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Mariano F. Urresti: «Nuestra relación no es de amo y mascota, sino más profunda»

  • El autor junto a Duende, su perro y fiel amigo
    El autor junto a Duende, su perro y fiel amigo

Tiempo de lectura 2 min.

05 de enero de 2019. 03:27h

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Ángeles López.  5/1/2019

«Yo soy el humano que Duende, como se llama mi perro, eligió como alumno. Es un pastor blanco suizo que me imparte a diario lecciones de honestidad, honradez y sencillez que no estoy muy seguro de haber aprendido», dice emocionado el flamante ganador del Premio Jaén de Novela. «Llegó a nuestra casa –relata– tras la muerte de mi anterior compañero, Gandalf, un husky sabio. Se lo compramos a un criador respetuoso de Gijón y tiene un pedigrí de campeones. Él mismo es campeón internacional de belleza, aunque ni él ni yo nos dedicamos a eso. Simplemente, fue un juego para ambos durante un tiempo que nos hizo viajar a numerosas ciudades y varios países». El autor de «El enigma Dickens» (Almuzara) asegura que Duende le ha acompañado en los momento más felices y los más duros, «ha viajado conmigo por media Europa y por toda España en los procesos de documentación para mis libros, y creo que supo comprender siempre mis lágrimas y mis silencios, y yo los suyos». Además de él, recogió de una protectora a Benji, «un canijo de mil razas» y cree que no será el último compañero de juegos para Duende que llegue en su casa. El pastor «es extremadamente respetuoso y cariñoso. Llama la atención por su urbanidad en los hoteles o incluso en los barcos en los que ha viajado. Apenas le falta leer el periódico para ser un cliente sofisticado. Posa realmente bien en las fotografías, y es frecuente que extraños me pidan retratarse con él. Creo que hay imágenes suyas por medio mundo», cuenta emocionado el autor de una veintena de títulos. «Aunque nuestra relación no es de amo y mascota, sino más profunda, ambos sabemos respetarnos. Duende jamás se sube a la cama si no se le da permiso, ni al sofá ni a ninguna parte. Creo que la suya es un alma perruna antigua, y no quiero imaginarme mi vida sin él». El momento que no olvidará es «cómo ascendió conmigo a la fortaleza de Montségur, a pesar de que la edad ya le pesa y, con ella, la artrosis. Pero aún así, llegamos juntos al castillo y compartimos los mil sentimientos que allí afloraron». Tal es la vinculación de ambos que cuando le entregaron el Premio Jaén de Novela se lo llevó, para sorpresa de la concurrencia: «Quería que, aunque aguardara mi regreso en el hotel, estuviera presente de alguna manera, porque el libro también le pertenece. Al final, terminó viéndolo todo el mundo, y me parecía justo que estuviera en un día tan importante y todos le acariciaran y se hicieran fotos con él. Muchas escenas las imaginé cuando paseábamos juntos, y también visitó conmigo varios de los escenarios. Duende tiene realmente duende; es mágico».

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