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Asia Bibi, absuelta ocho años después

La Justicia ordena su liberación al considerar que los jueces «se equivocaron categóricamente». La Policía, en estado de alerta por las protestas de miles de radicales por todo el país. Su familia teme que la asesinen en cuanto salga de la cárcel.

  • Asia Bibi
    Asia Bibi
Beirut.

Tiempo de lectura 4 min.

01 de noviembre de 2018. 02:45h

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Ethel Bonet.  Beirut. 31/10/2018

Tras ocho años de espera en el corredor de la muerte, Asia Bibi podrá ver la luz al final del túnel. Para la perseguida minoría cristiana de Pakistán, la sentencia a favor de revocar la pena capital en la horca se celebra como un triunfo. «No podía creerlo. Estoy tan contento por Ashiq [el marido de Asia] y las niñas. Se ha hecho justicia», declaró por teléfono a la RAZÓN Sohail Johnson, de la ONG cristiana Vast Vision Ministry.

La Corte Suprema de Pakistán la absolvió ayer de los cargos por «haber fallado categóricamente en el intento de probar la acusación más allá de cualquier duda razonable». La sentencia recoge que la acusación estaba sustentada en pruebas endebles y que la supuesta confesión se produjo delante de una multitud «que amenazaba con matarla».

El 14 de junio de 2009, Bibi firmó su sentencia de muerte, después de que unas compañeras musulmanas con las que trabajaba en los campos la denunciaran al mulá Muhamed Salam. Bibi estaba labrando la tierra junto con otras campesinas musulmanas cuando su capataz le ordenó traer agua para dar de beber. Cargada con un barreño, derramó un poco de agua sobre las ropas del capataz. Una campesina le dijo: «Aparta tus sucias manos de cristiana. Vas a contaminar nuestra agua porque los de tu religión sois impuros». Entonces, Bibi, cansada de aguantar insultos y agresiones de sus compañeras, profirió, presuntamente, una blasfemia contra Mahoma. No había ninguna prueba más, solo el testimonio de compañeras enemistadas con ella.

El juez que ayer leyó el dictamen aseguró que la mujer podría abandonar inmediatamente la cárcel de Sheikupura, cerca de Lahore, al oeste del país. Sin embargo, la puesta en libertad de la primera mujer cristiana condenada a muerte en Pakistán no será tan fácil. Su calvario continuará, después de que el anuncio de absolución se produjera entre fuertes medidas de seguridad con efectivos de la Policía antidisturbios y especialistas en desactivación de bombas a la entrada del Tribunal Supremo. En el interior de la sala comandos de las fuerzas antiterroristas desarmados fueron desplegados para contribuir a la seguridad.

No es la primera vez que un acusado por blasfemia es asesinado a la salida del juzgado. La hija pequeña de Bibi, Eisham Ashiq, aseguró ayer que tiene miedo por la seguridad de su madre, por lo que les gustaría abandonar el país. Durante todos estos años en los que Bibi estuvo en prisión su familia ha tenido que vivir ocultándose de la ira de los islamistas.

Precisamente, una de las razonas por las que tanto se ha dilatado el caso de revisión de la sentencia han sido las amenazas de los radicales islámicos. El mensaje de estos es directo y claro: hay una ley que castiga a quien cometa blasfemia con la pena capital y el culpable debe pagar, al igual que aquel que defiende a un blasfemo. Tampoco sería la primera vez que un juez del Supremo es asesinado por revocar una sentencia por este delito.

Las protestas se extendieron a varias ciudades como Peshawar, Mardan o Qasur, en el noroeste, y Lahore en el este, y los manifestantes avisaron de que bloquearán estaciones de tren y aeropuertos. Un portavoz policial de Lahore (Punjab) dijo que unos 500 manifestantes se congregaron fuera de la Asamblea de esa provincia y cortaron las carreteras en la zona. En otros puntos de Lahore se repitieron las protestas, con 300 personas en algunos casos, la mayoría simpatizantes del partido islamista Tehreek-e-Labbaik Pakistan (TLP). En la sureña Karachi, capital financiera del país, manifestantes protestaron en al menos cinco puntos de la ciudad, con grupos de entre 50 a 200 personas. Además, unas 300 bloquearon la principal entrada a la capital, Islamabad, desde la vecina Rawalpindi.

El caso de Bibi ha trascendido el ámbito legal para convertirse en un pulso entre los radicales y el Gobierno de Pakistán. Todo aquel político que ha defendido la inocencia de Bibi –el gobernador de Punjab, Salman Taseer, y el ministro de Minorías, el cristiano Shahbaz Bhatti– ha pagado con su vida. Tasser fue tiroteado en Islamabad el 4 de enero de 2011. El gobernador de Punjab era conocido por «luchar contra las injusticias, contra los abusos a aquellos que están indefensos», nos explicó su hija Sarah en una entrevista a LA RAZÓN. El legado que dejó Tasser a sus hijos fue enseñarles a «no tener miedo».

El ministro de Minorías corrió la misma suerte y pagó con su vida la defensa por la libertad de Bibi. Bhatti fue asesinado a tiros el 2 de marzo de 2011. Unos meses antes de morir confesó que había estado recibiendo llamadas anónimas de «grupos ilegalizados islamistas» amenazándole de muerte si continuba defendiendo a esta madre de cinco hijos.

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