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Marte: ni éxito ni fracaso

La Agencia Espacial Europea reconstruirá los hechos que llevaron a la pérdida de la sonda Schiaparelli en el planeta rojo

  • El director general de la ESA, Jan Wörner, se mostró ayer muy satisfecho en la rueda de prensa con los resultados obtenidos hasta ahora por la misión
    El director general de la ESA, Jan Wörner, se mostró ayer muy satisfecho en la rueda de prensa con los resultados obtenidos hasta ahora por la misión

Tiempo de lectura 4 min.

21 de octubre de 2016. 02:43h

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20/10/2016

Ni éxito ni fracaso. Pase lo que pase en los próximos días o semanas la misión ExoMars de la Agencia Espacial Europea (ESA) quedará ya para siempre en el limbo de las aventuras humanas incompletas, de las conquistas sin término de los caminos iniciados sin llegar a la meta. El objetivo de este empeño de cientos de miles de euros no era otro que pavimentar el terreno para futuras misiones más complejas, también europeas, que llevaran a nuestro continente a quizás liderar la exploración astrobiológica marciana. La idea era lograr que una nave fabricada en Europa (TGO, Trace Gas Orbitor) entrara en órbita marciana y fuera capaz de enviar una sonda aterrizadora que se posara sana y salva en el suelo del planeta. La primera fase de la misión se logró no sin cierto susto. Cuando TGO envió su mensaje de confirmación en la tarde del miércoles, las risas de los técnicos de control sonaban a tristes. Faltaba aún la madre del cordero. Schiaparelli fue lanzada al espacio desde TGO a más de 100 kilómetros de altitud desde la superficie marciana. Horas después atravesaba la órbita del planeta rojo a más de 21.000 kilómetros por hora. A partir de ahí, la secuencia de acontecimientos es incierta.

La sonda estaba programada para desplegar su paracaídas de frenado a 10 kilómetros de altura. Luego, activaría sus cohetes retropropulsores para reducir la velocidad a menos de cuatro kilómetros por hora. Suficiente para tener un aterrizaje suave y seguro.

Pero un minuto antes del impacto la señal se perdió. Es decir, algo ocurrió en el último kilómetro de viaje. Algunos expertos consideran que, precisamente, el despliegue del paracaídas de seguridad puede tener mucho que ver con el asunto. ¿Es posible que al inflarse golpeara alguna de las antenas de comunicación y la situara en una posición ineficiente para realizar contacto?

Al menos la ESA ha recibido todos los datos enviados por Schiaparelli hasta ese fatídico momento que quizás sirvan en los próximos días o semanas para reconstruir los hechos.

A los tres minutos de iniciado el descenso el módulo redujo su velocidad a 1.650 kilómetros por hora. Un minuto después, su velocidad era de 320 kilómetros hora y en ese momento se separó de su escudo frontal. 60 segundos más sirvieron para poner la nave en posición de desplegar el paracaídas. Y luego las cosas empezaron a torcerse. Los motores de frenado sólo funcionaron unos segundos, es posible que la desaceleración no fuera suficientemente rápida y el impacto fuera más brutal de lo deseado.

El estado de incertidumbre de Schiaparelli ha eclipsado el éxito de la nave TGO, que permanecerá en la órbita de Marte cumpliendo su misión de estudio de los gases atmosféricos. Pero sin duda se cierne un velo oscuro sobre los futuros proyectos de la ESA en Marte, que precisamente ahora deben encontrar su ansiada financiación.

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