Sociedad

Niños y pantallas: cómo afecta el exceso de dispositivos al sueño y la conducta

Abordar este fenómeno será una de las prioridades en los próximos años para familias, escuelas y profesionales de la salud

Niños y pantallas: cómo afecta el exceso de dispositivos al sueño y la conducta
Niños y pantallas: cómo afecta el exceso de dispositivos al sueño y la conductaistock

El uso de teléfonos móviles, tabletas, televisores y videojuegos forma parte de la rutina diaria de la mayoría de los niños. Sin embargo, expertos en desarrollo infantil y salud pública advierten que la exposición prolongada a pantallas está teniendo un impacto creciente en el sueño, la conducta y el bienestar emocional de los menores.

Diversos estudios coinciden en que los niños pasan hoy más horas frente a dispositivos que hace una década, impulsados por el acceso temprano a la tecnología, el entretenimiento digital y las tareas escolares que requieren conexión. Para muchos padres, limitar estas horas se ha convertido en un desafío.

Menos horas de sueño y peor calidad de descanso

Uno de los efectos más señalados por los investigadores es la alteración del sueño. La luz azul emitida por las pantallas retrasaría la liberación de melatonina, hormona asociada al sueño, lo que puede dificultar que los niños se duerman a la hora habitual. Además, el hábito de usar dispositivos justo antes de acostarse o incluso dentro de la cama prolonga la vigilia y reduce las horas totales de descanso.

Los especialistas subrayan que este patrón no solo se traduce en noches más cortas, sino también en un sueño menos profundo. Esto provoca que muchos niños se despierten cansados, con dificultades para concentrarse en clase y más irritables durante el día.

Cambios en la conducta y el estado emocional

El exceso de pantallas también se ha relacionado con alteraciones en el comportamiento. Maestros y psicólogos han observado un aumento en la impulsividad, la inquietud y las dificultades para mantener la atención prolongada, especialmente en los menores que pasan más tiempo conectados.

Además, algunos estudios apuntan a que el consumo continuo de estímulos digitales rápidos puede hacer que los niños se frustren con más facilidad cuando se enfrentan a actividades que requieren paciencia o esfuerzo sostenido, como la lectura o los deberes escolares.

En el plano emocional, la exposición constante a contenidos intensos —videojuegos, videos de ritmo acelerado o redes sociales— puede influir en el nivel de estrés o ansiedad de los más pequeños. Aunque no todos los niños reaccionan igual, los expertos recuerdan que una parte importante de su desarrollo se basa en la interacción con otras personas y en actividades que no impliquen pantallas.

Más allá del ocio: un desafío para las familias

Para muchas familias, equilibrar el uso de dispositivos se ha convertido en una tarea compleja. La tecnología es parte esencial de la vida cotidiana y también una herramienta educativa. Sin embargo, el riesgo surge cuando el ocio digital desplaza actividades fundamentales como el juego al aire libre, la lectura o el descanso.

Los profesionales señalan que el reto no consiste en eliminar la tecnología, sino en promover un uso moderado y adaptado a la edad. La presencia de pantallas durante las comidas, los desplazamientos o antes de dormir está entre los hábitos que más preocupan.

El debate que sigue abierto

Mientras el acceso a la tecnología continúa ampliándose, el debate sobre cómo afecta a los niños se mantiene vigente. Los expertos coinciden en que comprender el impacto del uso excesivo de dispositivos es clave para proteger el bienestar infantil.

Las pantallas, en exceso, pueden alterar el sueño y la conducta de los menores, y abordar este fenómeno será una de las prioridades en los próximos años para familias, escuelas y profesionales de la salud.