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Léale a su perro, será su mejor maestro

El proyecto «Perros y Letras» cuenta con más de 27 equipos instructores repartidos en diez provincias, y ya son más de 50 centros educativos los que disfrutan de sus beneficios

  • Los niños y niñas del CEIP Ramón del Valle Inclán de Madrid, junto a Bea y Pool durante la sesión de lectura / Cipriano Pastrano
    Los niños y niñas del CEIP Ramón del Valle Inclán de Madrid, junto a Bea y Pool durante la sesión de lectura / Cipriano Pastrano

Tiempo de lectura 4 min.

01 de diciembre de 2018. 01:33h

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Marta Alberca.  1/12/2018

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Como cada martes desde que empezó el curso, Nazaret baja a la biblioteca de su colegio, el CEIP Ramón del Valle Inclán (Madrid), y se dispone a leer el libro que ha elegido esta semana. Todo va bien hasta que la palabra «cálida» aparece en el texto que lee en voz alta. De repente se queda en silencio. No sabe qué significa. Entonces, Bea la anima a que coja el diccionario y busque su definición. Unos 15 minutos más tarde, es el turno de Atenea, que tiene ganas de demostrarle a Bea cómo ha mejorado su forma de leer. Por su parte, Maikel quiere enseñarle su particular forma de aprender las letras del abecedario. Pero Bea no está sola. Pool la acompaña en esta tarea y ayuda a Enrique, Félix y Coral. Hasta aquí todo normal. Pero, ¿qué pensarían si les decimos que Bea y Pool son un labrador y un pastor alemán?

El proyecto «Perros y Letras» es el representante en España del programa R.E.A.D. que nació en Estados Unidos en 1999. Cuando Elena Domínguez, ahora presidenta de «Perros y Letras» de España, se hizo eco de este proyecto, no dudó en viajar al país americano y examinarse para ser instructora. Pero no lo hizo sola: junto a ella se evaluó Bea, su labrador. Desde entonces ambas forman uno de los 27 equipos que existen actualmente repartidos en diez provincias.

Pero, ¿por qué es efectivo este proyecto? La Universidad Complutense de Madrid estudia las mejoras en las habilidades lectoras de los niños que siguen estas sesiones desde que comenzó la actividad, y los resultados confirman su validez. «Es una “terapia” que consigue, entre otras cosas, bajar el nivel de activación de los niños porque se sienten más relajados. También hemos observado que aumenta el nivel de autoestima de los más pequeños frente a los demás y frente al propio hecho de leer. Por ejemplo, niños que antes no se atrevían a hablar en público delante de sus compañeros de clase, ahora sí lo hacen», explica la presidenta del proyecto «Perros y Letras».

Otro de los factores a destacar es la animación a la lectura que se consigue con proyectos como este, ya que «los niños lo ven como un juego o como un premio y es la mejor forma de motivarles para que se esfuercen, porque por un día ellos dejan de ser los alumnos y se transforman en “los profes” de los perros», destaca Domínguez. «A Bea le gusta que le lea y yo le hago ese favor», cuenta Nazaret, una de las seis afortunadas del CEIP Ramón del Valle Inclán que disfruta de esta experiencia. Este colegio madrileño es uno de los 50 centros educativos que tiene la suerte de contar con estos simpáticos compañeros de lectura, gracias a la financiación de la Obra Social La Caixa.

La iniciativa no solo cuenta con la empatía de los más pequeños, sino que los propios docentes de los centros muestran su gratitud: «Nosotros vemos cómo los niños que participan en este proyecto han mejorado su autoestima. Además, ellos quieren leer bien porque los perros se ponen contentos cuando no se equivocan», apunta Nuria Hernández, directora del centro. «Los resultados académicos son visibles porque, cuando ellos se sienten más seguros, leen mejor. Al final, los problemas que tienen a la hora de leer suelen estar más relacionados con la inseguridad», señala la docente.

Pero los niños no son los únicos que ganan: los propios animales se muestran muy cómodos con esta iniciativa. «Los perros tienen que ser sociables, no solo para que toleren las interacciones, sino para que las vayan buscando y disfruten del contacto con los humanos», explica Domínguez. No todos los perros pueden ser parte de los equipos R.E.A.D: no hay restricción en relación a la raza (a excepción de los potencialmente peligrosos, que son considerados como no aptos), pero todos ellos tienen que someterse junto con su dueño a un examen cada dos años. En este test se mide, entre otras cosas, su temperamento o el vínculo afectivo con su compañero. Por su parte, los instructores tienen que estar titulados en magisterio, logopedia, terapia ocupacional o estudios relacionados con la labor educativa .

Cuando Enrique se equivoca al pronunciar alguna palabra, Pool mueve las orejas. Entonces, Enrique vuelve a leerla, pero esta vez lo hace bien. Algo parecido pasa cuando Félix o Coral no comprenden el significado de una palabra y Bea mueve la pata para que busquen la definición en el diccionario. Algunos dirán que es cuestión de adiestramiento o de interacción con el dueño, pero ¿por qué no lo llamamos magia?

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