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La peligrosa vida de los animales en una isla

Ocho de cada diez especies extinguidas vivían en islas, según un estudio que analiza el comportamiento de las especies invasoras

  • La iguana de Ricord, nativa de la Isla Cabritos, República Dominicana, una de las especies en estado crítico de extinción
    La iguana de Ricord, nativa de la Isla Cabritos, República Dominicana, una de las especies en estado crítico de extinción
Madrid.

Tiempo de lectura 4 min.

06 de septiembre de 2016. 06:58h

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Ernesto Villar Madrid. 6/9/2016

Vivir en una isla tiene sus ventajas -muchas- pero también sus inconvenientes. Que se lo digan a todas aquellas civilizaciones que han visto cómo su pacífica existencia sucumbía ante invasiones de otros pueblos que, de un plumazo, borraban cualquier rastro de su anterior forma de vida. Esto es así para las personas, pero, por supuesto, también para los animales.

Este es el llamativo enfoque de un estudio que ha analizado hasta qué punto el “efecto insular” influye en el futuro de una especie. Y lo hace en gran medida: ocho de cada diez especies que se extinguen en el planeta, y el 40 por ciento de las especies incluidas en la Lista Roja de Especies Amenazadas de la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (IUCN) viven en islas.

El motivo es, como se ha apuntado, la llegada de especies invasoras, por distintas vías, que pueden llegar a tener un efecto letal en la población autóctona.

El estudio, publicado en la revista Nature Communications y recogido por Scientific American, analiza la situación de 1.200 especies amenazadas o ya extinguidas, que viven en un millar de islas de todo el mundo.

Para diezmar estas poblaciones o acabar por completo con ellas fueron suficientes unos pocos mamíferos invasores, con especial presencia de roedores, felinos y puercos.

La vulnerabilidad de estas poblaciones isleñas se debe, en gran medida, a que en muchas ocasiones no tienen sus propios mamíferos nativos, con lo que especies autóctonas de aves, plantas e insectos no han desarrollado mecanismos de defensa contra ellos. En consecuencia, los depredadores que entran en estos hábitats encuentran una “autopista” sin peaje alguno para acabar con los ejemplares nativos.

La autora principal del estudio, la bióloga Erin McCreless, de la Universidad de California, Santa Cruz, aseguró a Scientific American que partieron de la base de que les faltaban datos fundamentales para combatir a estos depredadores, ya que actúan con patrones distintos dependiendo del entorno.

Así, influían factores como la temperatura del lugar, el tamaño del territorio e incluso la presencia humana. Por ello, diseñaron un modelo para predecir de forma cuantitativa el riesgo que enfrenta cada especie nativa frente a un invasor específico, tomando en cuenta las diversas variables de cada isla.

“Esto nos permite decidir dónde y cómo enfocar mejor nuestros recursos para alcanzar más eficazmente nuestros objetivos de conservación. Es importante, porque nuestros recursos son siempre limitados”, explica McCreless.

Conclusión: por ejemplo, en las islas pequeñas y áridas los esfuerzos hay que centrarlos en los roedores. En las islas más grandes y húmedas, en los otros tipos de depredadores.

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