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Hermanos de sangre

España es un país de gentes solidarias y dispuestas siempre a sumarse a una causa justa cuando se le convoca para ello. Las donaciones de sangre demandan ese compromiso público en el que los españoles destacamos

  • Hermanos de sangre

Tiempo de lectura 2 min.

20 de junio de 2019. 09:46h

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Juan Luis Carrasco.  20/6/2019

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El pasado 14 de este mes de junio se celebró el Día Mundial del Donante de Sangre, una efeméride instituida en el año 2005. El lema elegido fue «Sangre segura para todos». El objetivo era como es tradición concienciar a la población sobre la necesidad de disponer de sangre y productos sanguíneos seguros. Estimular un grado suficiente de empuje en esa voluntad individual de dar el paso de acudir a los centros hospitalarios o a las unidades móviles de extracciones que recorren la geografía nacional resulta una exigencia en la medida de que lo que se pone en juego son vidas. De la generosidad y el altruismo de los ciudadanos anónimos dependen directamente la aplicación eficiente de miles de tratamientos y la realización segura de un mismo número de intervenciones quirúrgicas que sin ellas supondrían una condena a muerte para un volumen escalofriante de pacientes afectados. Las cifras configuran un panorama que por sí solo nos describe lo que podría ser un mundo sin donantes o con un déficit aparatoso de los mismos. En nuestro país se practican 5.000 transfusiones diarias que salvan a su vez a 80 personas. Extrapolados a un mes hablamos de 150.000 actuaciones y 2.400 vidas. Efectivamente, la sangre es supervivencia y por ello mismo es tan decisivo que la sociedad interiorice poco a poco una cultura de la donación como hábito no como acontecimiento singular y excepcional espoleado por la enfermedad de algún familiar o amigo. Entendido, claro, como un acto de responsabilidad pública con la comunidad. Esas aportaciones regulares y crecientes suministrarían una base sólida con la que planificar la atención de las necesidades del sistema sanitario. En este punto, todos debemos recordar como incentivo psicológico y fraternal que estamos ante un procedimiento que la mayoría de la población va a demandar en algún momento de su existencia. Esa tarea de mentalización es algo que se mantiene como prioridad en países avanzados como España y que, desgraciadamente, decae a medida que los países tienen menos ingresos medios o lo que es lo mismo presenetan menos desarrollo y son más pobres. En España estamos a la cabeza en donaciones de sangre, aunque necesitamos mejorar presentamos una tendencia decreciente los últimos ocho años aunque sea apenas significativa. Pensemos, todos, en que una donación puede salvar tres vidas.

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