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Emily Sino: «En España es como si hubiera resucitado de la muerte»

Refugiada nigeriana

  • Foto: Cristina Bejarano
    Foto: Cristina Bejarano

Tiempo de lectura 4 min.

19 de diciembre de 2018. 11:01h

Comentada
Esther S. Sieteiglesias Madrid. 19/12/2018

Emily Sini, una de las refugiadas nigerianas rescatada en junio por el «Aquarius», reconoce que antes de llegar a España era «un muerto viviente, un cadáver andante». Y es que sin duda, la muerte le rondaba. Primero, en Nigeria donde era víctima de violencia doméstica, después al cruzar el desierto, luego cuando llegó al «infierno» de Libia, donde estuvo a punto de suicidarse al verse atrapada, sin nada y comenzó a valorar la vida igual que el resto de los habitantes del país y, una vez más cuando subió al barco para cruzar el Mediterráneo. Ayer Sini participó en el diálogo «Ilegal es dejarles morir», organizado por la Comisión Española de Ayuda al Refugiado (CEAR) y dejó a todos los asistentes asombrados por su coraje, pero también por su loable sinceridad. Al terminar, atendió a las preguntas de LA RAZÓN.

¿Cuándo comenzó su odisea?

Dejé Nigeria el 12 de agosto de 2012. Después pasé varias semanas en el desierto antes de llegar a Libia.

Siento volver a mencionarlo, pero, ¿cómo lo describiría Libia?

La vida allí es indescriptible. Es una vida de dolor, una tragedia. Es una vida de cautividad, esclavitud.

Cuándo alguno de sus familiares y amigos le dice que va a emprender el mismo viaje, ¿qué les recomienda?

Muchos me llamaron y les digo: ''No vayáis a Libia''. Mejor que se queden en África. Yo tomé ese riesgo porque mi vida en Nigeria peligraba, pero si me preguntas qué prefiero, prefiero vivir en Nigeria que en Libia.

¿Incluso si usted era víctima de maltrato? ¿Es tan horrible Libia?

Horrible. Violencia por todas partes. No puedes imaginártelo, de verdad. En los mercados, en las calles se venden armas... Se rige por la violencia y no puedes evitarla. Tienes miedo de todo.

Mirando atrás, se puede decir que casi ha muerto cuatro veces y ahora en España, ¿ha vuelta a la vida?

En España es como si hubiera resucitado de la muerte. Es lo único que puedo decir. Era un cadáver andante. Un muerto viviente. Nada me provocaba alegría, nada me motivaba. Mi pasado, mis malas experiencias estaban empezando a pasarme factura, a llenarme de odio y resentimiento. Vivía una vida trágica. Pero en España tengo fuerzas para seguir, tengo futuro. Aquí hay gente que me considera su familia a pesar de que su color de piel sea distinto. Realmente sólo quiero contribuir en España, convertirme en una persona honorable y útil. Para que así la gente vea a los refugiados que vinimos y se sienta orgullosa de la decisión que tomó el presidente Pedro Sánchez. No quiero que se le culpe por la gente que vino. Si no que digan mira qué bien lo están haciendo. Están contribuyendo al bienestar del país y que hasta Nigeria y África se sientan orgullosos de nosotros.

¿Cómo es su vida en Valencia? ¿Qué es lo que más le gusta?

Me gusta ver cómo viven su vida. Salir a la calle. Lo respetuosos que son con las ideas de los demás. Escuchan y piden perdón, permiso y por favor. He aprendido a relacionarme y comunicarme así también. El día a día está sacando y eliminando el resentimiento que tenía. Veo la vida muy interesante.

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