Los Mossos hallan un arma en la casa del presunto asesino de Susqueda

«Quieren colgarme un muerto que no es mío», gritó el detenido por la muerte de Marc y Paula

El supuesto asesino, durante el traslado a su domicilio para presenciar los registros
El supuesto asesino, durante el traslado a su domicilio para presenciar los registros

«Quieren colgarme un muerto que no es mío», gritó el detenido por la muerte de Marc y Paula.

No habían comenzado a calentar los primeros rayos de sol cuando un par de mossos comenzaron a tirar de plástico para delimitar la línea policial con la que marcar el perímetro de trabajo. Poco después llegaron en vehículos camuflados agentes de paisano, abogados y la secretaria judicial. Todos ellos se arremolinaron en una calle estrecha, en cuesta, frente a la puerta del domicilio de Jordi Magentí, el sospechoso de haber asesinado a Marc y Paula en el pantano de Susqueda el pasado mes de agosto.

Por último se abrió paso un vehículo oficial de los Mossos. A través de las ventanas teñidas de negro se pudo atisbar la silueta del sospechoso. Lo aparcaron a un metro escaso de la entrada del domicilio situado en la localidad de Anglès (Gerona). Allí, en el interior, esperó Jordi, con la puerta cerrada, durante casi 45 minutos. Mientras, entraron al edificio de tres plantas media docena de agentes de Policía científica enfundados en trajes blancos. Cuando estuvo todo dispuesto sacaron a Jordi del vehículo para que, como exige la Ley, pudiera presenciar el registro. No se ocultó, ni bajó la cabeza. Todo lo contrario. Se giró en dirección hacia las cámaras, levantó la barbilla y con la voz ronca gritó en catalán: «¡No he hecho nada. Quieren colgarme un muerto que no es mío!».

Durante cuatro horas los investigadores procesaron las tres plantas del domicilio al detalle. Uno de los primeros objetivos fueron los zapatos. Una agente fotografió cada par que encontraron. Una vez terminado, pasaron torundas (parecidas a los bastoncillos que se usan para la higiene de los oídos) en cada pequeña mancha. El objetivo era buscar restos de sangre de Marc o Paula. Este mismo procedimiento lo siguieron con todas las prendas de ropa que localizaron en los armarios de la casa del detenido. Mientras, otros agentes revisaban papeles, medicamentos, registraban cajones... Así encontraron una pistola en perfecto uso. Al localizarla, Jordi meneó levemente la cabeza, como indicando que él no había matado a nadie con ese arma. Sin embargo, lo que está claro es que le imputarán un delito de tenencia ilícita de armas.

Al terminar lo condujeron a un garaje anexo durante otra hora más, donde aprovechó para volver a gritar su inocencia. Sin embargo, al acabar el trámite, visiblemente agotado bajó la cabeza y ya no volvió a reivindicar nada.

De la casa fue conducido a una pequeña huerta donde tiene construido un galpón. Mientras un mosso pasaba el detector de metales por la superficie no construida en busca de nuevas armas que pudiera haber enterrado, el resto registraba y retiraba los troncos de leña, mirando entre los metales que allí tenía amontonados.

Tras una parada para comer, el propósito fue localizar manchas de sangre. Sin embargo, al terminar no trascendió si habían encontrado o no evidencias que vinculasen a Jordi con los crímenes. Hoy seguirán los registros.