Las orejas de los delincuentes también dejan huella

La Razón
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No sólo las manos y los pies dejan huellas. De ello pueden dar fe al menos 15 personas. Todos condenados en nuestro país por dejar en la escena del crimen una pista que jamás imaginaron que podía delatarlos: la huella de su oreja. Puede que la palabra «otograma» no figure en el diccionario de la RAE para referirse a esta peculiar marca. Pero como explica el periodista Paco Pérez Abellán, la petición está hecha. No en vano, el Departamento de Criminología de la Universidad Camilo José Cela (UCJC), del que Pérez Abellán es director, ya ha visto como dos de sus alumnos se han doctorado con tesis sobre el otograma. Estos estudios van a más y, como indica el periodista, «puede llegar a ser un sustituto de la huella dactilar». De hecho, los últimos avances apuntan a que «pueden ser mejores que las dactilares a la hora de pasar los datos por un computador».

Pero, ¿qué tiene de especial la huella de la oreja? Primero, que «pilla» a los delincuentes desprevenidos. No sólo se han tomado otogramas en puertas y ventanas, en las que los ladrones posan su oreja para ver si hay alguien en casa; también en teléfonos móviles, en culatas de armas... Los criminales se cuidan muy mucho de no dejar huellas dactilares, pero no se preocupan tanto por las orejas. Así ocurrió en el año 2000, cuando un ciudadano colombiano, sospechoso de cometer un robo en una vivienda de Santander, fue detenido tras comparar la huella de su oreja con otra obtenida en la escena del crimen. Se convirtió así en el primer delincuente «cazado» por el otograma. Además, como ocurre con las huellas dactilares, no hay dos orejas que dejen la misma marca. «Cada una tiene su propia huella», recalca Pérez Abellán. Por ello, resulta muy útil cuando la toma de huellas dactilares o de muestras de ADN «fallan». Basta con posar la oreja en la puerta para que queden indicios suficientes. Así, el otograma reproduce su interior y el lóbulo. Y dentro de los numerosos puntos, el hélix, la parte más externa y periférica del pabellón, puede ser clave.

Pérez Abellán recuerda que la Policía está entrenada en estas técnicas. De hecho, en Palencia hay un banco en formación que cuenta ya con 600 tomas de huellas, que se irá ampliando «a medida que avancen las investigaciones». Y su validez como prueba judicial está fuera de toda duda: así lo afirmó el Tribunal Constitucional en una sentencia de 2004. Sin embargo, recalca el periodista, aún «son muchos los juristas que desconocen este tipo de pruebas. Deben ponerse al día». De momento, la UCJC ha puesto en marcha una curiosa iniciativa: a todos aquellos alumnos que se matriculen en Criminología se les obsequiará con un otograma personalizado.