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«Pido de rodillas que me manden una foto de mi hija»

Tiempo de lectura 4 min.

02 de marzo de 2016. 00:48h

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2/3/2016

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Es uno de esos 132 padres que sufrieron el pasado año el secuestro parental. Ocurrió el pasado 15 de diciembre, en el aeropuerto de Guayaquil (Ecuador). Teléfono en mano, Juan José Torrejón, de 46 años, llamaba a su pareja, Patricia. Eran las 11:30 y a las 13:45 salió su vuelo de regreso a España. «No voy, me quedo aquí, me quedo con la niña», le dijo. «El aeropuerto se me cayó encima», confiesa a LA RAZÓN. Puso una denuncia en las dependencias policiales que se encontraban en el mismo recinto. Allí un fiscal le recomendó que regresara a España. La hora del vuelo se acercaba. «Pensé en quedarme, pero, ¿a dónde podía ir sin dinero? A la familia de ella no podía acudir, vi cosas poco claras en esa familia. Ni a mi mayor enemigo le deseo lo que pasé durante el trayecto entre Guayaquil y Madrid», recuerda. Una vez que llegó al Aeropuerto de Barajas puso también una denuncia. Sin embargo, fue archivada. También acudió a los juzgados de Plaza de Castilla, «pero no me dijeron dónde me tenía que dirigir». La Fiscalía de Menores de Sevilla tampoco le sirvió de ayuda. Finalmente, ha dejado su caso en manos de la asociación de abogados Clamís.

Juan José trabaja de vigilante de seguridad en la provincia de Sevilla. Tras divorciarse de su anterior pareja, conoció a Patricia, de 44 años, con la que llevaba tres años conviviendo. Fruto de su relación nació una niña que ahora tiene 19 meses. No se casaron e inscribieron a la menor en el juzgado un día después de su nacimiento. «Nunca habíamos tenido ningún problema. Vivíamos de alquiler y, a base de préstamos, construimos un chalet... Todo iba muy bien», cuenta. La familia de Patricia les invitó a ir a Ecuador y les compraron los billetes, porque «nosotros no nos lo podíamos permitir». Fue el 1 de diciembre y, 15 días después, el día en que debían regresar a España, Patricia se fue con su hija a comprarle unos zapatos. No las ha vuelto a ver desde entonces.

Ahora «no paro de insistir para que me pase fotografías de mi hija, que me manden vídeos... Me pongo de rodillas y clamó al cielo. Cuando le viene bien, me la manda». ¿Y qué excusa da su ex pareja para no regresar? «Que aquí en España no tenía trabajo, que estaba sola y que tenía poca relación con la gente, y que con su familia está muy bien ahora. Ella llegó a España hace 16 años, pero ahora su familia es solvente, tiene un nivel medio-alto. Lo estoy pasando muy mal. Si me dijeran que se queda con mi hija en cualquier ciudad española, firmaba ya. Poder coger un coche, cogerla en brazos...».

Lo peor es la incertidumbre:¿estará bien su hija? Ecuador no es un país que le ofrezca garantías. «No me gustan las condiciones en las que vive mi hija. Allí no hay seguridad social, la educación tampoco es buena...», comenta. Sin olvidar amenazas como la del virus zika, donde se han registado ya más de 50 casos en el país. «No soy sólo yo el que sufro. Están mis otros hijos, que tienen 23 y 24 años, sus primos, mis padres... Esto también repercute en ellos», concluye Juan José.

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