lo hacen y eso les da alas para hacerse fuertes. «Si te fijas en lo que hacen muchas chicas en Musica.ly (una aplicación que los jóvenes utilizan para grabarse a sí mismos bailando o «haciendo el bobo», como explica Sofía) la mayoría son chicas haciendo con gestos todo lo que dicen las canciones de Maluma. Así que asumamos también nuestra parte de culpa en que estas canciones que nos denigran sigan triunfando». Adrián, de 17 años y futuro ingeniero, o al menos eso dice cuando está cerca de terminar segundo de Bachillerato, también ha sido testigo de ese comportamiento de posesión entre jóvenes de su generación. «Por ejemplo, si estoy hablando con una compañera de clase y viene su novio, ella se aparta y me deja de hablar. Me parece increíble», relata. A él no le entusiasma este género pero conoce bien los tópicos que envuelve: «una mujer explosiva, con curvas... vamos el ideal de mujer que creen que a todos les gusta», dice con una sonrisa.

–¿ Consideras que deberían de censurarse algunas canciones por su alto contenido discriminatorio y machista?

Carlos lo tiene claro:

–Creo que deberían ser más bien los autores de las canciones o los productores los que se controlaran y fueran más éticos, aunque no sé si un posible reguetón no machista tendría el mismo éxito, porque a fin de cuentas lo que se busca es salir de fiesta y seguir adelante con esos roles. Además, lo que no me gusta del reguetón es que está asociado a otras prácticas, como el consumo de alcohol y otras drogas. No creo que sea algo positivo para nuestra generación. El ocio es diversión, la música es para disfrutarla.

Aunque Maluma se haya convertido en el centro de las críticas por su misoginia musical no es ni de lejos el único cantante que presume de soberbia de género. Shakira le sigue el juego con gusto tal y como muestran ambos en «Trap», un sencillo en donde se proclaman perlas del estilo «Tu muévete encima de mí, compláceme». A un nivel superior, de la desfachatez machista, claro está, se encuentra Bad Bunny que se queda a gusto tras cantar «Tu cara ya nadie va a reconocerla». Kidd Keo es otro que no se queda corto y así un sinfín de cantantes que hacen bandera de unos valores despreciables.

Todos ellos suenan, sin embargo, en los móviles de millones de jóvenes, como es el caso de Víctor Martínez, de 16 años. Incluso relata cómo entre estos artistas se retan a ver cuál de ellos suma más mujeres seudodesnudas en sus videoclips. «Kaydy Cain y Tangana se enzarzaron por esto a ver cuál sacaba más chicas. La verdad que es horrible y no comparto para nada lo que hacen o dicen las letras de sus canciones, pero me gusta bailarlas. Pero vamos, para bestia, bestia, lo que canta Kidd Keo Lollypop», apunta Víctor. Mejor no poner negro sobre blanco sobre la «lyric» de este tema. Este joven acude al encuentro con LA RAZÓN acompañado por otros dos amigos de su quinta, Óscar y Javier. Todos coinciden en la aberración temática del reguetón, pero «nosotros ya somos mayores y sabemos verlo con perspectiva, pero los que son pequeños no lo hacen así y eso no es bueno», dice Óscar que éste fin de semana no irá a ninguna discoteca. Los tres amigos suelen quedar los «findes» para ir a alguna de las sesiones dirigidas a menores. La sala New Garamond es su preferida. Allí, como todos los chavales de su edad, ligan «pero siempre con respeto». «Aquí no tratamos a las mujeres como objetos tal y como las muestran en los videoclips, que parecen mercancías», dice Víctor. Los ídolos de estos tres amigos no son Maluma y Cia sino, por ejemplo, «Iker Casillas», dice Javier, que reivindica que en los videoclips de reguetón también aparezcan hombres. «Eso sería lo más justo», dice.

Otro dato alarmante que arroja un estudio sobre ciberacoso es que al menos el 60% de los jóvenes ha recibido en alguna ocasión mensajes machistas de sus parejas. Según la profesora Meloni, «los productores o creadores de estas canciones no se dan cuenta de que los que reciben el mensaje de sus canciones no tienen siempre las herramientas para descifrar ese contenido. A veces lo repiten de manera inconsciente. Así, las niñas, por ejemplo, querrán tener un novio como el que protagoniza esos vídeos e incluso se llega a normalizar en cierto modo la violencia. Al igual que ocurre en los narcocorridos, los protagonistas son vistos como héroes. Los adolescentes no captan este mensaje como parte de un relato de ficción y ahí es donde reside el problema».

Un problema del que todavía Rubén, de 14 años, no es consciente. A él le gusta Nicky Jam y Bad Bunny. Lo escucha en el teléfono cuando está con sus amigos y reconoce que nunca se ha parado a pensar en lo que dicen las letras. Lo baila y punto. «A veces incluso nos dejan ponerlo en clase cuando falta algún profesor. El que viene a sustituirle nos deja tiempo libre y no le importa que pongamos esta música», dice el adolescente. Su hermana Gema, de 20 años, compara el fenómeno del reguetón con el de los videojuegos: «Que haya algunos que son violentos no quiere decir que los que juegan con ellos vayan luego a matar», apunta. «Entre nosotras no hablamos de si esta canción es más o menos machista, lo sabemos y punto. La escuchamos y la bailamos y ya está. Lo que ocurre es que el reguetón ha conseguido la fórmula del éxito: ritmos pegadizos y letras que no requieren pensar mucho», afirma.

Félix es bailarín, comenzó con la bachata, el reguetón y el merengue, pero ahora, a sus 21 años, pese a que su herencia dominicana corre por sus venas, parece que se decanta más por el hip hop. Conoce bien diferentes «garitos» de baile en el barrio madrileño de Cuatro Caminos o en la Calle Orense de la capital e incluso en Leganés. La sala Susua, hasta hace poco, era una de sus preferidas. «La clave de bailar reguetón es arrimarse cuanto más, mejor. Ya sabes, lo que dicen el ''perreo'', que más bien es ''guarreo''», dice. Según él, «estos cantantes, lo que hacen es verbalizar lo que muchos chicos piensan pero no se atreven a decir, esas actitudes machistas que saben que no están bien vistas, ese deseo de sumisión». Este bailarín y también modelo esporádico dice no compartir esos valores y es más, la cabeza le da vueltas cuando escucha por ejemplo «Tu maldita madre» de Shelow Shaq. «Cuándo me percaté de lo que decía me quedé alucinado... Me quedé sin palabras».

«Tampoco debemos caer en el puritanismo. Está bien que los jovenes se liberen sexualmente, pero estas canciones no son el medio para vivir una sexualidad sana, abierta y respetuosa», dice la profesora Meloni. Además, cita al sociólogo Pierre Bourdieu y su concepto de «violencia simbólica», que encaja a la perfección con lo que ocurre con fenómenos como el reguetón. Se trata de una violencia sutil, nada agresiva y que se asume como parte de la normalidad. «Así ocurre con los valores de superioridad masculina que transmiten estos temas musicales. Se naturaliza la posición de dominación del hombre. Creo que se necesita poner a los jóvenes una dieta cultural», sentencia. En esa dieta seguro que el reguetón será un alimento de consumo limitado.

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