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Llega la Navidad

El mazapán de Soto, el único que se hornea con leña de roble desde 1870

Jesús Manuel Redondo Moreno es la cuarta generación al frente de la pequeña empresa 'Viuda de Manuel Redondo'

El mazapán de Soto (La Rioja), el único que se hornea con leña de roble desde 1870 Raquel ManzanaresEFE

Desde 1870, la familia Redondo elabora de forma artesanal su mazapán, un tradicional dulce navideño hecho con almendra molida y azúcar, que logra un sabor especial tras ser horneado con leña de roble en su pequeño obrador de Soto en Cameros (La Rioja), el único que queda en la localidad.

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Jesús Manuel Redondo Moreno es la cuarta generación al frente de la pequeña empresa 'Viuda de Manuel Redondo', en la que también trabaja su hermana Marimar y Patricia López-Cerón como empleada, ha relatado a EFE mientras se afana en completar la producción para venderla en la 'Feria del mazapán' que se celebra este fin de semana.

Juan de Dios Redondo Tejada, el bisabuelo de Jesús Manuel y Marimar, se inició como confitero a finales del siglo XIX, cuando la población de Soto en Cameros contaba con unos 1.200 habitantes, frente a los 84 vecinos censados actualmente.

Tras pasar por sus abuelos, tíos y sus padres, la empresa familiar ha llegado hasta estos dos hermanos, quienes tienen otra actividad laboral, como sus hijos, por lo que no creen que haya un relevo generacional.

A pesar de ser un producto estacional, el mazapán de Soto está considerado el dulce más típico de la repostería riojana y, en el siglo pasado, funcionaron hasta cinco fábricas en este pintoresco pueblo empedrado del Camero Viejo y alguna más en Logroño, situado a 26 kilómetros.

Con mucho cariño y un profundo respeto por preservar la tradición, esta empresa elabora unos 2.200 kilos de mazapanes anuales, pero solo produce este dulce en los meses de noviembre y diciembre.

El proceso de elaboración se prolonga durante cuatro días y, en su receta, emplean azúcar nacional y almendras procedentes de localidades del valle del Ebro.

A estos dos ingredientes se añaden agua y aroma de limón, se trituran en una fina masa, se dejan reposar 24 horas y, tras moldear las bolas de mazapán, se montan en bandejas sobre obleas y se doran en un horno de leña, que aporta un sabor especial a estos dulces, glaseados por encima como toque final.

"Supone más trabajo usar un horno tradicional, somos los únicos que lo hacemos, pero el producto no está tan industrializado y la leña proporciona un gusto diferente", ha explicado.

Aunque "comparten" nombre con el mazapán de Toledo, "el apellido lo cambia todo", ha precisado, ya que el manchego es más seco, tiene un 11 por ciento de humedad y el proceso de elaboración es "completamente diferente" al riojano, que es mucho más jugoso.

Aparte de tener un 16 % de humedad, el mazapán de Soto lleva siempre una base de oblea, un ingrediente que otros fabricantes ya no utilizan para que estos dulces puedan ser degustados por celiacos.

Para sus clientes más golosos, también elaboran 'Delicias de Soto', que son los mazapanes bañados en chocolate y que, como los tradicionales, solo se comercializan en tiendas pequeñas y durante los últimos meses del año.

Envasados en bolsas individuales, muchos clientes congelan los mazapanes para comerlos durante todo el año y algunos deportistas los consumen como "barritas energéticas".

Hasta este pequeño obrador llegó de visita "sorpresa" en 2017 Almudena Grandes, cuyo bisabuelo Moisés procedía de Soto, por lo que la escritora madrileña quiso rendirle un pequeño homenaje al incluir en su libro 'Inés y la alegría' la alusión a un postre que llamaba 'orejas de Soto', según la receta de sus propias tías, ha recordado Redondo.