Investigación

La gripe aviar es resistente a la fiebre, principal defensa ante las infecciones

El aumento de la temperatura corporal frena con eficacia la gripe estacional, pero no puede con los virus aviares, según demuestra un estudio

Hombre con gripe.REMITIDA / HANDOUT por DGA.Fotografía remitida a medios de comunicación exclusivamente para ilustrar la noticia a la que hace referencia la imagen, y citando la procedencia de la imagen en la firma18/11/2025
Hombre con gripeDGA.Europa Press

Investigadores de las universidades de Cambridge y Glasgow han descubierto por qué los virus de la gripe aviar pueden resultar especialmente peligrosos para los humanos: son capaces de replicarse incluso a temperaturas febriles, un mecanismo natural de defensa que sí frena con eficacia a los virus de la gripe estacional.

En condiciones normales, la fiebre -que puede elevar la temperatura corporal hasta los 41 °C- actúa como un freno biológico frente a muchos patógenos, incluida la gripe estacional. Los virus humanos, que prefieren las vías respiratorias superiores (que están a unos 33 °C), detienen en gran parte su replicación cuando el cuerpo incrementa la temperatura.

Sin embargo, los virus de la gripe aviar están adaptados a ambientes aún más cálidos. En aves acuáticas -sus huéspedes naturales- se multiplican en el intestino, donde las temperaturas alcanzan los 40-42 °C. Por eso, cuando un humano desarrolla fiebre, este mecanismo apenas afecta a los virus de origen aviar.Un estudio publicado en Science lo confirma con evidencia in vivo: elevar solo 2 °C la temperatura corporal de ratones infectados con gripe humana convirtió una infección mortal en una enfermedad leve, mientras que esa protección desapareció prácticamente frente a cepas aviares.

El gen PB1, el "termómetro" interno del virus

El equipo identificó un componente decisivo en este mecanismo: el gen PB1, responsable de la replicación del genoma viral. Esta pieza genética determina la sensibilidad de cada virus a la temperatura. En pandemias como las de 1957 (H2N2) y 1968 (H3N2), los virus humanos adquirieron precisamente este gen de una cepa aviar mediante intercambio genético. La nueva evidencia sugiere que ese cambio contribuyó a que los virus resultantes fueran mucho más agresivos para los humanos.

En los experimentos actuales, los virus humanos que incorporaban un gen PB1 de tipo aviar se comportaron como las cepas de gripe aviar: soportaron temperaturas febriles y provocaron enfermedad grave, lo que refuerza la idea de que el intercambio de genes entre virus aviares y humanos sigue siendo uno de los principales motores del riesgo pandémico.

Una amenaza real

Aunque las infecciones humanas por gripe aviar son infrecuentes, cada año se registran decenas de casos y las tasas de mortalidad siguen siendo extremadamente altas. Las infecciones por H5N1, por ejemplo, han llegado a superar el 40% en humanos. Los autores recuerdan que los cerdos actúan como "cocteleras" de virus, ya que pueden infectarse simultáneamente con cepas aviares y humanas, lo que facilita el intercambio de genes. Este fenómeno subraya la importancia de mantener una vigilancia exhaustiva sobre las cepas aviares que circulan globalmente.

El estudio incide también en que la resistencia térmica podría convertirse en un indicador útil para anticipar qué cepas tienen potencial para causar enfermedad grave en humanos y, por tanto, para mejorar la respuesta temprana ante posibles amenazas emergentes.

Los hallazgos también abren nuevas líneas de investigación en el ámbito clínico. Aunque las guías actuales no recomiendan modificar los tratamientos, los autores señalan que comprender cómo la fiebre detiene -o no- determinados virus puede influir en el uso futuro de antipiréticos. Existen indicios de que reducir la fiebre de manera sistemática en algunas infecciones virales podría no ser siempre beneficioso, e incluso podría favorecer la transmisión en el caso del virus de la gripe A.

Por ahora, los investigadores piden cautela y más estudios, pero coinciden en que entender por qué la gripe aviar resiste la fiebre humana es clave para mejorar la vigilancia epidemiológica, anticipar riesgos y preparar estrategias de respuesta ante una posible futura pandemia.