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El «violador del ascensor» maniataba a las víctimas y las violaba en un piso de Segovia

Actuó en al menos cuatro ocasiones entre diciembre de 2016 y abril de 2017

  • Dos jóvenes pasan por delante del domicilio de Segovia donde la Policía detuvo en el día de ayer a Pedro Luis Gallego, conocido como "violador del ascensor".
    Dos jóvenes pasan por delante del domicilio de Segovia donde la Policía detuvo en el día de ayer a Pedro Luis Gallego, conocido como "violador del ascensor".

Tiempo de lectura 4 min.

16 de junio de 2017. 11:32h

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J.M.Zuloaga Madrid. 15/6/2017

Más de ochenta kilómetros de ida y otros tantos de vuelta. Era el tramo que recorrería con sus nuevas víctimas Pedro Luis Gallego. La distancia que separa el entorno del Hospital de La Paz de Madrid de la calle Dámaso Alonso de Segovia, donde vivía desde hace un par de años con su novia. Ayer, Gallego, conocido como el «violador del ascensor» –aprovechaba su trabajo como ascensorista para cometer sus crímenes–, autor de 18 agresiones y dos asesinatos, y puesto en libertad en 2013 tras la derogación de la «doctrina Parot», ha vuelto actuar. La Policía Nacional le detuvo en la capital segoviana por, al menos, cuatro nuevas violaciones cometidas entre diciembre de 2016 y el pasado mes de abril, todas ellas en el área de La Paz.

Gallego abordaba a sus víctimas, de alrededor de 20 años, siempre de noche, por la espalda y a punta de pistola. A dos de ellas las amordazó, les tapó los ojos, las maniató con bridas y las montó en su coche. Después, las condujo hasta su piso de Segovia, donde perpetró las violaciones. Posteriormente devolvía a las jóvenes de nuevo en su coche al lugar del rapto.

La grabación de una cámara de seguridad, en la que aparecía el vehículo que utilizaba el violador, ofreció a la Policía una pista fundamental para poder identificarle y, una vez realizadas una serie de pesquisas, proceder a su detención.

Según han informado a LA RAZÓN fuentes de la investigación, los agentes encargados del caso cruzaron los datos de las personas que tenían un coche de esa marca y modelo a su nombre (se trataba de un vehículo Toyota) y la sorpresa saltó cuando se comprobó que era un viejo conocido de la Policía, ya detenido y que había abandonado la cárcel antes de tiempo gracias a la derogación de la «doctrina Parot».

De esta forma, los agentes comprobaron que vivía en Segovia y que compartía casa con una mujer. Una vez obtenida la autorización judicial, se procedió a su arresto y al registro de la referida vivienda, donde se habrían encontrado determinadas evidencias que le incriminan en las violaciones.

Uno de los objetos que habrían buscado los agentes –al estar declarado el asunto como se creto por el juez, no se quieren dar más detalles– es el antifaz que ponía a sus víctimas una vez introducidas en el automóvil. Asimismo, los esfuerzos se han centrado en hallar la pistola, probablemente simulada, con la que las amenazaba.

En las próximas horas, la Policía tomará declaración a la mujer que vivía con el presunto violador y los especialistas del Cuerpo Nacional de Policía comenzarán, siempre bajo supervisión judicial, a buscar rastros de ADN de las mujeres violadas en la zona del Hospital La Paz.

El reconocimiento que hagan dichas víctimass de su agresor –de ahí la importancia de que no se difundan imágenes con su aspecto actual– en las correspondientes «ruedas» resultará fundamental para resolver el asunto y saber si las violaciones han quedado esclarecidas.

Una vez detenido en Segovia, Pedro Luis Gallego fue trasladado a las dependencias de la Policía Nacional en el barrio de Moratalaz, en Madrid, donde se practican las diligencias antes de ponerlo a disposición judicial. Todas sus víctimas describieron a su agresor como un individuo fornido. Desde hacía meses, tras las denuncias de dos de ellas y las informaciones publicadas en varios medios de comunicación, la alarma se había disparado en el barrio de La Paz, concretamente en la calle del Arzobispo Morcillo, situada en el distrito madrileño de Fuencarral-El Pardo.

«Asombro» e «indignación» han sido los adjetivos más utilizados por sus actuales vecinos de Segovia, incapaces de sospechar que vivían casi puerta con puerta con un violador multireincidente. Desde hacía unos dos años, residía de alquiler en el bajo del edificio número 16 de la calle Dámaso Alonso, informa Efe. La sorpresa fue aún mayor porque, según aseguraron los inquilinos, el edificio cuenta entre sus vecinos con varios guardias civiles, funcionarios de prisiones, bomberos, policías locales y nacionales.

¿Cuál era su comportamiento? Su nerviosismo y sus manías, como la de cerrar constantemente todas las puertas con llave o pestillo, no daban confianza. Algunos lo definen como «una persona rara y poco agradable, con mirada huraña y desconfiada» y subrayaron que, en más de dos años, nunca puso su nombre en el buzón.

Durante el registro, Gallego permaneció sentado en el descansillo, mientras los agentes sacaban un gran número de cajas y bolsas del interior. Una de las vecinas afirmó que, al conocer la noticia, se le pusieron «los pelos de punta» porque ella, como muchos de los vecinos de la zona, tiene hijas.Según indicaron, Gallego estaba en el paro y vivía solo con un perro al que paseaba por la zona varias veces al día, pero su novia frecuentaba la vivienda «muy a menudo». También confirmaron que se oía «mucha actividad» en la vivienda entre las tres y las seis de la tarde.

Tras conocer la noticia, el ministro de Justicia, Rafael Catalá, defendió la existencia de la prisión permanente revisable para casos como el de Gallego. Una detención que el ministro calificó de «una magnífica noticia» al ser una persona «juzgada por delitos tan graves».

Catalá matizó que este tipo de prisión «no es una cadena perpetua», sino que consiste en que «las penas de más años derivadas de delitos graves sean revisadas», ya que, «a veces, no es suficiente el transcurso del tiempo para la rehabilitación de ciertos criminales», por lo que se realizaría «un análisis de sus circunstancias para determinar si está en condiciones de quedar en libertad». El ministro aseguró que, bajo este modelo, el paso del tiempo debe estar acompañado de «un análisis de las circunstancias personales y psicológicas».

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