Islas Marshall, aquí hay más radiación que en Chernóbil.

Las islas Marshall contienen más residuos atómicos que la central nuclear ucraniana y Fukushjima juntos. ¿Por qué nadie habla de ellas?

La detonación de Castle Bravo, en 1954, fue mil veces más potente que la bomba de Hiroshima. Foto: Laboratorio Naciona de los álamos
La detonación de Castle Bravo, en 1954, fue mil veces más potente que la bomba de Hiroshima. Foto: Laboratorio Naciona de los álamos

Las islas Marshall contienen más residuos atómicos que la central nuclear ucraniana y Fukushjima juntos. ¿Por qué nadie habla de ellas?

El lugar más peligroso de la Tierra. La zona de exclusión más grande jamás decretada. Más de 2.000 kilómetros de terreno impenetrable, abandonados a toda vida humana que no quiera morir en el intento. Eso eran los alrededores de la central nuclear de Chernóbil meses después de el estallido de su reactor número 4. Dos minutos de exposición a la radiactividad acumulada bajo el colapsado techo de la instalación serían suficientes para reducir la esperanza de vida de cualquier persona a la mitad. 33 años después de la catástrofe la zona sigue sufriendo restricciones para la habitabilidad pero es visitable. La flora y la fauna han proliferado como una suerte de vergel postacopalíptico y si se acude a ciertas áreas de exclusión es probable que se reciba más radiación el en avión de ida que sobre el propio terreno.

¿Ya no es el entorno de Chernóbil el lugar más peligroso de la Tierra? Esta semana, un estudio realizado por la Universidad de Columbia ha asombrado al mundo con la respuesta: No. Ese «privilegio» ha pasado ahora a un idílico enclave en medio del Pacífico:, entre Australia y Hawái: las Islas Marshall. Publicado en la revista científica «Proceedings of the National Academy of Sciences», el trabajo muestra que la concentración de isótopos radiactivos en algunas de estas islas está muy por encima de lo legalmente establecido por los administradores del territorio: Estados Unidos y la República de las Islas Marshall. Las muestras tomadas del suelo de este país insular, los sedimentos marinos y restos vegetales (fibra de frutas, por ejemplo) han arrojado concentraciones de radiación hasta 1.000 veces superiores de las que hay ahora en las proximidades de Chernóbil o de la central nuclear de Fukushima.

Y es que este grupo de 29 atolones es famoso por haber albergado cerca de 67 experimentos con bombas nucleares llevados a cabo por el ejército de Estados Unidos desde 1946 hasta 1958. Aquel rosario de detonaciones depositó cantidades incalculables de contaminación radiactiva. Hay que recordar que la más famosa de aquellas explosiones, la que tuvo lugar en 1954 en el atolón de Bikini, fue 1.000 veces más potente que las bombas arrojadas sobre Hiroshima y Nagasaki al final de la Segunda Guerra Mundial.

Las explosiones por sí solas fueron suficiente motivo como para contaminar la zona durante décadas. Pero la nueva preocupación que ahora alerta a los científicos es el tratamiento de las toneladas de residuos que se enterraron bajo una cúpula de protección en la isla de Runit. De hecho, algunos expertos creen que parte de esos residuos están filtrando contaminación al suelo y a las aguas del mar.

Décadas después de acabadas las pruebas atómicas, Estados Unidos inició un programa de limpieza y recuperación de residuos radiactivos. En concreto retiró 73.000 metros cúbicos de suelo contaminado por una capa de cenizas nucleares sobre la que los niños jugaban como si fuera nieve. Todo ese material se depositó en el cráter surgido tras una de las explosiones en Runit que se cubrió con una cúpula de hormigón. Era una solución temporal, a la espera de que se pusiera en marcha un proyecto de descontaminación definitiva que nunca llegó.

El imponente basurero nuclear ha sido testigo de la evolución demográfica de las Islas Marshall. Abandonadas durante el periodo duro de tests nucleares, a partir de los años 60 del siglo pasado experimentaron un nuevo crecimiento demográfico. En la actualidad, la población vive sobre todo en torno a dos islas principales. La mayoría de los originarios del resto de las islas no pueden aún regresar a sus casas. La peor parada por la contaminación: el atolón Bikini, donde la radiación es aún hoy siete veces mayor.

Los niveles encontrados son, según los autores del estudio, «significativamente más altos que los que hoy pueden obtenerse en las cercanías de Chernóbil y Fukushima».

No es posible plantearse la repoblación de Bikini en esas circunstancias. De hecho, el trabajo recomienda que los habitantes de la zona «solo visiten la isla momentáneamente para recolectar alimentos en tiempos de cosecha».

Un cráter de 1,5 km de ancho

Un segundo informe ha hecho hincapié en el estado en el que se encuentra la zona de impacto de la famosa bomba Castel Bravo lanzada en el año 1954 también en Bikini. En aquella prueba, un artefacto de 15 megatones vaporizó la tierra formando un cráter de 1,5 kilómetros de ancho y 75 metros de profundidad. Tras el test, se detectaron rastros de los materiales radiactivos en Japón, India, Australia, Europa e incluso Estados Unidos.

Buena parte de esos materiales se depositaron en el mar y han ido cayendo al fondo marino para fusionarse con los sedimentos oceánicos. Todavía hoy los niveles de radiación en el lecho marino son muy superiores a los admitidos para una zona habitable.

En cuanto a los restos de radiación en vegetales se ha estudiado la evolución del crecimiento de los cocos y otras frutas de la zona. El cesio 137 tiene una vida media de alrededor de 30 años y es fácilmente absorbido por las plantas, lo que presenta un riesgo potencial para la salud. Se ha descubierto que 11 islas tienen frutos de coco y pandanus con radioa ctividad que excede los límites establecidos por varias organizaciones internacionales.

En definitiva, el trabajo es determinante. Setenta años después de los tests atómicos es impensable reintroducir a la población humana en los atolones más afectados. Más aún si se tiene en cuenta que la situación del contenedor de basura radiactiva de Runit es muy incierta.

Desde 1983 las islas Marshall han exonerado de toda responsabilidad a los Estados Unidos sobre cualquier daño producido por la radiación derivada de aquellos años de plomo. No es esperable, por lo tanto, que se presenten proyectos consolidados de tratamiento definitivo de los residuos.

A medida que pasa el tiempo y la instalación se deteriora los motivos para la preocupación crecen. El aumento del nivel del mar, un corrimiento de tierras una tormenta tropical pueden hacer que las toneladas de material confinado, preñadas de plutonio-239 (un isótopo derivado de las explosiones nucleares que tarda aproximadamente unos 24.000 años en desaparecer) se derramen por el entorno, lo que causaría, eso sí, la mayor catástrofe nuclear de la historia de la humanidad.

Definitivamente, Chernóbil ya no es el lugar más peligroso de la Tierra.

¿Por qué es el lugar más contaminado?

-Las muestras de plutonio-239 y plutonio-240 tomadas en las Islas Marshall son 1.000 veces superiores a las de Fukushima y 10 veces más grandes que las de Chernóbil

-La explosión de Chernóbil arrojó 400 veces más radiación que Hiroshima

-Hay 73.000 metros cúbicos de tierra contaminada almacenada en precarias condiciones en este enclave

-La población de las Islas Marshall es de cerca de 53.000 habitantes

-Desde 1946 a 1958 se realizaron 67 pruebas con bombas atómicas