Investigación médica

Un gen de longevidad de super centenarios ofrece esperanza contra la progeria infantil

También conocida como síndrome de Hutchinson-Gilford, es un trastorno genético extremadamente raro: poco más de 200 casos en todo el mundo

Al introducir el gen en modelos animales de progeria, se puede revertir o mitigar el daño cardiaco
Al introducir el gen en modelos animales de progeria, se puede revertir o mitigar el daño cardiaco Jesús G. FeriaLa Razón

De acuerdo con datos de la Fundación para la Investigación de la Progeria, en 50 países de todo el mundo hay 203 menores que viven con progeria y laminopatías progeroides. En España hay un caso: Alexandra Peraut.

El síndrome de Hutchinson-Gilford Progeria (HGPS) es una enfermedad genética extraordinariamente rara que causa envejecimiento acelerado. Está provocada por una mutación en el gen LMNA, que da lugar a una forma defectuosa de la proteína lamin A, llamada progerina. Esa proteína altera la estructura del núcleo celular, provoca daño al ADN, disfunción celular y, finalmente, envejecimiento. La mayoría de los afectados muere durante la adolescencia, generalmente por enfermedades cardiovasculares. Hasta ahora, el único tratamiento aprobado (en EE UU) es lonafarnib, que ayuda a reducir la acumulación de progerina. Pero su acción es parcial. Habitualmente se tarda cuatro años en realizar un diagnóstico. Y eso es demasiado.

Ahora, la ayuda llegaría desde un lugar inesperado, aunque vinculado: las personas que tienen 100 años o más, los conocidos como «super centenarios». Son personas que no solo llegan a los 100 años, sino que lo hacen con un sistema cardiovascular sorprendentemente resistente. En su ADN abunda una variante específica del gen BPIFB4, llamada LAV (Longevity-Associated Variant).

Los responsables del avance, un equipo de científicos del Reino Unido e Italia, demostraron que, al introducir el gen en modelos animales de progeria, se puede revertir o mitigar el daño cardíaco. Esa versión parece mejorar la salud vascular y reducir la inflamación asociada al envejecimiento.

El hallazgo, publicado en Nature, abre una ruta nueva hacia el tratamiento de esta enfermedad: no tanto eliminar la proteína defectuosa de progeria, sino fortalecer la capacidad del cuerpo de resistir sus efectos tóxicos.

En los ratones, la administración de LAV-BPIFB4 mejoró la función diastólica del corazón (la dilatación), redujo la fibrosis cardíaca (acumulación de tejido cicatricial) y disminuyó la proporción de células senescentes en el músculo cardíaco. «Nuestra investigación ha identificado el efecto protector de un gen de longevidad supercentenaria contra la disfunción cardíaca asociada a la progeria, tanto en modelos animales como celulares, explica Yan Qiu, líder del estudio. Los resultados ofrecen esperanza para un nuevo tipo de terapia para la progeria, basada en la biología natural del envejecimiento saludable, en lugar de bloquear la proteína defectuosa. Con el tiempo, este enfoque también podría ayudar a combatir las cardiopatías comunes relacionadas con la edad».

Los autores también analizaron sus efectos en células humanas de pacientes con progeria y los resultados fueron similares: las células mostraban menos señales de estrés y envejecimiento, aunque la cantidad de progerina siguiera siendo la misma. Así, el gen no elimina la causa, pero enseña al cuerpo a resistirla.

«Nuestra investigación –añade Annibale Puca, coautor del estudio–, aporta nuevas esperanzas en la lucha contra la progeria y sugiere que la genética de los supercentenarios podría conducir a nuevos tratamientos para el envejecimiento cardíaco prematuro o acelerado, lo que podría ayudarnos a vivir vidas más largas y saludables. Este es el primer estudio que indica que un gen asociado a la longevidad puede contrarrestar el daño cardiovascular causado por la progeria». Y es que, estos avances abren una ruta que podría extenderse más allá de la progeria: si LAV-BPIFB4 puede proteger tejido cardíaco en ese entorno extremo, podría tener aplicaciones en enfermedades cardíacas del envejecimiento normal.

Los resultados abren el camino a nuevas estrategias de tratamiento para esta enfermedad rara, que requiere urgentemente fármacos cardiovasculares innovadores capaces de mejorar tanto la supervivencia a largo plazo como la calidad de vida del paciente. De cara al futuro, la administración del gen LAV-BPIFB4 mediante terapia génica podría sustituirse o complementarse con nuevos métodos de administración basados ​​en proteínas o ARN.

«Estamos realizando numerosos estudios para investigar el potencial de LAV-BPIFB4 para contrarrestar el deterioro de los sistemas cardiovascular e inmunitario en diversas patologías, con el objetivo de traducir estos hallazgos experimentales en un nuevo fármaco biológico», concluye Paolo Madeddu, coautor del estudio.

En España, por otro lado, los científicos no se quedan atrás a la hora de investigar este tipo de enfermedades raras. Si bien el mencionado lonafarnib ha demostrado prolongar la vida de los pacientes en un 30% de media, las líneas de investigación pretenden ir más allá. Por ejemplo, en el CiMUS (Centro Singular de Investigación en Medicina Molecular y Enfermedades Crónicas de la Universidade de Santiago de Compostela) buscan combinar los efectos del lonafarnib con otras terapias que permitan incrementar tanto la esperanza como la calidad de vida de los de los niños que padecen esta dolencia.

«Por el momento, podemos afirmar que los tratamientos analizados con modelos murinos están arrojando resultados muy prometedores y podrían tener el potencial de mejorar significativamente el tratamiento actual. La búsqueda de tratamientos para las enfermedades es un camino largo y complejo, pero con una financiación adecuada y sostenida, tarde o temprano, se alcanzan resultados», explicó Ricardo Villa Bellosta, investigador principal del CiMUS, en un congreso celebrado recientemente.